Cuando el jazz se convierte en espectáculo: Pat Metheny en Noches del Botánico

El concierto de Pat Metheny en Noches del Botánico estuvo planteado como presentación de su último trabajo, Side-Eye III +, del que se interpretaron varios temas a lo largo de la actuación. Sin embargo, más allá del repertorio, uno de los aspectos más destacables fue la manera en la que Metheny y su banda construyeron un espectáculo continuo, en el que la puesta en escena, los cambios de formación, los instrumentos y la iluminación tenían un papel fundamental.

Texto: Peio Arranz

@peioarranz_11

Fotos: Chema Muñoz

@chema_munoz_rosa

El concierto comenzó con Metheny tocando una guitarra de nylon, para pasar posteriormente a la guitarra eléctrica. La formación estaba compuesta por guitarra, teclados, contrabajo, batería, percusión y voz. Desde el primer tema se podía observar que cada músico tenía una función muy flexible. El percusionista, por ejemplo, comenzó presentando la melodía principal mediante la voz y posteriormente pasó a desempeñar un papel de apoyo. Su presencia fue especialmente importante durante todo el concierto, tanto desde el punto de vista rítmico como por su utilización de la voz, aparentemente procesada en algunos momentos.

Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue la concepción del concierto como un espectáculo prácticamente sin interrupciones. A diferencia de lo que suele ser habitual en determinados conciertos de jazz, apenas hubo parones o intervenciones habladas entre los temas. Los cambios de guitarra y de formación se realizaban como parte del propio desarrollo de la actuación. Incluso la entrada de los músicos al escenario se produjo mientras tocaban percusión, a modo de marcha, haciendo que el concierto pareciera comenzar antes incluso de que todos estuvieran situados.

Esta continuidad hacía que el concierto tuviera, en algunos momentos, una sensación muy cercana a la de un directo de rock. La música no se presentaba como una sucesión de temas independientes, sino como un espectáculo en constante evolución. La propia puesta en escena mantenía la atención del público mediante los cambios de instrumentos y de formación, sin necesidad de recurrir continuamente a la comunicación verbal.

Desde el punto de vista del lenguaje musical, Metheny se alejó en buena medida del bebop para moverse entre el blues, el swing y lenguajes más contemporáneos. Consiguiendo así, un discurso puesto al servicio del disfrute del público, algo que muchas veces queda de lado en los conciertos de jazz.

Uno de los momentos más esperados y celebrados por el público fue el uso de la guitarra MIDI, que tuvo un papel fundamental dentro de la propuesta. Metheny podía cambiar rápidamente de instrumento y pasar de la guitarra convencional a sonidos que se alejaban completamente de la concepción tradicional del instrumento. En uno de los momentos más llamativos, realizó un cambio de guitarra durante el propio tema para comenzar a utilizar un sonido similar al de un sintetizador y desarrollar un solo a partir de él. De esta forma, la tecnología no aparecía simplemente como un recurso añadido, sino como una parte integrada de su manera de tocar y de la propia puesta en escena.

También resultaron interesantes los cambios de formación. En diferentes momentos, Metheny pasó de tocar con el quinteto completo a formatos más reducidos, como lo fue el blues interpretado por Metheny, con batería y teclados. Después del pasaje a trío, la reincorporación del contrabajo y la percusión produjo un aumento inmediato de la presencia sonora del grupo. Más adelante, Metheny pasó a la guitarra acústica, introduciendo un cambio de carácter en el repertorio, con un tema más cercano a lo folklórico y mayor protagonismo de la melodía vocal. En esta parte, sin embargo, la guitarra acústica quedaba en ocasiones demasiado baja cuando Metheny no ocupaba el primer plano, hasta el punto de que en algunos momentos resultaba difícil percibirla con claridad.

La iluminación fue otro de los elementos que mejor acompañaron la actuación. Las luces estaban coordinadas con diferentes finales, silencios y cortes musicales, de manera que algunos momentos de resolución tenían también una respuesta visual. Este recurso reforzaba la sensación de que la puesta en escena estaba cuidadosamente integrada con la música y no se limitaba a cumplir una función decorativa.

En la parte final, después de aproximadamente dos horas, Metheny volvió a la guitarra de nylon para tocar en solitario. Posteriormente se incorporó el percusionista, que llegó a cantar junto a él, y finalmente volvió a entrar el resto de la banda. Fue especialmente interesante esta manera de reconstruir progresivamente la formación después de haber reducido el concierto a un solo instrumento. Además, en este tramo apareció por primera vez de manera clara un tema con voz y letra.

La actuación terminó prolongándose mediante varios bises, alternando nuevamente entre guitarra sola y banda completa. Uno de los momentos más contundentes llegó con un tema especialmente cercano al rock, basado en batería y guitarra acústica, en el que Metheny utilizó distorsión y octavador. Finalmente, después de los diferentes bises, volvió a cerrar con la guitarra sola.

Como aspecto mejorable, considero que el empleo de cámaras y pantallas podría haber aportado todavía más al espectáculo. Teniendo en cuenta la magnitud del artista y el elaborado trabajo escénico de la banda, habría sido interesante poder contemplar algunos fragmentos más de cerca mediante el monitoreo del recinto. Esto habría permitido apreciar con mayor detalle determinados momentos de la actuación, especialmente los cambios de instrumentos y la interacción entre los músicos.

En definitiva, considero que el principal valor del concierto estuvo en su concepción escénica. El dominio instrumental de Metheny resulta evidente, pero lo más interesante fue la manera en la que consiguió convertir ese dominio en un espectáculo continuo y dinámico. La ausencia de parones, los cambios de guitarra, el uso de la guitarra MIDI, las modificaciones de la formación y la iluminación sincronizada con la música hicieron que la actuación se alejara de la estructura más convencional de un concierto de jazz y se acercara, en determinados momentos, a la experiencia de un concierto de rock.

El concierto demostró así que la propuesta de Metheny no depende únicamente de la interpretación de un repertorio, sino también de cómo este se presenta ante el público. La música y la puesta en escena estuvieron constantemente relacionadas, haciendo que los cambios instrumentales, las entradas y salidas de músicos y hasta los silencios formaran parte de una misma experiencia. Esa continuidad fue, probablemente, el elemento que más marcó la personalidad del concierto.

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