Ramon Mirabet es un músico catalán cuya trayectoria se ha desarrollado, hasta ahora, en los márgenes más emocionales del pop y el folk contemporáneo. Formado en la experiencia directa, la calle, el viaje, la canción como relato, Mirabet ha construido una carrera reconocible por su voz rasgada, su manera física de cantar y una relación muy directa con el público. Ramon Mirabet All-Star Jazz Project – Songs I Heard (Panda Records 2026) es su sexto álbum, pero también es, en muchos sentidos, un punto y aparte: no tanto una ruptura como un desplazamiento, un cambio de lugar desde el que mirar su propia biografía musical.
Este disco nace del jazz, pero no del jazz como estilo aprendido, sino del jazz como memoria escuchada. Las canciones que lo conforman pertenecen a ese territorio difuso donde el cancionero popular estadounidense de mediados del siglo XX se cruza con el jazz vocal: piezas asociadas a Frank Sinatra, Billie Holiday, Chet Baker, Nat King Cole o Ray Charles, canciones pensadas para ser habitadas más que interpretadas, donde la melodía y la letra conviven con la improvisación como forma de pensamiento. Mirabet no se acerca a estos temas con voluntad de recreación histórica, sino desde una escucha íntima, heredada.
La grabación, realizada en Valencia en dos días, responde a esa misma lógica. No hay voluntad de perfección ni de construcción minuciosa, sino de capturar un estado. El quinteto funciona desde la confianza y el entendimiento profundo del lenguaje jazzístico. Jorge Rossy aporta una concepción del tiempo flexible y orgánica, donde la batería dialoga constantemente con el resto del grupo. Perico Sambeat se mueve con la naturalidad de quien lleva décadas transitando con su saxo estos repertorios, integrándose en el discurso colectivo sin necesidad de subrayarse. Albert Sanz articula el espacio armónico del disco con una sensibilidad que equilibra lirismo y estructura, mientras que Masa Kamaguchi sostiene el conjunto con un sonido profundo y estable, dotando a cada tema de continuidad narrativa.

Dentro del repertorio, la inclusión de Grace, de Jeff Buckley, marca un punto de inflexión evidente. Canción de los años noventa, ligada a una sensibilidad más cercana al universo emocional de Mirabet, Grace introduce una textura distinta dentro del disco. Es el tema que señala con mayor claridad el lugar de procedencia del cantante, pero también demuestra hasta qué punto el jazz es un lenguaje capaz de absorber materiales “ajenos” sin perder identidad. La versión no busca adaptar el tema al canon jazzístico, sino permitir que el quinteto lo lea desde su propio vocabulario. El resultado es una pieza densa, intensa, plenamente integrada en el discurso del álbum, que amplía el campo del jazz sin forzarlo.
Todo el proyecto está atravesado por una dimensión profundamente personal. El disco es un homenaje al padre de Mirabet, trombonista y músico de orquesta, que compartió generación y escenarios con Sambeat y Rossy. En casa, esas figuras aparecían como nombres pronunciados con admiración, como símbolos de una vida entregada al jazz que él observaba con respeto y cierta añoranza. Songs I Heard funciona, así como una restitución simbólica: el hijo dialoga musicalmente con aquellos referentes que el padre admiró, cerrando un círculo que no pudo completarse en vida.
Más que una incursión en el jazz, este álbum es un ejercicio de reconocimiento. Reconocimiento de una tradición, de unos músicos, de una herencia afectiva y sonora. El jazz aparece aquí no como un territorio que se conquista, sino como un espacio que acoge. Y en esa acogida, sincera y sin artificios, Songs I Heard encuentra su razón de ser.
