Hace justo nueve meses, en octubre de 2025, Ledisi pasó por la Sala Villanos de Madrid. Hacía pocos días que se había publicado el álbum For Dinah.
El lunes 13 por la noche volvió a aparecer en el mismo escenario con un trío de músicos de jazz para compartir con nosotros su admiración por Dinah Washington. Ledisi tenía en mente este proyecto desde hace mucho, incluso antes de crear su disco homenaje a Nina Simone en 2021, pero ha tenido que esperar para darle forma con su propio sello discográfico Listen Back Entertainment. Poder grabar y llevar por el mundo las canciones de Dinah es para ella una materialización de su libertad artística.
Ledisi y Dinah comparten una habilidad extraordinaria para contar-cantar historias y un poder asertivo sobre el escenario, una autoridad que otras cantantes de jazz de mediados del siglo XX no tenían ni de lejos. Las dos tienen unas raíces firmes en la música gospel, sin que les impida moverse libremente por los terrenos de la música no sacra. Si no estás muy familiarizado con Ledisi y su origen, ya escribí sobre ella durante su anterior visita a España. Hoy permitidme que yo haga mi pequeño homenaje a Dinah y cuente algún que otro detalle sobre ella más que sobre Ledisi.
Ruth Lee Jones nació en Alabama en 1924 y con tan solo cuatro años su familia se trasladó a Illinois para escapar del terror racista sureño. Siendo una adolescente ganó un concurso de talentos y empezó a ser conocida en Chicago, donde se unió al grupo de góspel de Sallie Martin. Joe Sherman, propietario del club Garrick, la rebautizó como “Dinah Washington” al contratarla en 1942 y un año más tarde ya estaba actuando con la orquesta de Lionel Hampton. Ese carácter autoritario por el que a veces Dinah fue famosa nació en gran parte conviviendo de gira con los músicos de Hampton. Era la única mujer en aquel autobús que cruzaba los Estados Unidos segregados de una punta a otra y necesitó hacerse respetar. A veces implicaba ponerse al nivel de los más altaneros. Con el Sexteto de Hampton dio sus primeros pasos en la industria discográfica en 1944, destacando la adaptación que hicieron para ella de “Evil Gal Blues”, compuesta por Leonard Feather. La primera discográfica con la que grabó Washington fue Keynote Records del ucraniano Eric Bernay, un destacado izquierdista que había publicado previamente música de las tropas españolas republicanas y mucha canción protesta. En ese contexto, la voz de Dinah Washington empezaba a entrar en un terreno diferente al de las iglesias negras que la habían visto surgir en sus primeros años. Pero hubo un par de cosas que quedaron en ella. Una, el fraseo rápido y preciso. Otra, su habilidad para tocar el piano. Esto le dio un soporte musical y una mentalidad de líder de banda que le permitió debatir e imponerse ante sus directores musicales. Eso ayudó a que se entendiera tan bien y fuera tan admirada por músicos como Quincy Jones. Dinah había aprendido a tocar el piano con su madre, Alice Jones, en la St. La Luke Baptist Church de Chicago y la nómina de pianistas con los que luego tuvo la oportunidad de trabajar mano a mano fueron amplias: Wynton Kelly, Milt Buckner, Joe Zawinul, Patti Bown… Además del piano, Dinah se atrevió con otros instrumentos. Recuerdo que en mi adolescencia me quedaba pegado a la pantalla viendo su actuación en el Newport Jazz Festival de 1958, vestida de rosa y deslumbrante, y hay un momento dado en el que se atreve con el vibráfono de Terry Gibbs.
Sus grandes éxitos empezaron cuando en 1948 logró llegar al número uno de la lista Billboard con “Am I Asking Too Much”, sonando en las radios durante meses. Específicamente, la lista en que se posicionó se llamaba en aquel momento Best Selling Retail Race Records y unos meses más tarde Jerry Wexler la renombró como Rhythm and Blues. Ahí estaba Dinah Washington, en todo el epicentro del nacimiento del R&B. La discográfica Mercury se dio cuenta de que Dinah era un filón por explotar en una época en que nuevas audiencias querían acercarse a la música negra y el “jump blues” empezaba a inundar las pistas de baile. Vinieron luego “Baby Get Lost” (1949) y “Trouble in Mind” (1952). Dinah fue vital para el desarrollo del sello de jazz de Mercury, EmArcy. En esos años Dinah también supo reivindicar a sus ídolos y grabó álbumes tributo a Fats Waller y Bessie Smith. Su establecimiento definitivo en la industria musical se produjo cuando salió al mercado “What a Diff’rence a Day Makes” en 1959, canción que la acercó al mercado del pop internacional y le hizo ganar un premio Grammy.

La lista de vocalistas en las que Dinah dejó huella va desde Abbey Lincoln a Amy Winehouse, pasando por Etta James, Diane Schuur o China Moses. Y obviamente hay que sumar a Ledisi, quien descubrió la voz de Dinah en sus años universitarios y desde entonces ha sido uno de sus modelos. Lo mejor del tributo de Ledisi es que no pretendió ser una puesta en escena de grandes éxitos. De hecho, no cantó “Unforgettable”, “Teach Me Tonight”, “Mad About The Boy”. “Cry Me a River” y otras canciones que solemos vincular a Washington. Fue más un emular la actitud, la compostura de Dinah.
El concierto comenzó con la cinematográfica “Love Is Here To Stay” de los hermanos Gershwin. Esta canción fue la última melodía que George Gershwin compuso antes de morir en julio de 1937 y ha sido luego incluída en múltiples películas —desde The Goldwyn Follies (George Marshall, 1938) hasta Manhattan (Woody Allen, 1979), pasando por An American in Paris (Vincente Minnelli, 1951)—. Dinah la grabó acompañada de la orquesta de Hal Mooney en 1956 y Ledisi la suele usar para abrir la gira aunque no la incluyó en su álbum. Desde el inicio la cantante avisó de que iba a ser ella misma, no una imitación de Dinah. Se notó desde el primer segundo, pero en cuanto Ledisi empezó a hacer scat y jugar con sonoridades, se notó que iba a ser solamente Ledisi. Continuó con una rareza de Dinah, “Show Me The Way”, creada por Clyde Otis y Vincent Corso en 1960 para ella. Una elección perfecta que marcó el tono del resto del camino recorrido, una búsqueda del gozo con “Soulville” como destino, quizá una referencia a esa geografía imaginaria de Ben
Webster y Oscar Peterson. “If I Never Get to Heaven”, una de las canciones que escribió la propia Washington al final de su carrera, hizo que brillara uno de los acompañantes de Ledisi, Brandon Rose. Su contrabajo estableció un maravilloso diálogo con la cantante, dejando paso a un solo del músico de Detroit que dejó notar el excelente trabajo que han hecho algunos de sus maestros, entre los que están Marcus Miller y Rodney Whitaker.

Pero a estas alturas falta por aparecer la persona que junto a Ledisi es esencial, el profesor Brandon Waddles. Dentro de la comunidad gospel y la música coral en Michigan es un auténtico referente. Los dos compartimos el amor por Thomas Whitfield, uno de los compositores y pianistas que más enriquecieron el sonido de la música góspel en la década de 1980, incluyendo sonidos desde lo académico hasta lo urbano. Waddles imparte clases en la Wayne State University, ha trabajado en teatro musical y es un auténtico maestro en la edición e investigación de repertorios corales afroestadounidenses. Empezó a trabajar con Ledisi en el proyecto dedicado a Nina Simone y desde entonces no se han separado. Sentado al piano, Brandon sorprendió al público con su voz de bajo interpretando “Baby (You’ve Got What It Takes)” a dúo con Ledisi siguiendo la estela de las canciones que Dinah grabó junto a Brook Benton. La dicción de ambos hizo justicia al estilo exagerado, con las consonantes muy marcadas, que muchos cantantes de jazz y R&B usaban antaño.
Con toda la banda a punto, empezaron los platos principales. “What a Diff’rence a Day Makes” fue creada por la compositora mexicana María Grever en 1934. Sí, quizá no te habías dado cuenta antes, pero se trata del bolero “Cuando vuelva a tu lado” que seguramente has escuchado interpretado por Los Panchos, Luis Miguel o Gato Barbieri. La adaptación al inglés fue hecha por Stanley Adams y en 1959 Clyde Otis eligió a Belford Hendricks —habitual en las producciones de Sarah Vaughan, Brook Benton, Aretha Franklin, Nat King Cole…— para hacer un arreglo nuevo para Dinah. Se convirtió en el mayor éxito internacional de su carrera. Encadenó con “Nobody Knows The Way I Feel This Morning” con Brandon Rose cambiándose al bajo eléctrico. Un nivel emocional de entrega que pocas veces se puede presenciar manteniendo una calidad técnica impoluta. Nuevamente Aretha resonaba aquí. Ledisi actualizó la canción conceptualmente. Entre otras cosas, pedía no tener que ser esa mujer desconfiada que tiene que andar mirando el teléfono móvil de su partner. Y este bloque se cerró con “You Go to My Head”, que pese a que antes de llegar a Dinah había pasado antes por Duke Ellington, Billie Holiday o Frank Sinatra, si hoy es un estándar se debe en parte a la colosal grabación de once minutos que Washington hizo acompañada por Clifford Brown a la trompeta, Richie Powell al piano y
Max Roach en la batería en 1954. La versión de Ledisi se abrió con una introducción de piano de Waddles que, una vez más, irradiaba góspel.

Pero, antes de marcharse nos regaló otra canción propia pasada por un nuevo filtro: “BLKWMN”, una oda a la lucha y poder espiritual de las mujeres negras. Un tema que une a la perfección a Dinah Washington y Ledisi. El cierre llegó con una versión de “Do Nothing ‘til You Hear From Me” de Duke Ellington y Bob Russell que Dinah grabó en 1962. Una incorporación reciente en el tour y que se nota que están llevando a su terreno ella y la banda, pero con un mensaje más que claro: “Do nothing ‘till you hear from me. Pay no attention to what is said”. Hazle caso, no dependas de lo que has escuchado o leído sobre Ledisi. Si hay una tercera vez en Madrid o te cruzas con ella en cualquier lugar del mundo, experimenta en primera persona su música. Durante la espera, aprovecha y desempolva los discos de Dinah Washington antes de escuchar For Dinah de Ledisi.
