Este pasado 4 de julio, Snarky Puppy volvió a demostrar lo que mejor sabe hacer: combinar la complejidad técnica del jazz con la sensibilidad de la música popular para construir un espectáculo bailable, emotivo y lleno de momentos sorprendentes.
Fotos: Fer González
La formación estadounidense llegó inmersa en la gira de presentación de Somni, su último trabajo discográfico. El título, que significa «sueño» en catalán, refleja el carácter atmosférico de un álbum que explora nuevos paisajes sonoros sin perder la identidad que ha convertido a la banda en uno de los grandes referentes del jazz fusión contemporáneo.
A lo largo de la noche, el repertorio estuvo centrado en las composiciones del disco Somni. Tras presentar la gira, a los integrantes de la banda y al telonero de la noche, Nate Smith, el grupo interpretó Between Worlds, uno de los momentos más destacados del concierto. La pieza puso de manifiesto la enorme capacidad de Snarky Puppy para construir atmósferas. Lejos de entender la composición como una sucesión de solos, la banda trabaja las texturas con enorme sensibilidad, haciendo que cada instrumento aporte un color distinto hasta crear un paisaje sonoro envolvente y cinematográfico.
Uno de los rasgos más característicos del lenguaje compositivo del grupo es su capacidad para hacer que ritmos poco convencionales suenen completamente naturales. A lo largo del concierto aparecieron compases irregulares como el 5/4 o el 7/4 integrados con una fluidez admirable, sostenidos por un groove sólido y una precisión rítmica extraordinaria. La complejidad nunca se percibe como un ejercicio de virtuosismo, sino como una parte orgánica del discurso musical.
El tratamiento del sonido fue otro de los grandes protagonistas de la noche. El uso de un 808 por parte de uno de los teclistas aportó una profundidad muy interesante a la mezcla, reforzando el carácter envolvente de las composiciones. La guitarra, por su parte, recurrió constantemente a efectos que transformaban su timbre hasta acercarlo al de un sintetizador, integrándose como una textura más dentro del conjunto. Aunque esta decisión estética funciona perfectamente dentro del sonido de la banda, personalmente eché en falta escuchar la guitarra con un papel más protagonista y un sonido menos procesado en momentos puntuales.
El nivel de los músicos fue, sencillamente, espectacular. Reunir sobre un mismo escenario a una formación tan numerosa y conseguir que todo suene con semejante precisión, claridad y equilibrio es uno de los mayores logros de Snarky Puppy. Lejos de convertirse en una masa sonora desordenada, cada instrumento encuentra su espacio dentro de la mezcla, permitiendo apreciar la riqueza de los arreglos sin perder definición. Además, varios miembros de la formación demostraron una notable versatilidad cambiando de instrumento durante el concierto, destacando el momento en el que uno de los teclistas tomó una trompeta para interpretar un solo.
Otro aspecto especialmente interesante fue el grado de planificación del espectáculo. A pesar de la sensación de libertad e improvisación que transmitía la banda, cada sección parecía cuidadosamente medida. Incluso algunos solos daban la impresión de tener una duración perfectamente delimitada, demostrando un control absoluto sobre la estructura de las composiciones. Esa combinación entre improvisación y planificación es una de las grandes virtudes de Snarky Puppy: la libertad nunca rompe el discurso, sino que se integra dentro de una arquitectura musical muy sólida.
No obstante, la apuesta constante por el groove también mostró su lado menos convincente. En los momentos en los que los temas se construían casi exclusivamente sobre un patrón rítmico o una idea principal, la banda demostraba una enorme capacidad para desarrollar un discurso musical a partir de muy poco material. Sin embargo, cuando esas composiciones permanecían demasiado tiempo girando sobre dos o tres ideas repetidas en bucle, el resultado podía hacerse algo reiterativo. En esos pasajes se echó en falta una mayor variedad formal, con secciones más diferenciadas que aportaran nuevos colores y contrastes al desarrollo de las piezas.
Como detalle anecdótico, la realización audiovisual tampoco pareció prestar demasiada atención a la sección de vientos. Mientras las cámaras centraban buena parte del tiempo en la base rítmica y los teclados, los músicos de viento aparecieron con mucha menos frecuencia en pantalla, a pesar de desempeñar un papel fundamental en el sonido del grupo.
En definitiva, Snarky Puppy ofreció un concierto que confirma por qué sigue siendo una de las grandes referencias del jazz fusión actual. La calidad de sus músicos, la riqueza de sus arreglos, el cuidado del sonido y su capacidad para crear atmósferas convierten el directo en una experiencia absorbente. Si bien algunos temas podrían beneficiarse de una mayor variedad formal, Somni demuestra que la banda continúa evolucionando sin perder aquello que siempre la ha hecho única: poner la técnica al servicio de la música.