En la tarde del domingo 23 de noviembre se llenó el Teatro Fernán Gómez de Madrid para presenciar un tributo musical a Amy Winehouse protagonizado por la cantante y trompetista Andrea Motis junto al coro Barcelona Gospel Messengers dirigido por Ramón Escalé.
Fotos: Darío Bravo (entrevista) y Violeta Salvador (directo)
@dariobravo.es y @violetasavior
Sé que han pasado casi tres meses desde ese concierto organizado por el Festival de Jazz de Madrid, pero a veces la vida te sobrepasa y hay que romper con la costumbre de la inmediatez. Para algunos, una crónica o una entrevista 48 horas después de tener lugar el evento ya parece que llega demasiado tarde. A veces la reflexión no llega rápido. Uno de los males de la crítica musical actualmente, aún peor que el conformismo, es el ansia por la inmediatez, por opinar cuando algo todavía es trending topic. Muchas semanas después, puedo decir que disfruté el concierto esa noche, pero más he disfrutado recordando, escribiendo y “desescribiendo”. Para que esto sea posible también necesitas rodearte de gente paciente.

Los ingredientes básicos de la propuesta podrían dislocar a la ortodoxia del jazz, pero hay que reconocer que generan un horizonte amplio que atrae a diversos públicos. Una artista consagrada en la escena jazz como Motis tocando en la programación de un festival puntero. Un coro góspel del que diría que nadie se esperaba que hiciera música góspel como tal pero que llegó a atraer a alguna gente de la escena de este género. Un homenaje a Amy Winehouse, quien generalmente no es etiquetada por la mayoría en la categoría del jazz sino en las del soul, rhythm and blues y pop.
El concierto que presencié en Madrid en noviembre me tenía intrigado desde semanas antes. ¿Iba Andrea Motis a “imitar” a Amy? ¿Cómo lo iban a enfocar con un coro? Después de cinco minutos de cortesía, la voz en off del Teatro Fernán Gómez anunciaba que iba a dar comienzo. Entraron en escena Barcelona Gospel Messengers. Junto a ellos su director y mente musical, Ramón Escalé, uno de los pioneros del góspel en Cataluña. Es también un sabio en los terrenos del jazz, un hombre sin miedo a mezclar músicas y lanzarse a la aventura. Una docena de cantantes empezaron con “More Than I Can Bear” de Kirk Franklin sin acompañamiento. Toda una sorpresa que empezaran con un clásico del góspel de la década de 1990 que habla sobre cómo superar los obstáculos. Según terminaron empezaron los primeros acordes de “A Song For You” de Leon Russell y ahí mi mente se preguntó por un momento hacia qué dirección iba a ir el concierto. Cinco segundos después me vinieron a la mente los versos «There’s nothing you can teach me that I can’t learn from Mr. Hathaway» de “Rehab” de Amy. He de confesar que si pienso en “A Song For You” a mí se me aparece directamente Donny Hathaway, solamente él y no cualquier otro intérprete del clásico. Ramón Escalé dirigía desde el piano mientras que Motis salió cantando llevando su trompeta. Un deleite los arreglos del coro en el estribillo y los contrapuntos que iban apareciendo poco a poco.
A la tercera ya apareció el catálogo de Amy Winehouse como tal. “Tears Dry On Their Own” con una dosis alta de guitarra y quizá un coro malgastado para dar protagonismo a Andrea y la banda. Y por fin a la cuarta canción, sonó la trompeta. Los primeros acordes de “Just Friends”, una canción de Winehouse que le produjo uno de sus grandes aliados, Salaam Remi, donde se habla de lo delgado de la línea entre el amor carnal y la amistad. A estas alturas ya tenía claro que Andrea no pretendía imitar a Amy como si de una banda tributo —de las malas— se tratase, sino como una copia activa, una interpretación de esas que los griegos antiguos llamaban “dionisiacas”, de las que imitan enriqueciendo el producto resultante. Para llevar a cabo “To Know Him Is To Love Him” de Phil Spector y The Teddy Bears, se sumaron a Andrea dos de los cantantes de Messengers, Javi Río y Anna Cartoixà, recreando un sonido que estaba más cerca del sonido girl group cincuentero que de la versión que hizo Amy Winehouse. Las voces, Martí Serra al saxofón y Ramón en el órgano fabricaron un colchón extraordinario.

Antes de terminar el concierto aún quedaban “Half Time”, una rareza temprana de Winehouse que vio la luz póstumamente, y el que para mí fue uno de los momentos clave: Andrea Motis rodeada de Barcelona Gospel Messengers interpretando “Someone To Watch Over Me” de los Gershwin. Amy también grabó este estándar. Por mí, ya me podía ir a casa contento, pero faltaban algunos éxitos que la mayoría estaban esperando. Llegando al final apareció “Valerie”, originalmente de The Zutons pero convertida en un hit internacional por Amy Winehouse y Mark Ronson. Con los primeros acordes de “Back To Black” y “Rehab” no hizo falta pedir al público que se animara con las palmas, incluso sonaba un coro que acompañaba a los que estaban sobre el escenario. Con todo finiquitado, antes de irnos volvió a sonar “You Sent Me Flying”.
Hacer sobre un escenario confesiones que implican abrirte en canal no debe ser fácil. Esto me ha llevado a plantearme algunos asuntos en torno a la intimidad, a la exposición mediática del artista. Amy Winehouse mostró su intimidad, ganó crédito artístico con mostrando todo de su vida y siendo franca con sus canciones —de hecho su álbum debut, Frank (2003), se tituló así en homenaje a Sinatra, pero también como muestra de su franqueza y exposición a través de la música que ofrecía— y terminó siendo una víctima porque hubo gente que no supo entender los límites. Mostrarte cuando quieres y como quieres no implica que estés obligado a seguir haciéndolo siempre.
Para poder conocer más sobre Andrea Motis, la noche previa al concierto en Madrid tuve la oportunidad de reunirme con ella. Por si a estas alturas algún lector no sabe de dónde viene y hacia dónde va, la artista barcelonesa de solamente treinta años es ya uno de los referentes del jazz europeo. De la mano de Joan Chamorro empezó a saltar al escenario y nutrirse del jazz clásico. Cuando se habla de ella suele salir a relucir la etiqueta de “niña prodigio”. Llegó a estudiar trompeta porque era un instrumento con poca demanda en la escuela. También pesó en la decisión algunas inclinaciones familiares. Empezó a cantar como solista porque nadie quería hacerlo. Parece como que las casualidades la fueron poniendo en un camino concreto. Tras hablar con ella me quedó claro que sí, se deja fluir en lo que va ocurriendo, pero también va caminando en direcciones a propósito y sobre todo, lo más importante, camina sin detenerse.

También quería saber más sobre la gestación de To Amy. Winehouse siempre me ha parecido que sufre una especie de “esquizofonía”, no era la misma Amy la que sonaba en las grabaciones de estudio que la que se vivió en los directos durante los años álgidos de su carrera, pero ambos casos eran atractivos de diferentes maneras. Andrea me confesó que aunque toma el repertorio tal y como está en las grabaciones de estudio, la Amy que más disfruta es la de algunas grabaciones en directo, especialmente en formato acústico. Andrea hace unos años entendía muchas de las cosas de las que cantaba Winehouse, pero entre la barrera lingüística y que según ella me dijo “le falta calle”, con lo que conectó no fue tanto con la parte conceptual, sino con el hecho de que sentía que hablaban en el mismo idioma. Tanto Winehouse como Motis se criaron escuchando jazz y eso sobrepasaba a las palabras propiamente. Las dos comparten además una manera similar de estar en el escenario: dejarse llevar, vivir el presente de la interpretación, luchar contra la vulnerabilidad que uno siente al subirse al escenario y estar expuesto ante el público.
Yo pensando en eso de la intimidad, el compartir tu vida con el fandom, pensé que iba a ser la línea que iba a seguir su próximo proyecto discográfico, Intimate (Elemental Records, 2026), que estará disponible en el mercado a partir del 24 de febrero. Pero ya me aclaró ella misma que no van por ahí los tiros, nada de composiciones descarnadas sobre sus padeceres y triunfos, sino un formato íntimo junto a las guitarras de Josep Traver y Jurandir da Silva en el que también hay referencias al repertorio de Amy Winehouse. No hay en el proyecto un discurso elaborado, no hay un concepto sofisticado. Alabo que sea capaz mantener la belleza de las cosas simples en un tiempo donde a veces nos pueden los barroquismos.