La Universidad Carlos III de Madrid convocó a músicos y estudiantes de jazz a responder una encuesta que será la base de un estudio completo sobre la situación profesional en la escena local. El jazz ha sido tradicionalmente un ámbito mayoritariamente masculino, aunque esa realidad comenzó a modificarse en las últimas décadas.
Aunque hoy tengan menor visibilidad, la discriminación y la ausencia de equidad de género tienen una larga historia en el jazz. Los hombres, se sabe, llevaron el liderazgo en el desarrollo del género durante el siglo XX. De hecho, no hubo mujeres en los grandes grupos instrumentales del jazz moderno, como los que condujeron Miles Davis, Thelonious Monk, Charles Mingus o los tríos de Bill Evans. Sólo John Coltrane incorporó a su mujer Alice al final de sus años creativos, al dar por concluido su clásico cuarteto. Acaso sería injusto evaluarlo con la perspectiva de nuestra época, porque no fue sólo el jazz un territorio exclusivo del género masculino, naturalmente. Pensemos que por aquellos albores del jazz moderno muchos países aún no habían otorgado a la mujer el derecho al voto. Pero el momento actual, con todos los avances que las artistas mujeres han logrado, no deja de evidenciar trazos de patriarcado. Una de las big bands más conocidas de este tiempo, la Jazz Lincoln Center Orchestra, sólo tuvo integrantes varones hasta 2024, cuando se incorporó Alexa Tarantino como solitaria representante de las instrumentistas mujeres.
Con la irrupción del jazz moderno, las mujeres consolidaron su papel tradicional de cantantes, pero aquellas que buscaban correrse de ese rol arquetípico y hacer carrera con un instrumento debían remar en aguas turbulentas. ¿Puede decirse que el silenciamiento de muchas mujeres ha sido una decisión deliberada de la concepción patriarcal? En el caso del jazz, pensemos cuántas mujeres instrumentistas —como Melba Liston, Connie Crothers, Clora Bryant, Emily Remler o Barbara Donald— fueron relativizadas o directamente desalojadas de las narraciones oficiales sobre el jazz.
Más cerca en el tiempo, la situación comenzó a cambiar, y nombres como los de Carla Bley, Geri Allen, Irene Schweizer, Toshiko Akiyoshi o Marian MacPartland, por nombrar a algunas que ya no están, irrumpieron en la escena a fuerza de talento y, naturalmente, de lucha. Hoy gran cantidad de mujeres sobresale en la consideración de audiencias, críticos y distinciones de publicaciones especializadas. Basta mencionar sólo a un puñado de artistas consagradas como Amina Claudine Myers, Marilyn Crispell, Sylvie Courvoisier, Mary Halvorson, Patricia Brennan, Myra Melford, Satoko Fujii o Ingrid Laubrock para tomar noción de la relevancia que han alcanzado las mujeres en el tablero del jazz y la música improvisada.

Para indagar con mayor rigor en la situación de las mujeres en el ámbito del jazz local se ha lanzado una encuesta que oficiará como insumo para el estudio denominado “Situación personal y profesional en la escena del jazz”, que llevará adelante la Universidad Carlos III de Madrid. El trabajo está coordinado por la académica Rebeca Muñoz García, docente e investigadora de esa casa de estudios, quien ha invitado a todos los músicos que actúen en España a responder la mencionada encuesta, que estará disponible hasta el 8 de julio. Unos meses después se procesarán los datos para avanzar en el estudio completo de la situación del sector.
Rebeca Muñoz García convoca con énfasis a participar de esta consulta, porque ello “contribuirá enormemente al avance de la ciencia y a conocer en profundidad la situación de las personas trabajadoras del sector artístico-musical en España”, nos ha dicho.
La encuesta está dirigida a profesionales de la escena y responderla llevará aproximadamente 10 a 15 minutos. Se puede acceder al cuestionario a través del siguiente enlace: https://ee-eu.kobotoolbox.org/x/ccNmTCZy
En un estudio anterior, publicado en el libro The Routledge Companion to jazz and gender (2022), Rebeca evaluó que “las mujeres músicas de jazz experimentan discriminación tanto por razón de género como por su condición de trabajadoras culturales. Las artistas se enfrentan a importantes obstáculos para construir carreras profesionales largas y estables. En espacios artísticos dominados por hombres, como las escenas musicales y jazzísticas, las identidades se configuran a través de prácticas discursivas y musicales fuertemente generizadas. La segregación laboral por género constituye una característica definitoria del sector musical, donde los roles profesionales asignados a mujeres y hombres condicionan las posibilidades de crecimiento profesional en aspectos como la distribución de oportunidades laborales, la contratación, el acceso a la profesión, la creación de redes, el reconocimiento social y profesional, los estereotipos de género y los prejuicios sociales”.
Y hace referencia a un estudio previo según el cual, en España, sólo el 15% de las compositoras pudieron publicar sus obras en 2014. Del mismo modo, el 72,8 % de las mujeres que trabajaban en la música popular eran autónomas frente al 66,8 % de los hombres, y el 30,1 % de las mujeres del sector ni siquiera cotizaban a la Seguridad Social. Y cabe añadir que en los estudios superiores de jazz, apenas el 15% de las matriculadas son mujeres.
Con el procesamiento de los datos de la encuesta se tendrá un panorama más completo de la situación actual de las mujeres en la escena del jazz español, tanto en el plano de los estudios profesionales y superiores como en el acceso a oportunidades para artistas mujeres con vocación de registrar su música y presentarla en vivo.