Entrevista con Macià Coll: Nuevos retos y más música para el Festival de Jazz de Menorca

Consolidado como una de las propuestas culturales más interesantes del circuito jazzístico español, el Festival de Jazz de Menorca regresa este año con una programación diversa y nuevas iniciativas para ampliar su público. Hablamos con Macià Coll, secretario de la asociación Jazz Obert, sobre los retos, la evolución y las claves de una cita que ha sabido crecer sin perder su esencia.

Texto: Adrián Besada

@besagartha

El Festival de Jazz de Menorca se ha consolidado como una de las citas culturales más singulares del panorama jazzístico nacional, no solo por la calidad de su programación, sino también por su capacidad para adaptarse a un contexto geográfico y social muy particular. Impulsado por la asociación Jazz Obert, el festival ha crecido desde una iniciativa local modesta hasta convertirse en una propuesta diversa, abierta y con identidad propia, que combina grandes nombres del jazz internacional con actividades pedagógicas, espacios alternativos y una fuerte conexión con el territorio.

En esta entrevista, el secretario de la asociación, Macià Coll, reflexiona sobre la evolución del festival, los retos de programar jazz en una isla como Menorca y las claves de un proyecto que ha sabido generar un público fiel sin renunciar a sus principios artísticos. Con motivo de la nueva edición, Coll repasa también las novedades del cartel, el equilibrio entre tradición e innovación y las estrategias para acercar el jazz a nuevos públicos, especialmente a los más jóvenes, en un contexto cultural en constante transformación.

Si te parece, podemos empezar por el principio, ¿qué cambios ha habido y cuáles han sido los retos más grandes del festival desde su creación?

Yo estoy en Jazz Obert desde hace unos doce o trece años, el festival tiene algunos más, por lo que te cuento desde que yo comencé. La asociación, en sus inicios, era algo muy pequeño y el crecimiento fue progresivo. Se hizo la primera edición con un concierto de Lucky Guri en un pequeño teatro local. Eso sí, tuvo éxito porque la gente de aquí no estaba acostumbrada a esta música en aquel momento y eso dio un poco de voltaje y ganas de seguir.

Con el paso de los años el mayor logro ha sido conseguir una fórmula que nos funciona, con la que la organización nos encontramos a gusto y en la que hay lugar para todo y todos.

En Menorca tenemos un hándicap, y es que no hay mucha afición al jazz, pero no porque haya menos que en otros sitios, sino por pura estadística, porque es una isla muy pequeña. Aun así, estamos orgullosos de nuestro trabajo porque aún sin conocer o sin ser muy melómana o conocer muy bien el mundo del jazz, la gente viene a nuestros conciertos porque sabe que tenemos ya como una marca hecha y confía en esa marca, que es la del Menorca Jazz Festival, y que sabe que les van a gustar los conciertos que les ofrecemos.

Supongo que eso lo habréis notado más en las últimas ediciones.

Sí, eso es una confianza que se crea con los años. Es verdad que también  ha habido un cambio bastante potente y fulgurante en Menorca y en nuestro festival los últimos 10-15 años porque se han arreglado un montón de salas, el Auditorio de San Luis no existía, la Sala Albert Camí no existía, el Teatro des Born de Ciutadella estuvo un montón de años cerrado… Todos estos teatros y salas de interior tienen su programación, nosotros participamos en ellas.

Me decías que tenéis un público “fiel”, pero después habrá gente de fuera que irá al festival a propósito, o simplemente le cuadra en sus vacaciones por casualidad. Cuando programáis, ¿lo hacéis pensando en el público, por así decirlo, en lo que puede o no puede gustar, o lo hacéis desde una perspectiva más artística, en función de lo que a vosotros os interesa?

A ver, estamos ligados a una serie de parámetros, esto es verdad. Las ayudas que nos dan son unos parámetros, por ejemplo. Nosotros agachamos bastante poco la cabeza, por así decirlo. Entonces, el festival hace más años que está creado y tenemos una filosofía bastante clara.

Al final no nos gusta programar cosas que no nos gustan. En los últimos años la Junta se ha ido rejuveneciendo bastante porque casi desde el primer momento solo quedan Bernat Casasnovas, Xavi Triay y Dani Benejam, que son los más antiguos, después vendría Quim Torres y luego yo, y somos cinco o seis más.

No nos hemos acojonado nunca por eso, de programar lo que realmente nos gusta, y por eso vamos a diferentes festivales, nos informamos, estamos dentro de plataformas, escuchamos y atendemos a la escena.

Es verdad que todo se ha profesionalizado mucho más. Entonces, estamos atentos un poco a lo que puede ser posible programar aquí. Y si hay algo, porque justamente estamos en un aniversario o algo así importante, es verdad que luego sí que nos esforzamos en traer al músico que nosotros queremos.

¿El festival atrae turismo?

Nosotros hacemos un festival, como te decía ahora, invierno-primavera, y la mayor parte del turismo no ha llegado. Lo hacemos sobre todo pensando en la gente de aquí. Pero claro, es verdad que a veces, muchísimas, hay conciertos muy potentes que nos interesa que la gente se coja la excusa para venir aquí.

Además, el festival cuenta con una ayuda de la Fundació Foment de Turisme de Menorca, el principal patrocinador, y ellos lo que quieren justamente es que cualquier cosa que hagamos no se haga en verano, que ya viene suficientemente gente.

Está hecho pensado para la gente de aquí y toda la gente que pueda estar aquí en Menorca o pueda venir expresamente ese fin de semana, pues que disfrute de ese concierto. Sí que es verdad que dentro de nuestra programación hay un evento que es quizá el más turístico de todos, porque viene mucha gente de afuera, que es el Menorca Lindy Exchange. Esto sí que es un fin de semana muy potente, donde hay fiestas, actuaciones por toda Menorca, especialmente en Ciutadella, pero por toda Menorca.

Tenéis algunos conciertos que podrían decirse “cabeza de cartel”, como el de Melissa Aldana en esta edición, ¿qué tal funcionan? ¿Hay buena acogida por parte del público? ¿Se esperan?

Sí. A ver, este año no hemos traído súper estrellas, pero quizás las dos mayores sean Melisa Aldana y Francisca Tandoi. Funcionan muy bien, porque es lo que te decía antes, que el hecho de que la gente de aquí ya confíe plenamente en lo que les ofrecemos hace que haya un 60-70% de las entradas ya vendidas con esa etiqueta nuestra.

Hay actividades muy diversas, porque al final hemos hecho mucho trabajo desde diferentes perspectivas. Este año le hemos metido actividades para adolescentes, porque hacía años que los teníamos un poco abandonados, y quizás sea el público más difícil de todo para cualquier actividad cultural. También hemos crecido con los teatros, hacemos masterclass cuando vienen artistas nacionales donde los músicos jóvenes y no tan jóvenes tienen la posibilidad de escuchar y estar en contacto con grandes músicos; intentamos hacer algo que les va a quedar en su memoria.

Después está también el cartel de este año, que me llamó muchísimo la atención y que creo que es todo un acierto, ¿cómo se selecciona, cómo se llega al cartel de cada edición?

Pues el cartel tiene que ver un poco con el espíritu del festival, lo que te contaba antes. Para nosotros hay un punto que es nuestra propia diversión al pasarlo bien organizándolo. Hace muchos años había un concurso de carteles, que funcionaba muy bien, luego se dejó de hacer y después, cuando yo entré, un poco antes incluso, lo revivimos. La convocatoria se lanza poco después del verano. Es un concurso de carteles que ha evolucionado en los años, tiene un premio que no está nada mal, son 750 o 800 euros.

Se presenta gente de toda España, quizás el 50% son de Menorca, o diseñadores o artistas que no son menorquines, pero que hace pocos años o años que viven aquí. Y lo divertido es que cada año es bastante diferente la propuesta.

Estaba pensando ahora en los espacios, porque no todos los conciertos se llevan a cabo en teatros, ¿no? También intentáis abarcar espacios naturales y explotar otros recursos de la isla, por así decirlo.

Claro, lo fácil para nosotros es programar en teatros. Cuando hacemos alguna cosa especial que supone no estar en teatros, sino estar en plena calle o en salas, el trabajo es ingente. Hay cosas que mantenemos clarísimamente porque no tienen sentido en teatros. Tenemos el picnic, el vermut, el Lindy Exchange, etc. El picnic es de lo mejor, es como un pequeño festival en sí mismo, dura solo un día, que es brutal, porque además es todo gratuito, vienen unos grupazos increíbles. Se hace eso en un barranco, detrás de una playa, donde si hace buen día puedes nadar, hay sombra, es muy agradable y es un día de estos que es inolvidable para toda la gente que ha venido. Puede ser a nivel familiar, porque dura desde la una del mediodía hasta las siete de la tarde.

Este tipo de cosas nos lleva a un trabajazo, pero bueno, lo asumimos. Luego están los eventos especiales, cuando hacemos aniversarios o cosas así. Ahí intentamos hacer conciertos diferentes, quizás más espectaculares, en sitios más inusuales.

En el cartel de este año he visto que hay artistas de muchas regiones de España, pero precisamente del archipiélago balear no tantos, ¿a qué se debe?

Nosotros intentamos hacer un festival que acoge todos los estilos posibles, siempre dentro de nuestros gustos e inclinaciones. En Menorca hay muy buenos músicos, pero como decíamos antes, es un sitio pequeño. Aparte de Marco Mezquida, que lo tenemos año sí y año también, la oferta no es muy amplia. Pero, por ejemplo, en el caso de Alberto Conde, hará dos conciertos, uno a trío, acompañado por un bajista y batería menorquines; y otro junto a la big band de Es Mercadal, integrada principalmente por músicos de aquí. Luego, en el Menorca Lindy Exchange también hay un montón de músicas de aquí, y normalmente siempre solemos traer en el picnic de jazz músicos locales; este año creo que son de Ibiza los que son más isleños.

Es verdad que este año también hemos hecho un paréntesis con una iniciativa que nos encanta, que precisamente es para apoyar a todos estos jóvenes. Tenemos una iniciativa que se llamaba Els novíssims del Jazz, para estudiantes y músicos jóvenes que tienen su banda y les damos la posibilidad de venir al festival y que nos enseñen lo que van a hacer. Muchos de los músicos que ahora participan en actividades del festival, como el picnic, salieron de Los Novisimos. Entonces, intentamos hacer todos los enlaces posibles con lo que tenemos aquí para promocionar un poco lo propio y utilizar nuestros recursos. Pero, no siempre es fácil porque, claro, Marcos Mezquida hay uno.

No sé si queda alguna cosa que creas importante respecto a la edición de este año, alguna novedad que a mí se me escape o alguna cosa que nos hayamos dejado en el tintero.

Bueno, la novedad, así, en comparación a las dos últimas ediciones anteriores, para mí, es el hecho de que hemos pasado a hacer el jazz didáctico, que lo hacíamos para niños desde dentro de otro festival que se hacía aquí en Ciutadella, y este año, en lugar de hacer eso, hemos ido directamente a los institutos. En la hora del patio se han encontrado un grupo de jazz tocando; la idea era ver qué reacción tenían todos esos jóvenes cuando encontraban de golpe en su patio música. Hay que ir probando también para saber qué funciona y qué no funciona, me refiero, por muchos años que lleves, al final siempre hay cosas que hacer, siempre hay ideas nuevas, entonces hay que ver hacia dónde tirar.

¿Cuál era la reacción de los chavales al ver la banda de jazz?

Bueno, los chavales en el instituto tienen como sus ¿cómo lo dirían? sus rituales, su grupito, entonces siempre hay como una serie de gente que la música en directo le atrae.  Es una forma de acercarlo, al final hay muchas cosas que no se consumen o no gustan, pero directamente porque se desconocen.

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