Smack Dab: el jazz que no desiste

Texto: Adrián Besada /Fotografías: José Luis Luna

Una de las cosas más fascinantes del jazz es que se reinventa continuamente, desprende una fuerza que va más allá del tempo y el pulso, lo musical termina por transformarse en una espiral de energía. Smack Dab es uno de esos grupos que entienden el jazz como un estallido de creatividad y fuerza. Su premisa es la de tocar música propia, poniendo el acento sobre la improvisación y libertad creativa. La joven banda catalana, conformada por Oriol Vallès a la trompeta, Joan Casares a la batería, Lluc Casares al saxo, Jöel González al piano y Pau Sala al contrabajo, ya cuenta con siete años de recorrido y ha actuado en el Festival Mas I Mas, Festival Jazz Terrassa, Festival dEmergències Musicals de Banyoles o el Música als Parcs, entre otros. Además, estuvieron en Nueva York en dos ocasiones tocando en compañía del maestro saxofonista Vincent Herring

Con motivo de su última actuación en Jazz Eñe 2021, organizado por la Fundación SGAE y enmarcado en el Festival de jazz de San Sebastián JAZZALDIA, desde más JAZZ hemos hablado con ellos sobre su forma de entender el jazz y la trayectoria pasada y futura de la banda.

¿Cuál es vuestra historia, cómo surge Smack Dab?

Se puede decir que la historia del grupo es la historia de nuestra relación. Me refiero a que somos compañeros desde hace muchos años, desde que empezamos juntos en la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC). La banda surgió a raíz de un proyecto dentro de la propia escuela, aunque cuando lo planteamos, cada uno nos encontrábamos en sitios diferentes. Cuando hablábamos lo teníamos claro, queríamos hacer algo juntos y nos pusimos a escribir temas, a componer nuestra música. Entonces, cuando finalmente nos juntamos ya teníamos un repertorio propio, que se transformó en nuestro proyecto final (que les valió la matrícula de honor. NDR), un proyecto que grabamos y que resultó ser justo lo que queríamos. A partir de ahí lo teníamos claro, continuamos componiendo y tocando y aquí estamos, siete años después.

Las influencias siempre están ahí, de hecho recuerdan a proyectos como el de Roy Hargrove o  de Wynton Marsalis, pero supongo que vosotros tenéis una idea concreta de lo que queréis hacer, de cómo queréis sonar o quién queréis ser como grupo.

Realmente, el punto de partida de la banda, como inspiración, fueron los Jazz Messengers de Art Blakey. A partir de ahí fue tomando forma, ya no tanto a un nivel de estilo, sino de experiencias, de viajes, de compartir escenario con grandes músicos. Me gusta que me digas esto de Roy Hargrove, porque realmente algunos de los miembros del grupo lo han conocido y han tocado con él cuando vivían y estudiaban en Nueva York. Entonces, como te decía, hemos recopilado experiencias que vamos incorporando a nuestra propia personalidad.

No buscamos sonar a alguien o pensamos en la música de alguien cuando componemos, es algo muy orgánico, cuando nos sentamos a escribir es lo que sale y creo que es algo muy personal, pero obviamente, es un elogio que nos digas que tenemos tintes de gente como Roy, porque es una gran influencia, es alguien a quien admiramos y que nos inspira no solo musicalmente, sino también para seguir haciendo música a pesar de todo, del Covid, de que haya más o menos bolos, etc.

¿Cómo es vuestro proceso de elegir temas o componer?

Tocamos música de todos los componentes del grupo alguna vez. En nuestros discos hay música de todos. Algún tema más de nosotros dos (Joan y Oriol) y de Lluc, pero en el último disco también hay un tema de Joel, el pianista. Es algo bastante abierto. Como todos entendemos la música de una forma similar, cuando traemos composiciones nuevas, generalmente, nos gustan a todos, y son bastante buenas, conseguimos encontrar el sonido que queremos. Llevamos trabajando de esta forma los siete años.

¿Durante estos siete años ha cambiado la formación, sois un grupo itinerante o intentáis ser siempre los mismos componentes?

Es una banda que ha mantenido a sus miembros desde el principio, es un proyecto de todos. Esto quizá sea algo raro también dentro del mundo del jazz actual, el hecho de mantener una banda fija durante tanto tiempo. Es difícil encontrar bandas así.

Por otro lado, sí es cierto que Joel, el pianista vive al otro lado del atlántico, entonces, cuando él no está tenemos el placer de que lo sustituya algún maestro del piano como Xavi Torres, con quién disfrutamos mucho tocando, pero la banda es esta y nos gustaría mantener la formación original lo máximo posible.

La idea del grupo es de quinteto, aun así, excepto en el último disco, hemos tenido colaboraciones en todos los álbumes: Jesse Davis, Hugo Astudillo, Perico Sambeat, nuestro querido Toni Belenguer, entre otros.

¿Cómo veis una propuesta como la vuestra dentro del panorama nacional, cómo os veis a vosotros mismos?

Realmente creo que es un grupo particular, realmente. Estamos enfocados en un tipo de jazz, de tradición o como quieras llamarlo, pero a veces nos da pena sentirnos un poco malentendidos, porque parece que por venir de esta música tienes la vista muy en el pasado, y eso no es así. Nosotros hacemos música de ahora, componemos a partir de influencias actuales y pasadas, pero hacemos nuestra música, está viva y pertenece a este momento. Por otro lado, es normal que surjan las fusiones, que es lo que está un poco en primer plano, el jazz flamenco, latino o cualquier variante, son todas propuestas muy buenas, pero claro, hace que proyectos como el nuestro se vean como extraños, ya que es un tipo de jazz que se sitúa más en otro contexto geográfico y temporal, por decirlo de alguna manera.

¿Creéis que es diferente la escena en Cataluña que en otros puntos de la península?

Sí, es diferente en cada sitio. En parte por las escuelas y por el círculo de músicos. Por ejemplo, aquí en el País Vasco está Musikene y eso diferencia la forma de hacer de lo que puede haber en Barcelona o en Madrid. Aunque sí es cierto que no se puede hablar de diferencias muy grandes, cuando viajas y tocas fuera te das cuenta de que las escenas van cambiando. La de Barcelona es una escena muy rica, pero también la de Madrid, así como la de Galicia o Valencia, que es una pasada. También en Andalucía empieza a haber una red enorme de jazz… Sea como sea, sí es cierto que hay unos focos y es difícil hablar de homogeneidad en cuanto al jazz en España. Que haya diversidad es algo muy positivo, pero se echa de menos que haya una red a través de la cual los músicos de un sitio tuvieran facilidades para tocar en otro y viceversa, que fuese más fácil compartir, conocerse y tocar con gente de cualquier lugar, en este sentido la oferta es muy limitada.

También está el asunto de que es muy difícil encontrar ayuda institucional para llevar a cabo proyectos dentro del jazz, no solo en cuanto a grupos o músicos, que haya festivales muchas veces parece un milagro, hay muy pocas ayudas, ya sean públicas o privadas. Esto refleja muchas cosas, en primer lugar que quizás no sea una música que se tome del todo en serio o que no interesa demasiado, en segundo lugar, que los músicos tenemos que hacer un doble trabajo, el de ser músicos y el de hacer que el jazz se convierta en algo inteligible, de hacer que sea algo visible y que se nos tome con la seriedad que merece. En cierto modo, hay que cambiar el imaginario colectivo en cuanto a lo que es y qué supone el jazz.

¿Cómo se podría mejorar esta situación?

Se trata de una cuestión de balance, de que haya un cierto reconocimiento, que se valore el trabajo del músico y que también la gente tenga acceso a esta música. Esto es algo que no está muy contemplado desde los ojos de la administración, actualmente la escena del jazz está restringida a festivales concretos. En Barcelona, por ejemplo, hay muchos clubes pero en casi ninguno se puede hacer música por problemas de legislación, esto pasa también con ciclos pequeños, conciertos puntuales, etc. Esto no pasa solo en Barcelona, sino que es un problema endémico de todo el país. No se trata de que sea como en Estados Unidos, donde hay un club en cada esquina y el jazz forma parte de su identidad, pero sí de un cierto respeto no solo hacia el jazz, sino hacia la música en general.

¿Entonces no hay un circuito de salas y una escena consolidada en Barcelona?

Sí que hay una escena muy potente, pero como te decía, el tema de la música en directo es diferente, está sobrelegislada. Es muy difícil hacer algo porque hay muchas prohibiciones, a lo que se suman quejas de vecinos por la música y muchas otras cosas. No hay esa posibilidad que hay en otros muchos países de comenzar un proyecto en un local, de hacerlo funcionar y demás, aquí te encuentras con muchas barreras, además en general no hay interés por esto.

El jazz es una música cercana y emocional, que se hace en clubes pequeños, en locales y salas, pero aquí es muy difícil de escuchar este fuera de esos cuatro festivales y auditorios que están restringidos para la mayoría de músicos, de esta forma sí es posible ver a grandes músicos nacionales e internacionales, pero estás acabando con una parte natural y fundamental del jazz.

Para terminar, ¿tenéis en mente algo nuevo, darle un giro al grupo o alguna cosa especial?

Intentamos hacer cosas diferentes en cada disco, tenemos temas grabados con Hugo Astudillo en el que hay algo de hip hop, y buscamos ser originales en ese sentido, pero nos gusta lo que hacemos y no pensamos en un cambio estilístico como tal. Lo que sí hemos hecho y repetiremos pronto es tocar los arreglos del grupo con una big band.

 

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