Marcos Pin: Bring That Smile (2026)

Texto: Adrián Besada

@besagartha

Hay una clase de madurez artística que consiste en añadir capas, complejidad, conceptos y discurso. También existe otra, u otro tipo de virtud, que consiste en quitar. Huir de la densidad armónica, quitar gestos enfáticos, quitar producción superpuesta, quitar la ansiedad técnica. Marcos Pin entrega aquí un disco que, probablemente, serviría como respuesta sincera a todos aquellos que le preguntan: “¿Qué tal?”

Cinco temas, estructuras reconocibles, melodías frontales. No hay voluntad de “gran obra”. Hay, en cambio, una decisión más interesante: trabajar en el territorio donde una melodía tiene que sostenerse por sí misma, donde una rueda armónica no puede esconderse tras la complejidad. La referencia a Wes Montgomery —especialmente al Wes de los sesenta más orientado a la canción, al groove contenido y a la melodía expansiva, recordemos A Day In a Life— resulta pertinente, aunque conviene matizarla. No estamos ante una recreación retro ni ante una actualización nostálgica del jazz-pop de aquella época. Lo que Pin parece recoger de ese legado es otra cosa: la convicción de que una música accesible no tiene por qué ser superficial, y de que una línea melódica clara puede contener tanta información como una reharmonización laberíntica.

Para un oyente músico, quizá lo más revelador esté en la relación entre composición e improvisación. Las piezas están diseñadas para que la improvisación no aparezca como sección obligatoria, sino como prolongación natural del tema. Esto parece obvio y no lo es. Su lenguaje improvisatorio sigue siendo reconocible. Continúa ahí esa base hard-bop tan asentada en su discurso: líneas con dirección, sentido del swing interno, resoluciones sólidas, manejo idiomático del lenguaje bebop y una relación de muchos años con el pulso —una asunción del tiempo musical y cronológico, algo que está presente en sus trabajos desde el ya añejo Organic Collective—. En una época donde muchos guitarristas parecen obsesionados con diseñar texturas, cadenas de señal y paisajes tímbricos, Pin opta por algo más exigente: guitarra y amplificador. Eso devuelve el protagonismo a donde debe estar: ataque, articulación, colocación rítmica, vibrato, duración real de las notas. Cuando no hay maquillaje sonoro, cada decisión cuenta más. Y esa exposición beneficia al disco.

Bring That Smile / Trae ese sorriso es, en el fondo, un disco sobre la confianza. Confianza en la melodía, en el tiempo medio —ese que escuchaba Miles—, en el sonido desnudo, en la tradición como herramienta viva y en la capacidad del oyente para escuchar sin que le subrayen constantemente dónde está lo importante. La sofisticación no siempre consiste en complicar las cosas. A veces consiste, simplemente, en hacerlas parecer naturales.

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