En una época en la que muchos festivales de jazz compiten por grandes figuras, cifras de asistencia y repercusión mediática, el Festival de Jazz de Medina del Campo ha construido durante diez años un modelo diferente. Vinculado estrechamente a la Escuela Municipal de Música, el certamen ha convertido la formación, la participación ciudadana y el compromiso cultural en sus principales señas de identidad. Con motivo de su décima edición, conversamos con su director para repasar la evolución de un proyecto que ha logrado crear una auténtica comunidad en torno al jazz.
Nacido con la intención de acercar el jazz a una localidad donde esta música apenas tenía presencia en la oferta educativa, el Festival de Jazz de Medina del Campo ha ido creciendo de forma orgánica hasta convertirse en una cita consolidada dentro del panorama cultural de Castilla y León. Lejos de perseguir el modelo de los grandes eventos centrados en el espectáculo y las estrellas internacionales, el festival ha apostado desde sus inicios por combinar conciertos, formación y participación social, implicando a alumnos, profesores, músicos locales y diferentes colectivos del municipio.
La décima edición refleja con claridad esa filosofía. Talleres de improvisación, actividades para la infancia, poesía, animación de calle, fotografía, patrimonio histórico y una programación musical que reúne talento emergente y artistas consolidados conforman una propuesta que entiende el jazz como una herramienta de encuentro y aprendizaje. En esta entrevista, su director reflexiona sobre la trayectoria del festival, los cambios vividos durante estos años y los retos de mantener un proyecto cultural que ha encontrado precisamente en su cercanía y en su dimensión humana su mayor fortaleza.
Comencemos hablando de esta edición tan especial, de este décimo aniversario. Cuéntanos sobre la trayectoria del festival, desde su concepción hasta ahora. Supongo que ha habido cambios significativos tanto en el propio evento como en la escena jazzística. Al llevar tanto tiempo al frente, habrás podido vivirlos en tu propia piel.
Este festival es un festival muy modesto. Empezó a ofertar un estilo de música que dentro de la propia escuela municipal de música de aquí, de Medina, no se ofertaba. Entonces quisimos que los chavales y la gente mayor pudieran acercarse a un mundo diferente al de la música clásica. Comenzamos haciendo unos pequeños conciertos y lo que nunca nos ha faltado son los talleres de improvisación que venimos haciendo desde la primera edición.
Es fundamental mezclar para nosotros los conciertos con la trayectoria y la formación. Es decir, la formación de los propios alumnos del centro, que participan en la mayoría de las actividades: la lectura musicalizada de poesía jazz, el taller de improvisación, etc. Este año, por ejemplo, hemos elegido llamarlo “Cosecha de jazz, versos entre algodón y blues”. Los alumnos han elegido una serie de poesías que van leyendo y se van intercalando algunas de las piezas que preparan en los talleres. Eso para nosotros es fundamental.
Hemos incorporado una actividad muy chula que es “Menudo jazz”, para niños de cero a seis años, para que también puedan acercarse de una forma lúdica a una música que está rodeándoles continuamente. Esto lo hacemos en la sala infantil también de la biblioteca.
También tenemos una actividad que llevamos haciendo unos años que es animación de calle, que llamamos Verdejo y Jazz, porque estamos en zona de vinos, y es para animar un poco la mañana del domingo. En este caso vamos a tener al Jazzonfive. Van haciendo un juego tocando música de Dixie por la calle y a la vez haciendo malabares y vamos a hacer tres paradas. Eso en cuanto a las actividades paralelas.
Siempre contamos con una asociación de fotografía de aquí, de Medina del Campo, que se llama AFAM. En este caso van a hacer una exposición que se llama “Diez años de luz, música y fotografía”. Dentro de esta inauguración de la exposición contamos siempre con la actuación de algún grupo o algún músico local.
Siempre metemos a una de las agrupaciones instrumentales de la escuela, la banda, que es típica; es una agrupación que tenemos datos desde el 1890 o 1880, es decir, desde finales del siglo XIX. Queremos que participe. Hacen un programa buscando repertorio cercano al swing, al jazz, al soul, etc.
A partir de ahí empezamos con los conciertos. Este año estará Jesús Díez, que es un saxofonista de aquí de la zona; está formado en Nueva York y siempre ha estado con nosotros trabajando en los talleres de improvisación. Entonces nos gusta también que suba al escenario junto con otros músicos de los alrededores, entre los que se encuentra también Víctor Antón, guitarrista, que también es amigo del festival.
Luego está Glenda Vega, que es el concierto internacional de esta edición. Ella es de origen cubano y viene con Alma Collective. Está el proyecto de soul, en homenaje a Donny Hathaway, que, bueno, va a estar curioso porque, por ejemplo, es la primera vez que nosotros vamos a tener músicos de cuerda en el escenario de este festival. También nos gusta promocionar otros tipos de instrumentos que no son los más clásicos del mundo del jazz.
Me gusta la selección de grupos porque estáis programando proyectos nuevos, que pueden no decir mucho a la gente de primeras, pero que están sostenidos por músicos de primera fila, muy presentes en la escena jazzística nacional.
Y a mí me parecen excelentes. Nosotros no podríamos pagar espectáculos con grandes nombres, y esta es una forma de contar con una calidad indiscutible y poder conformar una programación de la que estamos orgullosos.

Eso es, nosotros lo que buscamos es hacer un evento para la gente de aquí, pero también algo que estimule a los futuros músicos. Nos ha funcionado muy bien hasta estos años.
Claro, seguís más o menos el mismo modelo, ¿no?
Sí, claro. Prácticamente he estado en la dirección del festival todos los años, con lo cual sí que el modelo viene a ser el mismo. Buscamos empujar a los nuevos artistas a nivel local, provincial y nacional. A nivel internacional no nos atreveríamos; aquí no tenemos.
Cuando vi el cartel me pregunté sobre la infraestructura, porque parece que está muy ligado a la Escuela Municipal, ¿es así, o hay una asociación o grupo más amplio detrás?
Yo dirijo la Escuela de Música y coordino el festival, e intento que una cosa se retroalimente con la otra. Cada vez hay más interés por esta música dentro de la escuela. Los profesores del taller, en su mayoría, son de aquí del centro. Al principio venía gente de fuera, pero hemos ido reestructurándolos y reformándolos, y ahora son ellos los que dan los talleres. Eso es algo muy positivo y se ve con el paso del tiempo. Antes no existían los combos de música moderna y ahora tenemos dos o tres, además de una lista de espera importante para estos.
Claro, al final eso te permite crear una especie de “cantera” y serán los propios alumnos los que en un futuro terminen tocando en el festival.
De hecho, hay gente como Jesús Díez, que está tocando en esta edición, que fue alumno mío de saxo. También Inés Velázquez, que toca el bajo, y a quien le di clases de armonía, o sea, que tenemos relación con todos. Todos son músicos que ya están tocando a nivel, vamos, que han tocado con gente potente.
La filosofía del festival en sí va casi contracorriente respecto a los modelos de festivales de jazz más grandes.
Sí, claro, bueno, es que es imposible competir, por eso buscamos otros modelos.
Sí, pero no hablo en cuestión de competencia, sino de filosofía. Me parece muy interesante. Quizás los hándicaps con los que tenéis que lidiar sean los que marquen la diferencia en este tipo de aspectos. Es decir, puede llegar a ser vuestro punto fuerte también, el no caer en los números, estadísticas, ventas, etc.
Exactamente, sí, sí. Nosotros todavía no hemos caído en eso. Tenemos libertad para poder programar un poco lo que más nos conviene. No tener que rendir cuentas.

Este coro de gospel lo dirige Mario, que es el director de la Escuela de Música de Simancas. Son vallisoletanos en su mayoría y, en este caso, creo que vienen acompañados de 4 o 5 músicos. Hacen la música en directo, es decir, que no está enlatada ni es solamente el coro sobre bases pregrabadas. Es genial que existan estos proyectos y que se pueda compartir y crear este tránsito en un sitio como Castilla y León.
He visto que este año aparece el Hospital Simón Ruiz como novedad, como nueva ubicación. ¿Es una ubicación estratégica o una necesidad?
A ver, es un edificio histórico, del siglo XVI más o menos, que se ha rehabilitado y tiene un claustro que es una preciosidad. Este señor, Simón Ruiz, desde el punto de vista histórico, era, como diríamos, el ministro de Hacienda de los Reyes Católicos.
Desde el festival siempre nos pareció importante que lo que se hace en la zona sea transversal, que la música dialogue con el patrimonio. Han rescatado el edificio y creo que vamos a ser los primeros que utilicen el patio tras la restauración.
Veo que este festival es un buen entramado, un entramado sano. Se ve que es algo que está hecho para fomentar la participación, para integrar estas actividades dentro de esa comunidad y eso es muy interesante.
Pues sí, yo no puedo decirte otra cosa. Lo que estamos haciendo lo hacemos con mucho cariño, eso sí que te lo puedo decir. Todos los que participan lo hacen con mucho cariño y hay mucho esfuerzo por todas las partes involucradas.
¿Hay algo que nos quede por comentar?
Sí, decir que todos los conciertos son benéficos y, en este caso, este año va para la Asociación Española contra el Cáncer.