San Javier no falla. Cuando llega el verano, el municipio murciano vuelve a activar uno de los festivales más sólidos y reconocibles del circuito europeo. El Festival Internacional de Jazz de San Javier celebrará su XXVIII edición entre el 26 de junio y el 24 de julio de 2026, confirmando que hay citas que no necesitan reinventarse cada año para seguir siendo imprescindibles. Basta con mantener el listón alto. Y aquí sigue muy alto.
Texto: Redacción
Lejos de caer en la nostalgia o en el cartel previsible de grandes nombres repetidos, San Javier vuelve a jugar una carta inteligente: mezclar leyendas, presente y artistas con discurso propio. Entre los primeros nombres anunciados aparecen Pat Metheny, una figura totémica capaz de conectar con públicos muy distintos sin perder un ápice de prestigio, y Joe Lovano, uno de los saxofonistas esenciales del jazz contemporáneo. Dos pesos pesados que por sí solos ya justifican la edición.
Pero el festival no vive solo del canon. También entran en juego nombres que expanden el perímetro del género, como The Brand New Heavies, iconos del acid jazz británico, o José James, siempre elegante en ese territorio donde conviven soul, groove y sofisticación jazzística. En esa misma línea aparecen China Moses, Lizz Wright, Camille Thurman, Nicole Zuraitis o Cyrille Aimée, confirmando una edición especialmente potente en voces con identidad propia. El cartel también mira hacia casa sin complejo alguno. Ahí están Carles Benavent, que además recibirá el premio honorífico del festival, Raynald Colom, Antonio Serrano, Ximo Tébar, Lluís Coloma, Chico Pérez o Manuel Lombo, nombres que demuestran que la escena estatal puede dialogar de tú a tú con cualquier programación internacional cuando se la sitúa en el contexto adecuado.
Después de casi tres décadas, San Javier sigue evitando dos trampas habituales: convertirse en una franquicia de sí mismo o disfrazarse de modernidad vacía. Mantiene personalidad, criterio y una programación que entiende el jazz como lenguaje vivo, no como etiqueta cerrada.
En un verano saturado de festivales clónicos y carteles intercambiables, lo de San Javier vuelve a sonar distinto. Y eso, en 2026, ya es muchísimo.
