El Festival de Jazz de Eivissa afronta su 39ª edición reivindicando una manera propia de entender la programación: artistas internacionales junto a músicos de la isla, jóvenes talentos junto a nombres consolidados y escenarios históricos que convierten cada concierto en parte del paisaje ibicenco. Al frente de la dirección artística está Vicent, trombonista, profesor y director de la Big Band de la Escuela Municipal de Música, que afronta su tercera edición con una premisa tan sencilla como poco habitual: programar aquello que considera interesante, incluso cuando no sea lo más fácil de vender.
En Ibiza también hay jazz. Y no como una nota al pie de la imagen más conocida de la isla, sino como una escena con músicos, público, escuelas y una historia que se remonta a casi cuatro décadas. El Festival de Jazz de Ibiza llega este año a su 39ª edición convertido en una de esas citas que, quizá precisamente por mantenerse al margen de los grandes nombres que se repiten en el circuito, merece ser descubierta.
Su historia comenzó como un concurso para jóvenes músicos españoles organizado por el INJUVE, por el que pasaron nombres como Chano Domínguez, y con el tiempo fue transformándose en el festival que hoy conocemos: una programación abierta a la escena local, nacional e internacional, con una especial atención a los músicos jóvenes y a la creación de espacios de encuentro entre generaciones. Una filosofía que encuentra una de sus expresiones más singulares en los proyectos que reúnen a músicos de fuera con intérpretes de la isla, como el que este año protagoniza Abe Rábade.
Pero si algo define actualmente al festival es la libertad que permite su modelo de gestión. Sostenido por el Ayuntamiento de Eivissa, sin la presión de rentabilizar cada concierto, el criterio artístico puede ocupar el centro de la programación. Es ahí donde aparece la figura de Vicent, músico, profesor, trombonista y director de la Big Band local, que por tercer año se encarga de buscar los nombres que pasarán por el festival. Su apuesta combina descubrimiento, territorio y una mirada especialmente atenta a la cantera ibicenca.

Porque hablar del Festival de Jazz de Ibiza es también hablar de una isla que quiere ampliar el relato que se ha construido sobre ella. De conciertos gratuitos a pie de calle a actuaciones en el interior de sus murallas renacentistas; de músicos locales que regresan tras formarse fuera a propuestas internacionales poco conocidas incluso para los aficionados más especializados. Y de una idea que sobrevuela toda la conversación: que un festival público puede permitirse algo cada vez menos frecuente, programar no aquello que necesariamente conoce todo el mundo, sino aquello que merece ser escuchado.
Comencemos por el principio, ¿cuál es la historia del festival?
Pues, a ver, el Festival de Jazz de Ibiza tiene más historia de lo que podría parecer en un primer momento. Son ya treinta y nueve ediciones. La primera, si no recuerdo mal, en principio era un festival que organizaba el INJUVE y era, digamos, una competición. Venían grupos jóvenes españoles y había un concurso. Recuerdo especialmente un año en que ganó un grupo de Barcelona, Saxophobia. También llegó a ganar Chano Domínguez.
Con los años, pues dejó de ser competitivo y acabó siendo un festival de jazz muy enfocado a músicos nacionales y jóvenes.
Desapareció un par de años y luego volvió, creo que para 1998, ya en el formato actual, que era de varias noches, con muchos artistas locales y nacionales, pero luego también de fuera. Desde entonces, más o menos, ha seguido igual, una mezcla de jóvenes nacionales y artistas internacionales.
Lo que me llamó la atención del cartel es la diferencia de enfoque con la mayoría de festivales grandes, el cómo está compuesto, porque los nombres que aparecen no se repiten en ningún otro evento. También veo que incluís a muchas propuestas de la isla, la Big Band de Ciudad de Eivissa, Abe Rábade, etc.
Lo de Abe Rábade es curioso porque es parte de un proyecto que comenzó Juan Jesús García Merayo y que lleva muchos años. Invitamos a músicos de la escena nacional a tocar con músicos jóvenes, cada año se monta un grupo diferente. Es un experimento en el que prácticamente no hay ensayos en vivo y se ha convertido en un clásico del festival: se juntan en Ibiza, ensayan y montan el bolo. Para mí es uno de los conciertos más esperados del año
¿Cuántos años llevas programando el festival? ¿Por casualidad eres también músico?
Sí, yo soy profesor y jefe de estudios en la Escuela Municipal de Música, soy trombonista y también dirijo la Big Band. Respecto al festival, este año es la tercera edición que programo, me ocupo de buscar los grupos, etc.
Se nota que hay mano de músico detrás de esto.
Ah, gracias. Sí, porque no sé, más o menos lo que hago es comenzar a buscar grupos en Ibiza y en el resto de Baleares. Muchas veces traes grupos de América, de Europa, no sé qué, y aquí al lado de Mallorca y Menorca, pues hay muchos nivele de jazz. Tenemos un conservatorio superior que hace el superior de jazz, donde vamos tres años seguidos trayendo los grupos que han salido de ahí. Este año, por ejemplo, viene Sinéad Cormican, una violinista y cantante increíble con raíces que no son de las islas, pero que ha vivido aquí mucho tiempo.
Luego también, pues eso, muchos grupos locales, un grupo de swing que tocará la misma noche que Sinéad. Luego, al día siguiente tenemos la Big Band que dirijo, que es local, de músicos profesionales y alumnos de la escuela, y cada año hacemos una cosita diferente para el festival. Es como nuestro reto anual.
Al final es interesante que funcione el jazz como una plataforma que integre un poco todo eso. Es decir, que haya confluencia y que sea una oportunidad para curtir músicos, crear cantera.
Sí, claro. Además, en un sitio como Ibiza pasa que en cuanto se van a estudiar fuera, muchos dejan de tocar, dejan la música. Me gusta pensar que con estas iniciativas podemos conseguir que algunos estudiantes de la escuela que han tocado un par de añitos en la Big Band y en el festival, al irse fuera, aunque estudien una carrera totalmente diferente, sigan tocando. Para mí eso ya es un triunfo.
Por ejemplo, este año tendremos un chico que estuvo un par de años tocando jazz en la Big Bang y ahora está en Sevilla, pero sigue tocando en diferentes formaciones por ahí. La mayor satisfacción no es hacer que de una escuela salgan músicos profesionales, que también, sino que la gente siga tocando y amando la música.
Claro, de hecho, lo estáis consiguiendo, porque sorprende la intensidad de los festivales de jazz que hay en el archipiélago balear. Es decir, tenéis el Jazz a Pobla que se está terminando, el festival de jazz de Menorca, etc. Son todos festivales con una trayectoria, con una historia y con unos carteles muy potentes.
Sí, también está el de Formentera, que se suele hacer el primer fin de semana de junio, que creo que este año celebraba la décima edición. Este es más pequeñito, pero sí, dura como dos, tres días y forma parte de este ciclo de festivales baleares. Tiene mucho mérito porque además también es gratuito.
Aquí en Ibiza tenemos dos noches gratuitas, que son martes y miércoles, que son, digamos, para los grupos locales. De jueves a sábado tocamos dentro del recinto amurallado, unas murallas renacentistas de las mejor conservadas del Mediterráneo. Ahí los conciertos son de pago. Los que hacemos gratuitos son a nivel de calle, o sea, debajo de las murallas.
¿Cómo afecta la cuestión del turismo a un sitio como Ibiza? Me refiero a que lo que hacéis es un tanto “revolucionario”, al menos viéndolo desde el punto de vista estereotípico del turismo ibicenco. ¿Cómo es vuestro público?
No sé si se puede hablar de un prototipo de público. Quizás se puedan hacer estadísticas, pero yo creo que los turistas no son la mayoría. Sí hay un perfil que es el de los extranjeros residentes en Ibiza. Esta gente se pasa aquí más tiempo y busca cosas diferentes; la gente que solo viene de fiesta ni se entera de que esto existe. La gente que viene al festival viene a escuchar música y nos agradece también.
Desde la parte artística, que es la que te toca a ti, estábamos hablando ya de la programación, me estabas contando un poco cómo la organizabas. Me refiero a esa parte tan particular, porque los que estamos interesados sabemos que hay una calidad, hay una sensibilidad, detrás de programar grupos como los de esta edición, no son perfiles de jazz al uso.
Sí, a ver, siempre crees que no vendería mucho más una gran estrella internacional que se conozca. Sin embargo, a mí me gusta traer gente así, me gusta traer grupos que me gustan, aunque no sean muy conocidos. Y, de hecho, uno de los mayores piropos que mandaron el año pasado, fue porque trajimos a Escalandrum, que es un grupo argentino que yo no conocía y me lo enseñó un colega aquí. Son grupos de una calidad impresionante que pueden llegar a pasar desapercibidos incluso a los más melómanos, a esa gente que realmente agradece descubrir y escuchar cosas nuevas. Eso es algo que gusta mucho. Que venga esa gente que sabe mucho jazz y no conocía a un grupo y de repente se lleva una sorpresa… es el mayor piropo que me han hecho.
Claro, al final es interesante cuando vas a un festival a descubrir, pero hacer esto también conlleva riesgos.
La cuestión es que con los años se fueron retirando, digamos, de la financiación del festival todas las administraciones públicas que había, como el INJUVE, el Consejo Insular, el Gobierno Balear, etc. Se fueron retirando todos. Ha quedado solamente el Ayuntamiento, y esto quiere decir que lo financia todo una entidad pública, con lo cual, el objetivo no es ganar dinero. Si es un festival privado, tienes que traer grandes estrellas porque el objetivo es llenar, recuperar el gasto. Aquí no. No tenemos que programar pensando en la recaudación, lo que da una cierta comodidad de no tener que traer a figuras con el objetivo de vender, sino que puedo programar en función de lo que creo que puede resultar interesante, artístico
¿Y sostener el festival en esos términos? Es decir, me estás hablando ahora de la parte buena, pero entiendo que a la hora de enfrentar un festival como este, pues también hay retos, dificultades, problemas…
Claro, sí. En Ibiza no hay sitios adaptados para la música, hay que montar escenarios, hay mucha logística detrás. Hacemos lo que podemos con el presupuesto que hay, intentamos buscar la forma de sacarlo adelante sin perder calidad. Por ahora parece que funciona la cosa.
¿Cómo es el ambiente del festival? Da la sensación de que en el archipiélago hay público suficiente para sostener la escena del jazz, conozco a muchos grandes aficionados de las islas, además de músicos.
Sí, como te comentaba antes, no hay un análisis como tal, pero aquí hay mucha afición y hay algunos incombustibles como José Luis Luna o Serrán Pereira, que están aquí cada año. Desde fuera puede dar la sensación de que entre islas estamos un poco aislados, o que nos damos la espalda, pero no es así.
Me gusta que el festival esté planteado en los términos que me comentas, porque no es nada habitual, precisamente por lo que decías antes, porque aquellos que tienen financiación privada hay veces que es un imperativo el llenar, a lo mejor no en todos los conciertos, pero que el festival tiene que ser rentable, sí o sí.
Claro que sí, un festival privado tiene que llenar, si no ganar dinero, al menos no perderlo.
Al final, la administración tiene esa capacidad y ese objetivo: promocionar la cultura sin esperar nada a cambio. Y en ese sentido, yo creo que por ahora nos dejan funcionar bien.
También vi que los emplazamientos cambian, ¿qué representan para el festival? ¿Son todos espacios históricos?
Sí, por ejemplo, la primera noche se hace en el Paseo de Vara de Rey, que digamos que es como el paseo principal o la ronda de Ibiza, que es un sitio muy céntrico, que es ya donde empieza la parte antigua de la ciudad. Y ahí es un sitio donde pasa todo el mundo y siempre ves gente que descubre el festival de allí. Dos conciertos gratuitos en el principal paseo de la ciudad.
La segunda noche, pues vamos a un sitio que se llama el Parque Reina Sofía, que está a los pies de las murallas, pero que también es histórico. O sea, estás ya a un paso de la entrada a las murallas. Y también lo hacemos para abrir el festival a más gente. Mucha gente viene ahí. Luego, ya las tres últimas noches, es arriba, que es gente que tiene que subir, tiene que saber que existe el festival y pegarse la pateada de subir a las murallas con el calor que hace, porque saben que van a llegar al festival.
Bueno, pero eso al final forma parte de la experiencia, digamos.
Sí, sí. Media ciudad ve el montaje del festival y oye las pruebas de sonido, ve luego el concierto por la noche y supongo que alguien sube también por curiosidad cada año, no solamente los acérrimos. Sí, claro.
Y ya de cara al futuro, ¿qué planteas para el festival? ¿La misma dinámica o pretendes intentar hacer crecer el festival?
Hombre, hacerlo crecer siempre interesa, pero es complicado. Sé que por parte de la empresa se está buscando financiación privada, sponsors y tal. A veces es un poquito difícil, también porque esta es una isla muy enfocada a un turismo de fiesta, pero bueno, la voluntad está. Y luego también, al ser un festival que depende de un ayuntamiento, pues cada año que hay elecciones está la incógnita de si se seguirá apostando por el festival. Por ahora hemos tenido suerte, ha habido todos los colores de equipos de gobierno y han seguido apostando por el evento.
Yo creo que desde el espectro político, desde el ámbito político, es necesario también, porque, a lo mejor, no hacerlo puede hacer que vuelva un poco a monocultivo en cuanto al tipo de turismo que quieren y bueno, al final hay que diversificar, hay que atraer a otro tipo de cosas y también programar más allá de la fiesta. Un festival que ves que cada noche se llena aunque sea de público básicamente local, que la gente lo está esperando, que es una cosa diferente a todo lo demás que se hace en la isla, pues yo creo que ellos ven que hay que apostar por esto, sean del color que sean.
Me parece muy interesante todo lo que me cuentas. Este año no podré ir, pero es una cita a la que tengo que asistir pronto. No sé si nos queda alguna cosa importante por tocar que te gustaría comentar.
Bueno, sobre los artistas locales, lo que te comentaba antes, que este año participarán varios músicos que fueron alumnos aquí, algo que nos hace especial ilusión. Tenemos un chaval, un guitarrista ibizenco que está haciendo el superior de jazz en el Liceu y que vendrá con su propio grupo la noche del jueves es que se llama Antoni Marí y además tocará con Abe Rábade y es un músico que promete. Es una promesa ibicenca y no lo conocía hasta hace dos años, pero lo ves tocar y ves el grupo que lidera y dices: ¡madre mía, qué bien!
De vez en cuando te llevas a alguna alegría que de una isla tan sale alguna figura y este será uno de ellos.
Muchas gracias por esta conversación, Vicent. Ha sido un placer. Mucha suerte con el festival.