Entrevista con Yvan Corbat, director del festival Fifty-Fifty: «No queremos forzar la fusión»

El jazz y la poesía llevan décadas cruzándose, aunque no siempre lo hagan de manera evidente. Fifty-Fifty decidió convertir esa relación en el centro de un festival que nació en Avilés durante la pandemia y que este año alcanza su sexta edición. Del 24 al 27 de septiembre, la ciudad volverá a acoger cuatro días de conciertos, lecturas, encuentros, talleres y propuestas que buscan algo más difícil que juntar dos disciplinas: encontrar un espacio común entre ellas.

Texto: Adrián Besada

@besagartha

Hay algo deliberadamente extraño en Fifty-Fifty. No porque mezcle jazz y poesía —la relación entre ambos tiene una historia demasiado larga como para presentarla como una extravagancia—, sino porque ha decidido construir un festival entero alrededor de ella. En Avilés, una ciudad sin una tradición jazzística especialmente asentada, cuatro amigos pusieron en marcha en 2021 una asociación cultural que terminó convirtiendo aquella conversación musical de un grupo de WhatsApp en una cita que este año alcanza su sexta edición.

La fórmula sigue siendo sencilla y, a la vez, bastante más compleja de lo que parece: cincuenta por ciento jazz, cincuenta por ciento poesía. Pero el Fifty-Fifty no se queda ahí. La idea del equilibrio atraviesa también la presencia de hombres y mujeres, la procedencia de los artistas o la convivencia entre nombres consolidados y proyectos emergentes. El resultado es un festival que ha ido encontrando su identidad precisamente en no parecerse demasiado a un festival de jazz convencional.

La sexta edición, que se celebrará del 24 al 27 de septiembre, vuelve a desplegarse por distintos espacios de Avilés, desde el Teatro Palacio Valdés y la Casa de Cultura hasta la Factoría Cultural, el Conservatorio Municipal Profesional Julián Orbón y las calles del centro. Más de una veintena de actividades articulan una programación en la que conviven conciertos, poesía, talleres, encuentros, pasacalles y propuestas abiertas al público. Irene Reig será la encargada de inaugurarla y Kyle Eastwood protagonizará uno de los conciertos centrales con Eastwood by Eastwood, un proyecto que lleva al terreno del jazz algunas de las músicas vinculadas al cine de Clint Eastwood. Marialy Pacheco cerrará la edición al frente de su trío.

Pero quizá lo más interesante del Fifty-Fifty esté en todo aquello que sucede alrededor de los nombres del cartel. La organización ha hecho de la gratuidad y de los precios contenidos una parte importante de su estrategia para construir público en una ciudad que no tenía un circuito de jazz especialmente desarrollado. Pasacalles, talleres, actividades poéticas, encuentros y conciertos en espacios pequeños conviven con los grandes nombres internacionales. Los seis conciertos de pago tienen precios de entre 15 y 25 euros, mientras buena parte del resto de la programación es de acceso gratuito.

Esa voluntad de crear audiencia atraviesa buena parte de la conversación con su director. También la preocupación por generar un ecosistema que permita a los músicos y poetas asturianos trabajar en su propio territorio, establecer conexiones con otras iniciativas y encontrar escenarios para sus proyectos. No es una cuestión menor: organizar un festival desde Avilés implica trabajar con una escena local todavía en construcción y, al mismo tiempo, intentar que la ciudad forme parte de circuitos internacionales que habitualmente pasan por otros lugares.

La programación de este año vuelve a insistir en esa mezcla de escalas y lenguajes. Al lado de Kyle Eastwood aparecen Irene Reig, Taurn, el Paco de Lucía Songbook Septet, Mirla Riomar Trio y Marialy Pacheco; alrededor de ellos, una programación poética que incluye, entre otras propuestas, un encuentro dedicado al humor como herramienta poética con Laura Chivite, Carlos Pardo y Sofía Castañón. El cartel de Rafael García Barrero, además, incorpora un homenaje al poeta Ángel González y vuelve a subrayar la voluntad de paridad que forma parte del ADN del festival.

Fifty-Fifty llega así a una sexta edición que ya no necesita presentarse como un experimento. El festival sigue teniendo que pelear por financiación, público, tiempo y circuitos, pero también ha conseguido algo más difícil de medir: que aquella asociación de cuatro amigos tenga hoy un lugar propio dentro del calendario cultural asturiano. Hablamos con su director sobre jazz, poesía, periferias, creación de públicos y sobre cómo se construye una escena cuando todavía está por construirse.

Cuando hablamos de Fifty Fifty, no hablamos de un festival de jazz al uso, ¿cierto?

Sí, te cuento. El festival se creó en el año 2021, durante el COVID. Lo creamos un grupo de cuatro amigos. Hicimos una asociación cultural sin ánimo de lucro. Todos tenemos nuestros trabajos y nuestras vidas, pero en aquel momento surgió la idea del festival y aquí seguimos.  Teníamos un grupo de Whatsapp donde nos intercambiábamos música y ahí nos dimos cuenta de que había mucha afición por el jazz, a pesar de que pensábamos que era un grupo bastante rockero. Como teníamos más tiempo libre del habitual, comenzamos a darle forma a la idea de un festival de jazz y poesía, que es otra cosa que nos interesa mucho. Ahora formamos parte de Plataforma Jazz España.

En la asociación estamos Alfonso Martínez Tuñón, Gonzalo y Sergio Suárez, y yo. En aquel momento planteamos la posibilidad al ayuntamiento de Avilés, que es una ciudad con una tradición cultural muy grande, pero no contaba con nada que tuviese que ver con jazz ni poesía, así que la acogieron bastante bien. Luego ya buscamos los apoyos para la financiación, etc.

Lo que hace a este festival diferente y que nos da mucha identidad es precisamente el hecho de mezclar jazz y poesía. Programamos durante cuatro días y mantenemos esa idea del 50-50, mitad jazz y mitad poesía, mitad hombres y mitad mujeres, mitad artistas nacionales y mitad internacionales, etc. Es el equilibrio.

¿No os interesa la fusión del jazz y la poesía?

Tenemos ganas de que se fusionen las dos partes también, pero no es fácil. No queremos forzar la fusión, preferimos garantizar la calidad y que la gente que venga haga sus propuestas, aunque sí tuvimos muy buenas experiencias que incluían ambas cosas.

Ya desde la primera edición, cuando tuvimos, por ejemplo, una creación que fue solamente para el festival y se representó una sola vez, que fue un encuentro entre Benjamin Prado y Jorge Pardo. Benjamin creó unos poemas que Jorge musicalizó y concibieron todo un mundo, un espectáculo, en el que se dio una fusión entre poeta y música preciosa.

Un homenaje también, que fue muy importante el primer año, a Joan Margarit, que había fallecido aquel año. Es el mayor representante en España de la llamada poesía del jazz. Era un fanático de la música en general y del jazz en particular. Se dio la casualidad de que su hijo, Carles Margarit, es saxofonista y quiso participar en este homenaje. Y también espectáculos ligados a la poesía, como la recuperación por José San Cristán de su homenaje a Antonio Machado, o el de Lorca de Nueva York, acompañado del jazz de Alberto San Juan. Unos nombres muy emblemáticos.

Respecto a la fusión, para acabar un poco el tema, se puede decir que funcionó un poco como laboratorio al principio dentro del festival, sabíamos que había una relación clara entre jazz y poesía, pero bueno, no teníamos tanta seguridad sobre poder programar solo en función de eso.

¿Hay más propuestas como esta?

Antes de comenzar con el evento, buscamos un poco y vimos que no había ningún festival, desde luego, en España, ni en Europa, ni hasta donde nos llegó la búsqueda por varios idiomas en Google. Ha habido encuentros, por lo que te digo, históricamente siempre ha habido una relación entre el jazz y la poesía. En esta es importante también la sonoridad, y también hay un paralelismo en toda su evolución en el siglo XX, desde las vanguardias hasta la bohemia. Ese imaginario sobre los años 50, con el humo y el whisky, coincide con el ambiente de ambas artes.

Sí, bueno, y qué mejor medio para romantizar que la poesía, ¿no?

Sí, sí, sí, no, por supuesto. Y para también investigar o innovar. Se ve lo mismo en el jazz, una música que innovó, que se permitió libertades saliendo de la música tradicional, rompiendo esquemas.

Además, descubrimos que un profesor de la Universidad de Sevilla, Juan Ignacio Guijarro, había hecho una antología de la poesía del jazz. Yo no conocía hasta el festival realmente esta relación, al menos no tan de cerca. Gracias a este libro de Guijarro descubrimos más de 150 poemas, más de 100 poetas que han tenido poemas con referencia al jazz. Con lo cual, todo eso nos dio bastante coherencia y fuerza y tiramos para adelante. Creamos una primera edición y no sé cómo ya vamos a por la sexta, que va a comenzar el 24 de septiembre.

Es un festival que ya formaría parte de la programación de otoño. ¿Por qué en septiembre?

Los primeros años los hicimos en noviembre, luego, por disponibilidad de salas y temas administrativos, tuvimos que pasar a septiembre. No son las mejores fechas para el jazz, porque ya sabes que las grandes giras están en verano o empiezan a partir de mediados de octubre o noviembre. Eso lo notamos a la hora de programar, tuvimos que hacer muchos esfuerzos para poder tener programación internacional y, bueno, es una suerte, de hecho, poder traer a Kyle Eastwood y que adelantara su gira europea para venir al festival este año.

Al final la fecha ya se va consolidando, y supongo que los músicos también la tienen en el ojo a la hora de hacer sus circuitos y sus giras.

Sí, pero estamos condicionados. Para el músico que quiere venir desde Estados Unidos, necesita poder encontrar otros festivales antes o después para que merezca la pena el viaje, no estar dos semanas esperando a que empiecen los festivales. Ese es el problema que tenemos.

Pero estas fechas todavía permiten hacer actividades al aire libre…

Sí, a ver, la parte buena de finales de septiembre es que estamos terminando el verano y nos permite hacer más actividades, ya no hay tanta programación como en agosto. Realizamos también dentro de las actividades gratuitas pequeños conciertos de animación, pasacalles. Incluso este año hacemos un taller de swing en una plaza, una instalación poética, una performance poética. Bueno, arriesgamos un poco más.

Hay actividades muy diferentes. ¿Cómo es la recepción?

Ahora mismo estamos, sobre todo, creando audiencia, estamos creando público. Estamos en una ciudad de más de 80.000 habitantes que no tiene una tradición particular de jazz, con lo cual es importante, tanto con el jazz como con la poesía, romper con los miedos a esta sensación de que son artes elitistas. Ya sabes, ya conoces el discurso.

Nosotros queremos enseñar que se trata de todo lo contrario, que sea divertido, interesante y muy variado. Con lo cual, y pensando en la promoción musical, pues lo digo, lo he dicho, tenemos que aplicar esos criterios de alternar un poco, también de garantizar igualdad de género, por ejemplo. Este año inauguramos con una mujer, con Irene Reig, y clausuramos con otra mujer, con Marialy Pachech. Esto es importante, y luego tocar varios palos para que cada uno pueda encontrar el suyo o descubrir cosas nuevas: tener jazz clásico, bebop, jazz flamenco, jazz cubano, etc. Tenemos un proyecto también en colaboración con la Asociación Italiana de Jazz. Tenemos un homenaje a Paco de Lucía con Alex Conde en la dirección… También nos gusta mucho hacer proyectos ad hoc y un poco únicos.

¿Cómo se divide la programación?

Son 21 actividades, algunos conciertos que son de pago, creo que seis, y todo lo demás, ya sean charlas, encuentros de poesía, o talleres de música, o de grabado, es gratuito. Música en la calle también, pasacalles, etc. Todo es gratuito. Es importante también, porque entendemos que nuestra intención es acercar la cultura a la gente, y no queremos que el bolsillo sea una barrera. De hecho, los conciertos que son de pago son a precios realmente bajos.

¿Qué tipo de público hay en Fifty-Fifty?

Es un público principalmente asturiano. Hay que tener en cuenta que vivimos en un triángulo cultural muy interesante. Las ciudades aquí están a media hora unas de las otras. Entonces, es habitual que tengamos mucho público lógicamente local de Avilés, pero también de Oviedo, Gijón y de Asturias en general.

Pero cada año también estamos teniendo más público de Galicia, de Cantabria, etc. Una vez una pareja de jubilados belgas nos contaron que estaban de gira por el norte por su aniversario de boda y habían visto el festival y organizaron su viaje por el norte garantizándose que iban a parar en el fin de semana en Avilés para poder disfrutar del evento.

Al organizar eventos de este tipo, no todo es bonito; es decir, también surgen dificultades y problemas, ya sean económicos, creativos o de conceptualización. ¿Cómo sorteáis estas cuestiones?

Bueno, lo que he dicho, somos cuatro amigos, y la amistad va por encima de todo, con lo cual no hay fricciones ahí. Nos ponemos de acuerdo con la programación, distribuimos algunas tareas en función del perfil, disponibilidad, tiempo, y todo eso lo organizamos por las noches y los fines de semana porque es nuestro tiempo libre.

La mayor frustración es no tener más tiempo, no hacer más cosas porque las ideas y los proyectos requieren dedicación. Al final, lo que más pena nos da es que hay tantos artistas con mucha calidad ahora mismo en España, en el jazz, tanto talento joven y gente bien formada, y lo que nos da pena es no poder decir que sí a todo el mundo.

Luego ya las externas, como bien dijiste, son más complicadas, no todo es un campo de rosas. Tenemos que tratar con administraciones públicas, porque al hacer muchas actividades gratuitas y conciertos a bajo precio, los ingresos no cubren el presupuesto del festival. Estamos hablando de jazz y de poesía, que no son algo masivo. Entonces, necesitamos el apoyo del Ministerio de Cultura, del Ayuntamiento, etc., y bueno, pues eso conlleva también papeleo, autorizaciones, tiras y afloja, etc.

¿Hay grupos locales para la participación en el festival?

Siempre solemos tener colaboraciones de artistas locales que colaboran con artistas de fuera. Este año tenemos bastantes poetas regionales y, en cuanto a música, destacaría lo que va a hacer César Latorre, que es un músico asturiano que hará un tributo a Erroll Garner. Es un proyecto que nos propusieron para hacer ahí, va a ser dentro de los conciertos gratuitos. Hay un ecosistema muy bueno en Asturias, quizás no tan amplio como en otras comunidades, pero poco a poco. Tratamos de que todas las propuestas que salen de aquí pasen por el festival.

¿Sois la única plataforma que tienen los músicos asturianos para sacar a la luz sus proyectos?

Al final hay pocos festivales, muchos de ellos muy pequeños, y es difícil tener hueco. Una de las cosas que agradecen mucho los músicos, más allá de tocar, es que se va creando un público y el hecho de poder ver propuestas sin salirse de la región.

Claro, es necesario que haya un ecosistema engranado para que se cree una escena que permita crear y disfrutar del jazz, algo que quizás cuesta más en las comunidades del norte, por su propia distribución demográfica y geográfica…

Sí. Desde que se creó el festival, tuvimos colaboraciones; hicimos muchos “microproyectos” en colaboración con otras plataformas y festivales. Es necesario, precisamente, salvar estos handicaps de los que hablabas. Colaboraciones con Montreux, Berklee, etc. De ahí salen muchas cosas a través de convocatorias. También nos ayuda en esto Plataforma Jazz España.

Para  nosotros lo importante también es consolidarse y, claro, a veces cuesta más porque estamos en una región periférica, con carácter rural, donde es necesaria la “colaboración” entre ciudades, ya que cuando hablamos de área metropolitana, cultural, entre Oviedo, Gijón y Avilés, somos casi 800.000 personas, con media hora entre unas y otras, con lo cual hay potencial. Lo que echamos de menos en comparación con otras regiones son apoyos más firmes de la administración regional. En Galicia hay una agencia de industrias creativas, hay apoyos tanto de la región autónoma como de las provincias y demás. Aquí, por desgracia, el municipio tiene una pequeña línea de vida de festivales, pero no te da estabilidad. Hemos podido beneficiarnos de ello el año pasado, por ejemplo, pero luego ya van cambiando cada año, van distribuyendo y eso, claro, genera una sensación de inseguridad también.

Bueno, no deja de ser también una cuestión minoritaria, al menos en el papel, al menos en un primer momento, o estereotípicamente. Entonces, yo creo que hay un miedo también. Las administraciones, muchas veces, claro, son un cuchillo de doble filo, porque al mismo tiempo que te pueden dar, te pueden coartar también.

Sí, pero para la ópera no tienen ningún problema las administraciones en encontrar millones de euros, y, si quieres ir, tienes que pagar más de 100 euros para tener una butaca. A eso no le llamo política cultural. Eso sí que me parece elitista. Hay claramente un sesgo respecto a eso, como un paternalismo con el tema de la música académica. Hay tendencias que están bien, pero que no responden siempre a una demanda real de la sociedad en cuanto al consumo cultural. Suena muy bien sobre el papel, pero al final hay que tener en cuenta también la demanda que hay de la gente. De la gente y de los propios artistas. Tanto los músicos de jazz como los poetas necesitan compaginar la creación con otras profesiones. Entonces, lo que intentamos es contribuir a aportar en este sentido, a crear un ecosistema que ayude a que puedan vivir de lo que hacen. No podemos pagar maravillas, pero intentamos que sea algo correcto, que reconozca su esfuerzo y trabajo.

También vi que el cartel está hecho por un artista de ahí.

El cartel, la imagen, los hace Rafa García Barrero, que es un diseñador gráfico asturiano que nos ayudó al principio, nos regaló este logo maravilloso, y luego contamos con él cada año para tener un cartel siempre elegante. Este año salió algo especialmente bonito que creo que representa muy bien lo que queremos, además de algo que nos parece importante, que es la participación de mujeres en el festival.

Háblame un poco ya de esta edición, de las actividades concretas.

Tenemos 21 actividades, entre conciertos, charlas, talleres, animación en la calle, masterclass, etc. Yo creo que para los lectores de Más Jazz cabe destacar los seis conciertos que tenemos: Irene Reig Quartet, Kyle Eastwood, Taurn, Paco de Lucía Songbook Septet, Mirla Riomar Trio y Marialy Pacheco Trio.

Los conciertos se llevan a cabo en diferentes lugares. Tenemos nuestra sala-club, que es la Factoría Cultural, un lugar maravilloso para pequeños conciertos, muy intimista, con un sonido muy profesional y muy bueno. Es como un pequeño tesoro escondido que nadie conoce. Es una sala de conciertos que convertimos en club de jazz, pero con una caja escénica muy buena, y eso, con un sonido maravilloso, con mucha proximidad entre el músico y el público. Es espacio limitado, hacemos conciertos sentados, y podemos meter solamente 90 personas. Luego tenemos en el teatro, como he dicho, el distrito, con un aforo más grande, obviamente. Es el Teatro Palacio Valencia, un teatro con unas 700 butacas. Es un espacio muy noble.

Luego tenemos dos pasacalles de swing, ya sabes, ambiente swing con toda la gente en las trazas. Eso da siempre da mucho juego. A eso sumamos unos talleres de cajón flamenco con Juan Carmona, y tenemos también un concierto musicalizado de poesía acompañado de jazz en el conservatorio. También colaboramos con el conservatorio e invitamos a los alumnos.

Hay muchos festivales que están buscando estrategias para acercar el jazz a públicos jóvenes, ¿vosotros hacéis lo mismo?

Sí, sí, hemos hecho conciertos para público familiar, también tenemos actividades en las que invitamos a alumnos del conservatorio, conciertos infantiles, proyectos de tecnología, como el que realizamos hace un año con Yamaha, etc. Muchas veces estas músicas se asocian a rangos de edad que van a ser entre 40 y 60 años, pero ahora sí que vemos a más gente de entre 20 y 30 años que asiste al festival motu propio y que se interesa por el jazz, por la poesía. Es decir, vemos a más gente joven, pero tampoco nos engañemos, la edad del público, en general, es alta. De todos modos, me alegra que cada vez haya más gente joven interesada, muchos poetas ligados a las redes sociales, algo que ayuda a hacer llegar este tipo de cosas a otros públicos, a superar algunos estigmas y clichés.

Creo que más o menos ya hemos hablado de todo. Estoy seguro de que la edición de este año será todo un éxito. Mucha suerte y ánimo, ¡quedan muchos años de Fifty-Fifty!

Muchas gracias a ti.

Más información en: www.fiftyfiftyfestiva.com

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