Entrevista: Andrea Andrea Motis y Amy Winehouse, inmediatez, imitación e intimidad

En la tarde del domingo 23 de noviembre se llenó el Teatro Fernán Gómez de Madrid para presenciar un tributo musical a Amy Winehouse protagonizado por la cantante y trompetista Andrea Motis junto al coro Barcelona Gospel Messengers dirigido por Ramón Escalé.

Texto: David Álvarez

@daviz.alvarez

Fotos: Darío Bravo (entrevista) y Violeta Salvador (directo)

@dariobravo.es y @violetasavior

Sé que han pasado casi tres meses desde ese concierto organizado por el Festival de Jazz de Madrid, pero a veces la vida te sobrepasa y hay que romper con la costumbre de la inmediatez. Para algunos, una crónica o una entrevista 48 horas después de tener lugar el evento ya parece que llega demasiado tarde. A veces la reflexión no llega rápido. Uno de los males de la crítica musical actualmente, aún peor que el conformismo, es el ansia por la inmediatez, por opinar cuando algo todavía es trending topic. Muchas semanas después, puedo decir que disfruté el concierto esa noche, pero más he disfrutado recordando, escribiendo y “desescribiendo”. Para que esto sea posible también necesitas rodearte de gente paciente.

    El concepto To Amy nació también luchando contra la inmediatez. Hace una década, con la cantante británica ya muerta, Andrea Motis empezó a escuchar su discografía y conmoverse con ella. En 2024 Andrea estaba ensayando con los Barcelona Gospel Messengers para un homenaje a Earth, Wind & Fire y el baterista Andreu Moreno empezó a tocar un ritmo que a ella le pareció “Back to Black” de Winehouse. Un tarareo abrió la veda para que empezara a pensar en serio en este concierto tributo. Lo sorprendente es que cuando nació To Amy y se compartió por primera vez con el público en Barcelona y Madrid, no había ningún tipo de efemérides que celebrar: ni hacía una década de su muerte, ni coincidía con el número redondo del aniversario de Back to black, ni nada reseñable en la cronología. Las agendas bien nutridas de conciertos de Motis y Barcelona Gospel Messengers hacen que To Amy esté siendo un proyecto que rompe el marco temporal más común, ya que después de debutar en el otoño de 2025 y desaparecer, volverá a surgir el próximo 21 de febrero en el Auditori de Girona. Incluso, tienen programada ya otra fecha en el Palau de la Música Catalana el domingo 28 de junio. Entre fecha y fecha, tanto la trompetista como el coro góspel siguen sus caminos por separado.

Los ingredientes básicos de la propuesta podrían dislocar a la ortodoxia del jazz, pero hay que reconocer que generan un horizonte amplio que atrae a diversos públicos. Una artista consagrada en la escena jazz como Motis tocando en la programación de un festival puntero. Un coro góspel del que diría que nadie se esperaba que hiciera música góspel como tal pero que llegó a atraer a alguna gente de la escena de este género. Un homenaje a Amy Winehouse, quien generalmente no es etiquetada por la mayoría en la categoría del jazz sino en las del soul, rhythm and blues y pop.

El concierto que presencié en Madrid en noviembre me tenía intrigado desde semanas antes. ¿Iba Andrea Motis a “imitar” a Amy? ¿Cómo lo iban a enfocar con un coro? Después de cinco minutos de cortesía, la voz en off del Teatro Fernán Gómez anunciaba que iba a dar comienzo. Entraron en escena Barcelona Gospel Messengers. Junto a ellos su director y mente musical, Ramón Escalé, uno de los pioneros del góspel en Cataluña. Es también un sabio en los terrenos del jazz, un hombre sin miedo a mezclar músicas y lanzarse a la aventura. Una docena de cantantes empezaron con “More Than I Can Bear” de Kirk Franklin sin acompañamiento. Toda una sorpresa que empezaran con un clásico del góspel de la década de 1990 que habla sobre cómo superar los obstáculos. Según terminaron empezaron los primeros acordes de “A Song For You” de Leon Russell y ahí mi mente se preguntó por un momento hacia qué dirección iba a ir el concierto. Cinco segundos después me vinieron a la mente los versos «There’s nothing you can teach me that I can’t learn from Mr. Hathaway» de “Rehab” de Amy. He de confesar que si pienso en “A Song For You” a mí se me aparece directamente Donny Hathaway, solamente él y no cualquier otro intérprete del clásico. Ramón Escalé dirigía desde el piano mientras que Motis salió cantando llevando su trompeta. Un deleite los arreglos del coro en el estribillo y los contrapuntos que iban apareciendo poco a poco.

A la tercera ya apareció el catálogo de Amy Winehouse como tal. “Tears Dry On Their Own” con una dosis alta de guitarra y quizá un coro malgastado para dar protagonismo a Andrea y la banda. Y por fin a la cuarta canción, sonó la trompeta. Los primeros acordes de “Just Friends”, una canción de Winehouse que le produjo uno de sus grandes aliados, Salaam Remi, donde se habla de lo delgado de la línea entre el amor carnal y la amistad. A estas alturas ya tenía claro que Andrea no pretendía imitar a Amy como si de una banda tributo —de las malas— se tratase, sino como una copia activa, una interpretación de esas que los griegos antiguos llamaban “dionisiacas”, de las que imitan enriqueciendo el producto resultante. Para llevar a cabo “To Know Him Is To Love Him” de Phil Spector y The Teddy Bears, se sumaron a Andrea dos de los cantantes de Messengers, Javi Río y Anna Cartoixà, recreando un sonido que estaba más cerca del sonido girl group cincuentero que de la versión que hizo Amy Winehouse. Las voces, Martí Serra al saxofón y Ramón en el órgano fabricaron un colchón extraordinario.

Aumentó la luz en el escenario. “You Sent Me Flying” del primer álbum de Winehouse terminó con unas dosis de ritmo buenas y con Andrea a la trompeta seriamente. Hasta ese momento, creo que había mucho de la vocalista y poco de la trompetista, poco jazz canónico. Pero se resarcieron cuando Andrea y Martí Serra pasaron a “Body And Soul”. Esta canción nació sin grandes pretensiones para la actriz y cantante londinense Gertrude Lawrence en 1930 y ha pasado después por el filtro de Louis Armstrong, Coleman Hawkins, Sinatra o la propia Amy Winehouse junto a Tony Bennett. Fue la última canción que la británica hizo en su vida en marzo de 2011. Conexiones simbólicas por todos lados: una base en el jazz compartida por Andrea y Amy, una especie de testamento musical muy propicio para un tributo, una letra que resume muchas de las tribulaciones físicas y emocionales de Winehouse… Ramón Escalé, que hizo de maestro de ceremonias casi todo el concierto, pidió que el público cambiara un poco el ambiente dando palmas en “You Know I’m No Good”, la cosa no funcionó del todo bien por parte de los asistentes. La trompeta de Andrea, los arreglos corales y el órgano volvieron a salvar nuevamente todo.

Antes de terminar el concierto aún quedaban “Half Time”, una rareza temprana de Winehouse que vio la luz póstumamente, y el que para mí fue uno de los momentos clave: Andrea Motis rodeada de Barcelona Gospel Messengers interpretando “Someone To Watch Over Me” de los Gershwin. Amy también grabó este estándar. Por mí, ya me podía ir a casa contento, pero faltaban algunos éxitos que la mayoría estaban esperando. Llegando al final apareció “Valerie”, originalmente de The Zutons pero convertida en un hit internacional por Amy Winehouse y Mark Ronson. Con los primeros acordes de “Back To Black” y “Rehab” no hizo falta pedir al público que se animara con las palmas, incluso sonaba un coro que acompañaba a los que estaban sobre el escenario. Con todo finiquitado, antes de irnos volvió a sonar “You Sent Me Flying”.

En perspectiva: una mezcla entre lo vulgar de algunas de las letras de Winehouse, lo trascendente y hasta lo humorístico en forma de música de la vieja escuela, de la que tira de los analógico y conoce lo que está compartiendo con su público. Pocas propuestas tienen una transversalidad y calidad musical como To Amy en el panorama actual. Además, se agradece que durante el concierto tanto Andrea como Ramón dialogaran con el público y contasen algunas historias sobre cómo se forjó todo. Salieron a relucir desde el papel del técnico de sonido, David Casamitjana, en el nacimiento del proyecto hasta los trastornos alimenticios de Andrea que hicieron que pasara malos momentos en la adolescencia, esa época en la que se refugió en la música de Amy.

Hacer sobre un escenario confesiones que implican abrirte en canal no debe ser fácil. Esto me ha llevado a plantearme algunos asuntos en torno a la intimidad, a la exposición mediática del artista. Amy Winehouse mostró su intimidad, ganó crédito artístico con mostrando todo de su vida y siendo franca con sus canciones —de hecho su álbum debut, Frank (2003), se tituló así en homenaje a Sinatra, pero también como muestra de su franqueza y exposición a través de la música que ofrecía— y terminó siendo una víctima porque hubo gente que no supo entender los límites. Mostrarte cuando quieres y como quieres no implica que estés obligado a seguir haciéndolo siempre.

Para poder conocer más sobre Andrea Motis, la noche previa al concierto en Madrid tuve la oportunidad de reunirme con ella. Por si a estas alturas algún lector no sabe de dónde viene y hacia dónde va, la artista barcelonesa de solamente treinta años es ya uno de los referentes del jazz europeo. De la mano de Joan Chamorro empezó a saltar al escenario y nutrirse del jazz clásico. Cuando se habla de ella suele salir a relucir la etiqueta de “niña prodigio”. Llegó a estudiar trompeta porque era un instrumento con poca demanda en la escuela. También pesó en la decisión algunas inclinaciones familiares. Empezó a cantar como solista porque nadie quería hacerlo. Parece como que las casualidades la fueron poniendo en un camino concreto. Tras hablar con ella me quedó claro que sí, se deja fluir en lo que va ocurriendo, pero también va caminando en direcciones a propósito y sobre todo, lo más importante, camina sin detenerse.

Durante nuestra conversación llegamos a la conclusión de lo importante que es la música que escuchas en la infancia y adolescencia para determinar tus gustos, tus maneras de interpretar otras músicas incluso de manera inconsciente y hasta cuando intentas se intenta reprimir termina saliendo por los poros de la piel. Ya puestos, hablamos de otros placeres inconfesables para otros músicos de la escena jazz, y es que en su adolescencia también escuchaba mucho a Shakira. Sí, mucho swing, mucho bebop, pero también Shakira. Un paisaje sonoro variado que se refleja en la variedad de cada uno de sus conciertos y discos. Pasamos de la artista colombiana a Quincy Jones con total naturalidad. Un mito que escuchó en ella a referentes del jazz como Harry “Sweets” Edison, Billie Holiday y Johnny Hodges. Otro de sus modelos es Ingrid Jensen, la trompetista candiense que le abrió un mundo nuevo al ver que una mujer pegada a una trompeta podía llegar a cosas grandes. Nos entretuvimos también comentando a la gente del “museo del jazz”, esos que a veces no entienden que es gustoso romper el molde y respirar libremente.

También quería saber más sobre la gestación de To Amy. Winehouse siempre me ha parecido que sufre una especie de “esquizofonía”, no era la misma Amy la que sonaba en las grabaciones de estudio que la que se vivió en los directos durante los años álgidos de su carrera, pero ambos casos eran atractivos de diferentes maneras. Andrea me confesó que aunque toma el repertorio tal y como está en las grabaciones de estudio, la Amy que más disfruta es la de algunas grabaciones en directo, especialmente en formato acústico. Andrea hace unos años entendía muchas de las cosas de las que cantaba Winehouse, pero entre la barrera lingüística y que según ella me dijo “le falta calle”, con lo que conectó no fue tanto con la parte conceptual, sino con el hecho de que sentía que hablaban en el mismo idioma. Tanto Winehouse como Motis se criaron escuchando jazz y eso sobrepasaba a las palabras propiamente. Las dos comparten además una manera similar de estar en el escenario: dejarse llevar, vivir el presente de la interpretación, luchar contra la vulnerabilidad que uno siente al subirse al escenario y estar expuesto ante el público.

Yo pensando en eso de la intimidad, el compartir tu vida con el fandom, pensé que iba a ser la línea que iba a seguir su próximo proyecto discográfico, Intimate (Elemental Records, 2026), que estará disponible en el mercado a partir del 24 de febrero. Pero ya me aclaró ella misma que no van por ahí los tiros, nada de composiciones descarnadas sobre sus padeceres y triunfos, sino un formato íntimo junto a las guitarras de Josep Traver y Jurandir da Silva en el que también hay referencias al repertorio de Amy Winehouse. No hay en el proyecto un discurso elaborado, no hay un concepto sofisticado. Alabo que sea capaz mantener la belleza de las cosas simples en un tiempo donde a veces nos pueden los barroquismos.

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