El Festival Montijazz celebra su décimo aniversario los días 11 y 12 de septiembre con Alba Careta Group, Antonio Lizana Quinteto, Lucía Rey Trío y Jorge Pardo Trío. Bodegas Alvear volverá a convertirse en escenario de una cita que ha hecho de la unión entre jazz, vino y patrimonio una de sus principales señas de identidad.
Hay festivales que encuentran su personalidad en una programación concreta y otros que la construyen a partir de una forma determinada de entender la música. Montijazz pertenece a este segundo grupo. Desde hace una década, el Festival de Jazz de Montilla ha ido consolidando una propuesta en la que el jazz no aparece aislado, sino integrado en el paisaje, la cultura y la tradición vitivinícola de la localidad cordobesa.
En 2026, esa historia alcanza una cifra redonda: diez años de Montijazz. Y la celebración tendrá lugar, una vez más, en un espacio que ya forma parte inseparable de la identidad del festival: el patio de las históricas Bodegas Alvear. Los días 11 y 12 de septiembre, cuatro formaciones protagonizarán dos noches en las que la programación vuelve a combinar distintas generaciones, lenguajes y aproximaciones al jazz.
El cartel reúne a Alba Careta Group, Antonio Lizana Quinteto, Lucía Rey Trío y Jorge Pardo Trío, cuatro nombres que permiten recorrer algunas de las líneas más interesantes de la creación jazzística española actual. Hay jazz contemporáneo, tradición, flamenco, composición propia y, sobre todo, una voluntad clara de que el aniversario no se convierta únicamente en una celebración del pasado, sino también en una mirada hacia lo que está sucediendo ahora.
A ello se suma una particularidad que Montijazz ha convertido en parte de su ADN: aquí el escenario importa. Las bodegas, el vino de Montilla-Moriles y el ambiente de vendimia no funcionan como simple acompañamiento, sino como parte de una experiencia en la que música y territorio se encuentran de manera natural.
Montijazz nació con una idea aparentemente sencilla: llevar el jazz a un contexto profundamente vinculado a la cultura del vino. Con el paso de las ediciones, esa fórmula ha ido adquiriendo personalidad propia. Las bodegas de Montilla han acogido propuestas de artistas como Chano Domínguez, Iván ‘Melón’ Lewis, Pepe Rivero o Daniel García, entre muchos otros, mientras el festival ampliaba progresivamente su público y su radio de influencia.

La novena edición, celebrada en 2025, dejó además algunos datos que ayudan a entender la dimensión alcanzada por el proyecto: alrededor del 40 % del público llegó de fuera de Montilla, un 15 % de los asistentes pernoctó en la localidad y el 76 % ya había acudido a ediciones anteriores. El festival se ha convertido así en algo más que una cita musical: también funciona como elemento de promoción cultural, turística y enológica de la localidad.
Para su décimo aniversario, la organización ha optado por mantener la estructura de dos noches en Bodegas Alvear y reunir a cuatro artistas que representan distintas generaciones y maneras de entender el jazz. Una decisión coherente con la trayectoria de Montijazz: celebrar lo conseguido sin dejar de mirar hacia adelante.
El aniversario tuvo además un prólogo especial. El pasado 25 de abril, Montijazz se unió a la celebración del Día Internacional del Jazz con una actuación de Eme Eme Project, liderado por la flautista y compositora Marta Mansilla, en la Cooperativa La Unión. La cita permitió adelantar la celebración de los diez años y reforzó la relación del festival con otros momentos del calendario jazzístico internacional.
La primera noche, el viernes 11 de septiembre, estará protagonizada por Alba Careta Group y Antonio Lizana Quinteto. Dos proyectos diferentes, pero unidos por una misma voluntad de utilizar la tradición como materia creativa.
Alba Careta regresará a Montilla después de su paso por el festival en 2021. La trompetista, cantante y compositora catalana se ha consolidado durante los últimos años como una de las figuras más interesantes de su generación y llega a Montijazz con Panical, su cuarto álbum, publicado en 2026.
El nuevo trabajo supone un paso adelante en un proyecto que ya había demostrado una personalidad muy definida. Careta toma como punto de partida la tierra, las raíces y diferentes referentes femeninos para construir un repertorio en el que las composiciones propias conviven con nuevas aproximaciones a piezas de la Nova Cançó. Todo ello aparece pasado por el filtro de un jazz contemporáneo en el que la melodía, la interacción del quinteto y la expresividad tienen un peso fundamental.
La formación está integrada por Alba Careta a la trompeta y voz, Lucas Martínez al saxo tenor, Roger Santacana al piano, Giuseppe Campisi al contrabajo y Jordi Pallarés a la batería. El disco ha sido producido por el pianista Shai Maestro, y supone una nueva confirmación del crecimiento internacional de una artista que en los últimos años ha pasado por festivales y escenarios de referencia de España y Europa.
En Montijazz, Panical adquiere además un significado especial. La vuelta de Careta forma parte de ese juego de memoria que propone el décimo aniversario: recuperar a artistas que ya dejaron huella en el festival y reencontrarlos en un momento diferente de su trayectoria.
Después llegará Antonio Lizana Quinteto, otro músico para quien la mezcla de tradición y contemporaneidad no es una estrategia, sino una parte esencial de su lenguaje.
Saxofonista, cantaor y compositor gaditano, Lizana ha construido una propuesta en la que el jazz convive con el flamenco y con elementos procedentes de las músicas de raíz andaluza. Su regreso a Montilla supone también recuperar otro nombre vinculado a la historia del festival: Lizana ya pasó por Montijazz en 2018 y vuelve ahora con un proyecto que ha llevado esa combinación de lenguajes a escenarios de todo el mundo.

La presencia de Lizana completa una primera noche especialmente significativa. Careta y Lizana representan dos generaciones y dos procedencias diferentes, pero comparten una idea fundamental: el jazz no tiene por qué entenderse como un territorio cerrado. Puede dialogar con la memoria, con la música popular, con la tradición y con la identidad sin perder su capacidad de improvisación y transformación.
El sábado 12 de septiembre abrirá la segunda jornada Lucía Rey Trío, una de las formaciones más personales de la escena jazzística española contemporánea.
La pianista y compositora madrileña ha construido en los últimos años un lenguaje propio en el que conviven su formación jazzística, su relación con diferentes tradiciones musicales y una concepción particularmente abierta de la composición. Su música se apoya en el piano como centro, pero busca constantemente ampliar el espacio de interacción entre los músicos.
Su presencia en Montijazz continúa además una línea de programación que el festival ha mantenido desde sus primeras ediciones: dar espacio a artistas españoles que están desarrollando discursos propios y que, al mismo tiempo, participan activamente de la renovación de la escena jazzística.
El trío llega a Montilla como una propuesta de especial interés dentro de una noche que irá progresivamente ampliando el espectro estilístico hasta desembocar en uno de los nombres fundamentales de la historia reciente del jazz español.
Si hay un nombre capaz de condensar buena parte de la historia de la relación entre jazz y flamenco en España, ese es Jorge Pardo.
El saxofonista y flautista madrileño será el encargado de cerrar el décimo aniversario de Montijazz al frente de su trío. Su presencia supone un acontecimiento especialmente relevante para un festival que ha hecho precisamente de la convivencia entre jazz, flamenco y cultura andaluza una de sus líneas naturales de programación.
Pardo no necesita demasiadas presentaciones. Su trayectoria está vinculada a algunos de los episodios fundamentales de la renovación de la música española desde los años ochenta y a proyectos esenciales de la historia del flamenco contemporáneo y del jazz de nuestro país. Su trabajo junto a figuras como Paco de Lucía y Chick Corea contribuyó a situar el diálogo entre ambos lenguajes en una dimensión internacional.
Pero reducir su propuesta a la etiqueta de fusión sería quedarse corto. La aportación de Pardo ha consistido precisamente en hacer que las fronteras entre géneros dejen de ser una preocupación. Su flauta y su saxo han transitado por el jazz, el flamenco y otras músicas con una naturalidad que ha terminado convirtiéndolo en una referencia para varias generaciones de músicos.
Su actuación en Montilla tiene, por tanto, algo de cierre de ciclo. Después de diez años de programación, el festival coloca sobre el escenario a uno de los músicos que mejor representa esa idea de diálogo entre tradiciones que Montijazz ha convertido en una de sus señas de identidad.
La relación entre Montijazz y el vino no es un elemento decorativo. Es el punto de partida sobre el que se ha construido el festival.
Las actuaciones vuelven a celebrarse en Bodegas Alvear, una de las bodegas históricas de Montilla y un espacio estrechamente ligado a la identidad vitivinícola de la localidad. Allí, el público escucha los conciertos rodeado de un patrimonio que habitualmente pertenece a otro ámbito y que, durante estas noches, se convierte en parte de la experiencia musical.
Ese diálogo entre música y territorio es probablemente el elemento que hace que Montijazz resulte diferente dentro del mapa de festivales españoles. No busca competir desde la cantidad de conciertos o desde la dimensión de un gran evento masivo. Su apuesta es otra: calidad, proximidad y contexto.
El propio concepto de Montijazz Vendimia parte de esa idea de unir jazz y vino en un ambiente íntimo, alejado de la masificación, aprovechando las bodegas centenarias y los lagares de la zona como escenarios.
La décima edición mantiene esa filosofía. Dos noches, cuatro formaciones y un espacio que permite que el concierto sea también una experiencia ligada a Montilla y a su cultura.
Y quizá ahí esté una de las claves de la supervivencia y crecimiento del festival durante estos diez años. Montijazz no ha intentado convertir Montilla en otra ciudad más dentro del circuito jazzístico. Ha hecho exactamente lo contrario: ha convertido Montilla en parte de la propuesta.
El cartel de 2026 permite mirar hacia atrás y hacia delante al mismo tiempo. Alba Careta y Antonio Lizana regresan a un festival que ya los había acogido; Lucía Rey representa la vitalidad de la escena actual y Jorge Pardo aporta el peso de una trayectoria que ha cambiado la relación entre jazz y flamenco.
No son cuatro nombres escogidos únicamente por su prestigio. Juntos dibujan una idea bastante precisa de lo que Montijazz ha querido ser durante estos diez años: un festival atento a la creación contemporánea, abierto a diferentes lenguajes y capaz de colocar en el mismo escenario a músicos de generaciones distintas.
La organización, impulsada por la Asociación Cultural Jazz Amontillado, ha contado durante estos años con la colaboración de las instituciones y empresas vinculadas al territorio, entre ellas el Ayuntamiento de Montilla, Bodegas Alvear, Cooperativa La Unión, Diputación de Córdoba, Junta de Andalucía y Fundación Cajasur.
En 2026, la celebración volverá a tener el sabor particular que ha acompañado al festival desde su nacimiento: una copa de vino, una bodega, la llegada de la vendimia y cuatro propuestas de jazz capaces de recorrer buena parte de la música que se está haciendo hoy en España.
Diez años después, Montijazz sigue defendiendo una idea tan sencilla como eficaz: que el jazz, cuando encuentra el lugar adecuado, puede formar parte del paisaje.
Bodegas Alvear — Montilla (Córdoba)
Viernes 11 de septiembre · 21:30 h
Alba Careta Group
Antonio Lizana Quinteto
Sábado 12 de septiembre · 21:30 h
Lucía Rey Trío
Jorge Pardo Trío
El festival celebra su décimo aniversario y ofrece entradas individuales para cada jornada, además de un abono para los dos días.
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