Una canción irlandesa y alegría ‘vintage’ para encender la mecha del Eivissa Jazz

La violinista y cantante Sinéad Cormican, al frente de un combo de músicos mallorquines, y la alianza entre Jive at Nine y Swingin’ Tonic encienden al público que llena el Passeig de Vara de Rey

Texto: Redacción

Fotos: Andrés Iglesias

@fotoandresiglesias

El violín de Sinéad Cormican enmudece S’Alamera. El público ya ha tomado asiento cuando la mallorquina ha arrancado las primeras notas de Chant of Bilú, el primero de los siete temas de Sang. El disco que grabó esta cantante de raíces irlandesas y gaditanas —su apellido materno es Benítez— en el Jazz a Mar de Portocolom, Felanitx, allá por 2021 suena completo, limpio, sabroso y novedoso. Sus siete temas nunca se habían interpretado en «la isla vecina», como dice la intérprete, y sirven para inaugurar esta noche la trigésimo octava edición del Eivissa Jazz. Aires clásicos y juguetones. Un variat de gigas; boleros; baladas; piezas más jazzísticas, dominadas por el scat. También,  una rumba, Ma, donde se habla de otra isla, la de Camarón: San Fernando, que Cormican le dedicó a su familia andaluza.

Como aliño, una buena colección de solos donde el trombón de Tomeu Garcias llevó la delantera. Su hermano Joan –al contrabajo–, el pianista Toni Vaquer y Andreu Pitarch —en la batería— completaron un combo que también regaló al público Coses d’enamorats, un tema popular de Llucmajor, el pueblo de los Garcias Tur. Quizás porque el trombonista y el contrabajista tienen “una pata ibicenca”, como recordó Cormican, en el patio de butacas, la tonada a muchos les debió parecer prima no tan lejana de la cançó redoblada pitiusa. Por letra y por ritmo. El gran final tuvo color esmeralda: un Irish tune compuesto por el padre de Sinéad. El comienzo a capela enlazó con el inicio del concierto. Emotividad fundida con un crescendo continuo donde el violín terminó reclamando protagonismo para convertir al paseo en una taberna de Galway. Hubo palmas mientras la banda brincaba sobre las tablas; sólo faltaron las pintas de cerveza negra.

Un noneto emergió tras la pausa. Jive at Nine es una de las últimas apuestas jazzeras que comanda Vicent Tur Ramon, coordinador artístico del festival. Un combo —grande, pero a la vez pequeño: secciones de saxos y trompetas; trombón, contrabajo y batería— que recuerda aquellos tiempos en los que las big bands podían viajar en minibús. La propuesta fue todo un homenaje a los clásicos: no en vano, toma su nombre prestado de un conocido estándar compuesto por el pianista Count Basie y el trompetista Harry Edison: la orquesta que dirigía Basie se encargó de grabar y popularizar en 1939. Tiempos en los que el jazz era, más que una música irreverente, el estilo de los canallas. Algo —para según quién— prohibido. A ese espíritu se encomendaron los Jive at Nine aliándose con Claudia Ottelli e Iván Pacheco. O, lo que es lo mismo, Swingin’ Tonic en formato dúo. Voz y guitarra, alegría vintage a la que se sumó Sinéad Cormican, invitada a entonar dos temas: Why Don’t You Do Right? –al que dieron fama Peggy Lee y Benny Goodman– y Beggin’, un soul que The Four Seasons –la banda donde se inició el mítico Frankie Valli– lanzó al mercado yanqui en 1967 con éxito.

Mañana, el jazz volverá a pedir pista con el tradicional bolo de la Big Band Ciutat d’Eivissa —escoltando a Gospel Lab— y la actuación de Ibossim Flamenco. El show arrancará a las 21h en el Parc Reina Sofia. Las entradas para viernes, sábado y domingo pueden comprarse en la web del festival.

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