BRAD MEHLDAU: Un canon personal (2025)

Texto: Joan Carles Abelenda

@jazzc.jc

La edición de autobiografías musicales se ha consolidado como una modalidad de “literatura” ampliamente reconocida en prácticamente todos los estilos musicales. De hecho, este tipo de obras se ha extendido también a otros ámbitos de la actividad humana —la política, el arte o el deporte, entre muchos otros—, lo que ha dado lugar a la publicación de biografías de gran relevancia por el material que han aportado.

Sin embargo, en numerosos casos estas obras no pasan de ser una simple recopilación de recuerdos, anécdotas o incluso “chismorreos” del protagonista, que se limita a plasmar su vida con la intención de hacerla pública. Esta mezcla entre documento valioso y relato subjetivo es parte de lo que define el género, pero también lo que genera la consideración sobre su verdadero valor literario o meramente testimonial.

La autobiografía o memorias de Brad Mehldau “Un canon personal”, van más allá de los simples recuerdos o anécdotas, se trata ante todo de un relato vivencial, por momentos de una gran intensidad y crudeza. Mehldau construye un relato de formación, un Bildungsroman musical, en  donde las vivencias musicales (desde Bach hasta Coltrane, pasando por el rock, el pop, hasta las afamadas letras de las canciones de Bob Dylan), literarias o filosóficas (Thomas Mann, Kierkegaard, Rilke o Nietzsche) y por supuesto personales (sexualidad, adicción a las drogas, vulnerabilidad emocional), funcionan como cimientos para la construcción de su propia personalidad. Todos estos elementos sin duda alguna modelaron y moldearon su identidad tanto personal como musical. De hecho, es el propio Mehldau el que en el inicio de las memorias advierte al lector de la construcción de un “cánon personal” y ante todo de un canon musical. Ese canon, desde su nacimiento hasta su posterior desarrollo, corrió paralelo a su evolución vital como músico de jazz a lo largo de su época de juventud.

La infancia de Mehldau fue un periodo altamente conflictivo, lleno de tensiones y por momentos traumático. El trato de los demás sobre su persona marcó ciertas actitudes, pensamientos y concepciones, circunstancias que trasladó a su visión de la vida y especialmente al de las interrelaciones personales, de ahí la deriva a una tendencia claramente introspectiva.

Ese carácter reservado permitió a Mehldau volcarse desde bien joven en la literatura, en la filosofía, en la religión (y por ello su relación con Dios), en la música y, por supuesto, en el jazz. Es importante comprobar la importancia de la presencia de la literatura en el proceso creativo del pianista. La confluencia de literatura, filosofía y jazz es clave para entender la obra de Mehldau, ya que ello le permite crear un discurso conceptual que le sirve de vehículo expresivo de su pensamiento musical.

Resulta interesante el relato de Mehldau de su encuentro, descubrimiento y posterior desarrollo del jazz. Mehldau explora y estudia a los grandes “totems” del jazz con cierto punto de obsesión, nombres como Coltrane, Parker, Jarrett o Evans, entre otros, se presentan como un muestrario de ideas y concepciones que le sirven al pianista como acicate y de inspiración.

Una de las partes más interesantes de las memorias es la dedicada a su estancia en Nueva York, que funciona como un retrato de la ciudad donde Mehldau creció tanto musical como personalmente. Uno de los aspectos centrales del capítulo es la escena jazzística de los años noventa, un mundo vibrante gracias a la posibilidad de escuchar a la gran tradición de jazzmen junto con el descubrimiento de nuevas voces. Mehldau describe los clubes de jazz como un auténtico ecosistema de aprendizaje continuo, un espacio donde se descubre un universo musical que actúa como escuela y, sobre todo, como un desafío personal debido a la enorme competencia entre los músicos que residen en la ciudad.

Su proceso formativo no se limita a tocar en cada bolo —presión sobre la que reflexiona ampliamente, junto con su búsqueda personal como intérprete—, sino que incluye también la escucha atenta de los grandes maestros. Paralelamente al ambiente musical neoyorquino, Mehldau experimenta una evolución en su identidad personal, tanto en su relación con el entorno como en su lucha con diversas adicciones, tanto a las drogas como de carácter sexual. El capítulo ofrece un relato abierto y fascinante que permite comprender su experiencia en los distintos ámbitos mencionados y su búsqueda de autenticidad.

Otro de los capítulos fundamentales de las memorias es el dedicado al estudio de las ideas del crítico literario Harold Bloom y de su célebre libro El canon occidental, donde la literatura se convierte en el eje principal del proceso creativo del pianista. Mehldau se sirve del pensamiento y del método crítico de Bloom para reflexionar sobre la función de un canon entendido como un conjunto de obras que actúan como guía. A partir de los parámetros del crítico, el pianista busca sus propias obras y puntos de referencia, consciente de que un pensamiento estético sólido puede canalizar, interrelacionar y enriquecer la práctica artística. En conjunto, el capítulo ofrece una reflexión profunda —y por momentos exigente— sobre la concepción cultural y la identidad creativa. Mehldau demuestra que es capaz de dialogar con un crítico literario tan influyente y polémico como Bloom de manera apasionante, y que sus ideas pueden servir como punto de partida para pensar la música. El resultado es un texto intelectualmente denso, algo que el propio Mehldau parece disfrutar, y que le permite enfrentarse al debate sobre qué entendemos por un “cánon”, ya sea literario o musical.

Lo que demuestra este primer libro de memorias de Brad Mehldau es que el canon del pianista no es una simple lista de temas, sino una manera de comprender un mundo entero de ideas y pensamientos interrelacionados que sirven como referencia para expresarse como músico.

La autobiografía de Brad Mehldau, Un canon personal, es un libro que no dejará indiferente a ningún aficionado. Es una obra que se lee como jazz y que suena a jazz desde la primera página hasta la última. Resulta imprescindible para entender a Mehldau tanto en su dimensión humana como en su faceta de músico, desde sus inicios y sus etapas formativas más tempranas.

El libro muestra cómo la música se concibe y se crea a partir de las vivencias, no solo desde los recursos interpretativos —que, aunque necesarios, funcionan más bien como vehículos al servicio de algo mayor—. Mehldau ofrece un relato honesto, sincero y cuidadosamente articulado para revelar lo que él entiende como un “cánon personal”.

Brad Mehldau.

Editorial: Sinatra/Berenice, 2024.

425 páginas.

Idioma castellano.

Traducción y notas: Juan Manuel Ruiz Pardo.

ISBN-978-84-11319-12-6

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