Judith Owen ha construido un universo donde el jazz, el blues y el espectáculo conviven con una naturalidad poco común. Con Suit Yourself, su nuevo trabajo, la cantante británica reafirma su compromiso con las raíces del género al tiempo que las reinterpreta con una energía vibrante y contemporánea. En plena gira internacional, Owen vuelve a situarse en el centro de una escena que mira al pasado para reinventarse en el presente.
Lejos de acomodarse en fórmulas conocidas, Judith Owen ha convertido su carrera reciente en una exploración constante del repertorio histórico del jazz y el blues. Suit Yourself, grabado en Nueva Orleans, profundiza en esa línea a través de un repertorio que rescata piezas menos transitadas para dotarlas de una nueva vida escénica y sonora.
Acompañada por su banda habitual, The Gentlemen Callers, y con colaboraciones destacadas como Joe Bonamassa o Davell Crawford, Owen construye un discurso musical que combina elegancia, teatralidad y una profunda conexión con la tradición afroamericana. El álbum, además, incorpora arreglos de big band y guiños al góspel, ampliando un espectro estilístico que ya venía definiendo sus últimos trabajos.
Este nuevo capítulo llega acompañado de una gira internacional que incluye paradas en ciudades como París, Londres o Nueva York, además de su presencia en festivales de referencia. En directo, Owen despliega una propuesta donde la música se convierte en relato, y donde cada canción funciona como una escena que dialoga con la historia del jazz desde una perspectiva contemporánea y profundamente personal.

En realidad empiezo la semana que viene, en París. De hecho, acabo de tocar en Barcelona; tengo que decir que me enamoré. No había estado en Barcelona desde hacía probablemente cinco o seis años. Es tan hermosa.
Hablemos de tu música. Cuando escuché tu primer single: That’s Why I Love My Baby, me recordó inmediatamente a Dinah Washington, a Sarah Vaughan, ¿qué o quién te inspira?
Es algo precioso lo que dices, aunque esta es mi canción, estoy muy feliz de que en este álbum haya bastantes temas propios, que es realmente lo que me gusta. Me encanta arreglar canciones, reinterpretar clásicos, pero lo que disfruto es escribir mi propia música.
El estilo está muy en esa línea tipo Art Blakey, Duke [Ellington], Oscar Peterson…tiene swing. Tiene ese gran swing sin esfuerzo. Creo que es ese groove que simplemente fluye, hace swing, te hace sentir bien.
Al crecer me enamoré de eso, porque mi padre era un gran amante del jazz, y ya fuera Ella, Duke Ellington, Sarah Vaughan o cualquiera de esos gigantes, todos tenían algo en común: era jazz basado en el blues, que es lo que más me gusta. Por eso adoro tanto a Oscar Peterson, por eso adoro tanto a Errol Garner. Es esa sensación, el swing, el groove. Te hace querer bailar por la calle. Eso es realmente todo.
Cuando hago música pienso en eso. Es la misma sensación que tengo cuando me pongo los auriculares y escucho a Art Blakey o a cualquiera que me haga querer bailar, simplemente porque tiene ese swing profundo y hermoso que te hace sentir absolutamente alegre.
En el momento en que puse tu single, fue como: “vale, esta canción me lleva hasta aquí”. Pensé en la diferencia que marcaban todas esas cosas de los años treinta, las big bands, el groove, el ritmo, la forma en que la voz interactúa con los instrumentos. Para mí fue más o menos la misma sensación.
Sí, y tienes toda la razón. Hay una continuidad, y habla muy bien de los músicos de Nueva Orleans, donde la música es algo vivo, vital, emocionante. Donde vivo es un lugar donde hay una escena musical que ya no veo en ningún otro sitio. Es el tipo de escena que antes existía en Nueva York, donde el jazz, el blues, cualquier música estaba por todas partes. Pero ahora es muy difícil ir a algún sitio y sentir que puedes salir y ver treinta conciertos en una noche y que todos sean de un nivel increíble.
Además, como músico, podías subirte a tocar con cualquiera. Podías entrar y tocar con una banda, un trompetista entraba como invitado… eso hoy es impensable. Esas son las cosas que crean una comunidad musical maravillosa, donde puedes encontrar de todo: jazz moderno, clásico, tradicional, blues, gospel, folk, … todo. Allí llaman a eso “grease”, como algo que se desliza, sin esfuerzo, hecho con alegría, con una sonrisa. Al final esta música viene de la iglesia y del burdel. Esa es la verdad. Viene del sexo y de la iglesia. Y esas dos cosas juntas crean algo hermoso.
Esas cosas me hacen sonreír por dentro.
Algunos dicen que es necesario volver a las canciones, a las letras. Porque hoy en día el jazz se ha vuelto algo abstracto. Evoluciona en muchas direcciones. Cuando escucho cantantes como tú, que vuelven a las canciones, a las letras, al swing… da la sensación de ser de otro mundo, como si fueras una outsider en la escena del jazz.
Es curioso, y creo que tienes razón. En el fondo soy una cantautora. De ahí vengo. El jazz ha sido muy importante en mi vida, pero crecí en un entorno musical muy rico: clásica, jazz, blues, pop, folk, rock… todo. Eran diferentes dialectos, pero el mismo lenguaje. En estos estilos las letras son muy importantes; los clásicos que siguen siendo importantes hoy lo son porque tienen letras maravillosas, al mismo nivel que la música.
En ese sentido, creo que el jazz moderno se ha alejado tanto de la melodía que mucha gente siente que no lo entiende, no lo disfruta, se siente alejada. La prueba es que cuando toco en directo, muchos jóvenes se me acercan y me dicen: “No sabía que me gustaba el jazz… pero esto me encanta”.
Hay muchos tipos de jazz. El jazz moderno es fantástico, me encanta, pero no todo el mundo puede conectar con él. Sin embargo, esto que estoy haciendo pone a la gente a bailar. Y creo que la gente quiere volver a canciones que signifiquen algo, que puedan cantar, recordar, que les emocionen, que les hagan moverse, que les hagan sentir alegría. La música es una conversación. No es unidireccional.
No sé por qué en la industria a veces quieren mostrar el jazz como algo difícil, solo para un pequeño grupo de gente.
Sí, creo que hay una razón para eso. En la música clásica y el jazz a veces se crea esa sensación de que solo unos pocos lo entienden. A la gente le gusta esa superioridad, ese club cerrado, pero la música es para todos. Es el arte del pueblo. Yo no soy una snob, no entiendo cómo alguien puede ser snob con la música, es absurdo.
Sobre tus letras: siempre escribes tú, ¿cierto? ¿De dónde viene la inspiración?
Escribo sobre lo que veo y lo que experimento. Es lo más honesto que tengo. Crecí en una cultura donde no se fomenta expresar emociones, así que la única forma que tenía era a través de la música. Escribo sobre cosas que me han marcado: la enfermedad de mi madre, su muerte cuando yo era joven, mis problemas, la depresión… todos tenemos luchas. Yo me refugiaba en el único lugar donde podía expresarme de forma pura, que era al piano, escribiendo. Por eso las letras son tan importantes para mí, y creo que nunca me quedaré sin cosas que decir mientras viva.
Es cierto que ahora hay más alegría en mi vida, pero incluso así, mis letras siguen siendo agridulces. Nunca escribiría una canción de amor pura, no puedo. Veo la vida como algo hermoso y terrible al mismo tiempo. Es una paradoja. Vivimos tiempos muy difíciles, pero también hay muchísima belleza. Ambas cosas son verdad. Por eso incluí Blue Skies en este álbum, porque para mí no es una canción de amor, se trata de recordar que detrás de las nubes de tormenta hay sol. Y eso tiene un significado para mí tanto a nivel mental como literal en las vidas que estamos viviendo ahora mismo.
Creo que el público está abierto a experimentar todos los sentimientos, todas las letras, todo esto que estás diciendo, porque obviamente no todo es bueno siempre. Hay momentos tristes, hay cosas malas en el mundo. Pero lo importante es lo que decías antes: si dices la verdad, la gente lo percibe. Saben que estás diciendo la verdad. Es la manera de conectar con el público, con el lugar donde estás actuando.
Siempre he dicho que algunas personas dan por sentado al público y no lo respetan, especialmente en directo. Y eso me enfada mucho. Primero, el público ha pagado por verte. Eso ya es un privilegio. Pero más importante aún, el público forma parte de la experiencia. Esto es una conversación, es una experiencia compartida. También se trata de entretener, de hacer sentir alegría a la gente, de hacerles sentir emociones profundas, de verdad ponerles una sonrisa en la cara. En última instancia, la música es algo que debería inspirarte, pero también elevarte, levantarte, en el sentido más puro. Y es algo milagroso. Es un regalo. Es magia, sin duda.
Leí que tienes dos formaciones: una big band y un sexteto. ¿Es correcto?
Sí. Exactamente, en este álbum tengo mi propia big band en Nueva Orleans. Y eso es más divertido de lo que puedo describir, porque el sonido es otra cosa completamente distinta. Por supuesto, al ser músicos de Nueva Orleans, hacen swing, y hacen swing de verdad. Es como escuchar una orquesta tipo Nelson Riddle con Frank Sinatra, o algo de Quincy Jones. El swing es profundo.
Luego está mi sexteto, cuyos músicos son absolutamente extraordinarios. Tengo músicos increíbles. Son de Nueva Orleans o han ido a Nueva Orleans, como Jameson Ross en la batería, que también toca con Snarky Puppy y con Jon Batiste. Así que puedo decir que tengo una banda realmente increíble.
También puedo reducirlo todo hasta quedarme solo yo al piano o en trío. Son diferentes ambientes, diferentes canciones. No hay que tener miedo de ir desde lo más íntimo hasta lo más grande y volver otra vez.

Sí, vuelvo a tocar en Francia en julio. En realidad voy a estar en Londres todo el verano. Durante ese tiempo tocaré en Francia, en Suiza y también en el Umbria Jazz Festival, abriendo para Elvis Costello. Será un cartel increíble, con Jon Batiste, Herbie Hancock, Terence Blanchard… mucha gente increíble. Después volveré a Nueva Orleans y en otoño regresaré a Europa, probablemente con fechas en Alemania, quizá en Escandinavia… a finales de este año o el siguiente, volveré a España, seguro.
¿Y qué puede esperar el público de tus conciertos en esta gira? ¿Qué van a ver y escuchar?
Escucharán todo el álbum y también más canciones que no entraron en él, y algunas de discos anteriores, por supuesto, porque la gente tiene sus favoritas. Lo que seguro van a recibir es una noche muy alegre, muy emocionante, auténtica. Música muy emocional que les hará sonreír. Puede que lloren, pero saldrán recordando las canciones y sintiendo que han visto algo realmente especial.
Puedo decirte que el directo es lo más importante en mi vida. Es para lo que vivo. Es donde me siento viva y vista. Es donde siento que pertenezco. Lo mágico del directo es que ves algo que nunca volverá a repetirse. Es magia atrapada en un momento. Es la máxima intimidad.
Incluso ahora, que a veces se hace muy difícil estar en el presente, la música te obliga a estar ahí.
Exacto. Es muy difícil para los seres humanos no estar pensando en el pasado o en el futuro. Pero la música te pone en el aquí y ahora, eso la hace algo muy especial.
Antes de terminar, tengo curiosidad: después de tantos años tocando por todo el mundo, ¿qué prefieres? ¿Festival, club de jazz, gran teatro? ¿Dónde conectas más con el público?
Me encantan los festivales y los grandes teatros; es extraordinario tocar en un gran teatro. Pero en cualquier lugar debes hacer que el público sienta que está en tu salón, que es algo íntimo. Dicho esto, los mejores conciertos que he dado han sido en pequeños clubs de jazz donde el público está casi sentado encima de mí, porque es real, crudo, directo. Son los conciertos más intensos, porque todo puede pasar: errores, cosas inesperadas… Es maravilloso cuando el público está tan cerca, cuando ves sus caras, cuando estás literalmente teniendo una conversación con ellos.
� Steve Rapport Photography
Claro, para ti también debe ser increíble ver la expresión del público tan cerca.
Sí. Eso es exactamente lo que decía: esa conversación. En espacios pequeños sientes cómo te devuelven la energía de inmediato. Estás más relajada, la banda también. Los músicos de Nueva Orleans, por ejemplo, gritan cuando algo les gusta. Se animan entre ellos. Eso es muy poco común fuera de allí.
Cuando consigues eso en un teatro grande, ese es el trabajo: hacer que un espacio grande se sienta como un club pequeño. En festivales es más difícil, porque el público está más disperso, pero ese es el reto. Yo me lo tomo muy en serio. Da igual si es una persona o mil: necesito que sientan que les estoy hablando directamente.
¿Quieres añadir algo más sobre la gira o el álbum?
Sí. Recomiendo que la gente visite mi canal de YouTube, Judith Owen, porque allí pueden ver los vídeos del álbum. El primero, de That’s Why I Love My Baby, está grabado durante el Mardi Gras en Nueva Orleans, en la calle. Da una idea muy clara de esa alegría, de ese impulso de bailar, de soltarse, de ese momento trascendente que te da la música.
Voy a ir publicando más vídeos antes del lanzamiento del álbum el 24 de septiembre. También compartiré actuaciones en directo. Me encantan los vídeos musicales, soy una persona muy visual.
Muchas gracias. Ha sido un verdadero placer hablar contigo.
Ha sido un placer. Y gracias por tu música. Mucha suerte con la gira, aunque no la necesitas.