El programa Club de Jazz cumplió un cuarto de siglo y lo festejó en Barcelona con un encuentro donde sobresalieron los músicos Baldo Martínez, Juanma Trujillo, Agustí Fernández, Sonia Sánchez, Lucía Martínez y Marco Mezquida. Su creador, Carlos Pérez Cruz, sostuvo que es preciso establecer vínculos “entre los diferentes actores de este ecosistema tan frágil y hacerlo con la mayor profesionalidad, cariño y sentido crítico.”
Un recorrido virtuoso de 25 años siempre es fuente de celebración, más aún si se trata de un espacio de jazz. Este género no es precisamente de masas y navega contra la corriente, no porque haya una fuerza en sentido contrario, sino porque quienes tienen la llave maestra de la gran difusión están ocupados en otros menesteres. Piénsese, por ejemplo, cuántos periódicos o canales de TV aquí en España le asignan un lugar de mención al jazz y -en caso de que lo hagan- con qué frecuencia. La conclusión es desalentadora.
Por eso suma y mucho a esta causa el aniversario de Club de Jazz, un programa de radio, streaming, podcast, web y todo lo demás, que festejó 25 años con un encuentro cálido y de alto nivel musical en una sala del Jamboree de Barcelona.
Su inspirador y alma máter, Carlos Pérez Cruz, convocó para la ocasión al dúo del contrabajista Baldo Martínez y el guitarrista Juanma Trujillo, al pianista Agustí Fernández, quien se presentó con la bailadora Sonia Sánchez y con la percusionista Lucía Martínez, y finalmente al pianista Marco Mezquida, que ofreció un set en solitario.
La música podría haber sido la excusa para la celebración, pero fue más que ello, dado el poderío de los conciertos que se sucedieron. Aunque sí es cierto que la audiencia y los músicos estuvieron esa noche hermanados por una afinidad: el reconocimiento a Club de Jazz como un espacio de lucha y divulgación de este género tanto a nivel nacional como internacional. Desde un programa de radio inicial, que a menudo se hizo en habitaciones domésticas cercanas a una nevera y regadas por un ladrido perruno, hasta la resignificación de entrevistas y piezas musicales con valorable calidad de sonido e imagen, Club de Jazz ha sido un ámbito por donde circularon músicos de todo calibre, de Lee Konitz a Bill Frisell, de Sullivan Fortner a Kris Davis, de Chucho Valdés a Albert Marques.
“Es imprescindible que existan estos espacios minúsculos que miman un territorio tan olvidado y maltratado como es el del jazz y las músicas improvisadas. Y es fundamental que quienes forman parte de él sepan valorar y apoyar activamente a Club de Jazz, porque desgraciadamente no vendrán los grandes medios a darnos un empujón ni cariño”, dice Carlos Pérez Cruz a MásJazz. Y agrega: “Siempre he defendido que debemos cuidarnos entre nosotros, establecer vínculos entre los diferentes actores de este ecosistema tan frágil y hacerlo con la mayor profesionalidad, cariño y sentido crítico. No serán las redes sociales ni Spotify las que se preocuparán de ti, pero Club de Jazz sí. ¿Queremos un espacio donde los músicos tengan tiempo y se les ofrezcan las condiciones para exponer su trabajo? ¿Quieren los aficionados un programa para descubrir y en el que poder entender más para disfrutar mejor? Es o eso o la cacofonía estresante de las redes sociales y el autobombo.”

Agustí suele decir que toda su vida ha improvisado, que lo ha hecho desde adolescente. De a poco se ha ido desinteresando de las formas tradicionales de estructuras para emprender un camino hacia adelante que no se detiene. De improvisar se trata, acaso sin ser consciente de que lo está haciendo, como retrata una anécdota que a menudo cuenta. En la década del 80 le dieron el primer premio en la Bienal de Tesalónica y en una entrevista le dijeron: “Te pareces mucho a Keith Jarrett”, a lo que Agustí respondió: “¿Y quién es Keith Jarrett?”. No fue con tono presuntuoso. Resultó que ignoraba que otros músicos estaban haciendo algo similar.
En las notas de su disco Selfie, grabado en 2020, el pianista sostiene: “Son mis manos, mis dedos, mis oídos y mi espíritu los que se ponen en movimiento para crear esta música. Cuando toco, soy los sonidos que produzco. Yo les doy vida y ellos me la devuelven. Cuando toco, dejo que la música me atraviese y diga lo que quiere decir, e intento poner el menor número posible de impedimentos. Escucho intensamente los diferentes colores y trato de capturar cada instante, nada más. Música pura, o al menos, eso es lo que intento.”
Ha tenido que crear su propio sello, Sirulita Records, porque las grandes discográficas se asustan ante la música improvisada. Allí no sólo ha podido liberar su creatividad sino que ha dado cobijo a otros músicos de ideas afines, como Albert Cirera, Pablo Ledesma o Jordina Millá.
El set sobrecogedor que ofreció en Jamboree estará próximamente disponible en la plataforma de Club de Jazz, al igual que los de Baldo Martínez con Juanma Trujillo y el solo piano de Marco Mezquida. Este último se lució con su estilo percusivo, que entrelaza elementos del jazz, la música improvisada y el flamenco. Acaba de editar un nuevo disco, esta vez en trío, con el título de Táctil.
¿Y qué se espera de Club de Jazz hacia el futuro? “Ideas tengo muchas en la cabeza y todas ellas pasan por acercar el programa a la gente, llevarlo a diferentes ciudades, porque creo que es en el contacto personal, en el cara a cara, donde este proyecto puede crecer y estas músicas laten de veras. Lamentablemente, a día de hoy, sigue siendo un plan más utópico que realista, porque hacerlo implica una inversión económica que no me puedo permitir”, afirma Pérez Cruz.
En estos 25 años el jazz siguió evolucionando, con músicos que se afianzaron, otros que surgieron con irreverencia y creatividad y audiencias que se renovaron. Los espacios para la difusión de este género son un ámbito de encuentro, pero también de resistencia, y eso, naturalmente, se celebra.