Gijón aviva su escena musical durante la Semana Grande: blues eléctrico, góspel y jazz latino

La escena musical gijonesa siempre está activa. Recordemos que una escena musical no solamente se nutre de conciertos o bandas locales; necesita de un público, unas redes de opinión, promotores, espacios… Es algo más que unos cuantos músicos locales.

Texto: David Álvarez

@daviz.alvarez

Poder entrar a tiendas de discos como La Bomba Records y que haya una sección de vinilos exclusivamente dedicada a John Coltrane o disfrutar de la selección de referencias que hacen en la recién llegada Session Records, siempre es un placer. Poder comprar buenos libros de música en Paradiso, Toma 3 o muchas otras tiendas locales no es tan habitual como debería ser. La presencia en Instagram de gente como Mario Garrido (@musicalgijon) también enriquece la escena local y la visibiliza más allá de los 277.000 habitantes de la ciudad —a los que hay que sumar un extra importante en momentos como la Semana Grande—. No me puedo olvidar de los “sin nombre” que tocan por la Playa de San Lorenzo. Pegado al muro siempre anda un joven con una trompeta y por las mañanas es fácil entretenerse desde casa escuchando a lo lejos a ese saxofonista que durante horas convierte cualquier canción en smooth jazz.

Pero, realmente hoy no vengo a escribir del paisaje sonoro gijonés ni de su escena musical en general, sino de tres conciertos que durante las semanas pasadas me han parecido un lujo. Los han sido parte de la programación de las fiestas de la Semana Grande, celebrados en la Plaza Mayor organizados por la empresa pública municipal Divertia. El martes por la noche llegó Fantastic Negrito con sombrero y batín de seda colorido. Solamente al ver su salida al escenario ya denota lo que está por venir, movimientos volátiles y teatrales. Xavier Amin Dphrepaulezz anda ya cercano a los sesenta años y su biografía daría para una buena película. Nació en la Costa Este de los Estados Unidos, hijo de una joven afroestadounidense y un hombre somalí-caribeño musulmán. Se definió a sí mismo en Gijón como fruto de un “esperma viejo” porque su padre tenía sesenta y tres años cuando él llegó al mundo. Su genealogía tiene raíces más profundas y Fantastic Negrito las exploró en su álbum White Jesus Black Problems (2022). Con doce años cruzó con su familia todo el país para reubicarse en California. San Francisco apareció varias veces durante el concierto como el lugar donde se crió musicalmente, pero también se nota que los vínculos que allí forjó con la comunidad latina le han enseñado algo de español. Siendo un adolescente, solía colarse en las clases universitarias de piano de Berkeley, andaba por las calles de Oakland, rezaba siempre a medio camino entre una educación islámica y las iglesias pentecostales negras y empezó a calcar a Sly Stone. De hecho, diría que lo que vi el otro día sobre el escenario gijonés es lo más parecido que se puede ver a Sly Stone hoy haciendo música en directo. Incluso, podría decir que es lo mejor que he visto últimamente en el discipulado de Prince. Fantastic Negrito no se queda en emular a esas leyendas, sino que vive en su tiempo, tiene una música con un contenido sociopolítico anclada en los problemas de nuestro tiempo. En 1995 fue fichado con el nombre de Xavier por Interscope Records, donde estaban editando música de 2Pac, Dr. Dre, Snoop Dog, Blackstreet, 4 Non Blondes, Nine Inch Nails o Marilyn Manson. El sello era una intersección inusual entre el hip-hop, el rhythm and blues y el rock. Aquel debut de Xavier se lanzó en medio mundo, pero no salían las cuentas y terminó desencantado con la industria musical. En 1999 un accidente de tráfico hizo que estuviera en coma y perdiera movilidad en la mano derecha —se nota aún en la manera que tiene de tocar la guitarra—. Él vivió aquello como un renacer. En 2014 volvió con fuerza ya como Fantastic Negrito y a los pocos meses triunfó con un concierto Tiny Desk de la NPR. Después nacieron The Last Days of Oakland (2016), Please Don’t Be Dead (2018) y Have You Lost Your Mind Yet? (2020), valiéndole un par de premios Grammy en la categoría de blues contemporáneo. Ahí es donde empezó a tener un papel en la escena internacional y actualmente está de gira mundial.

El concierto comenzó con canciones concatenadas entre las que destacó “Working Poor” (2016), una crítica a la avaricia empresarial y la desigualdad creciente que ha convertido a la “gente trabajadora” en los “pobres trabajadores”. En las primeras canciones se coló también algo de folk eléctrico, algo “hillbilly”. Aunque viaja por todo el mundo y se crió como un urbanita, ahora vive en una granja californiana con su familia. En “I Hope Somebody’s Loving You” (2024) dejó un rato de lado el funk y mostró su lado más romántico, una balada soul en la que parecía hasta vulnerable. Un punto fuerte es su humor ácido. Intentó hablar en español bastante y diría que casi todo el público entendió la mayoría de sus bromas. Cuando las palabras no llegaban, sus gestos sí lo hacían. Yo me quedo con “Good Feeling” (2022) donde se cruzan sonidos góspel con folk y rock, me llevó a algunos grupos progresivos de la década de 1970. Al final interpola muy acertadamente el clásico góspel de Albertina Walker y Larry E. Roberts “I’ve Got a Feeling”. Otra de mis favoritas fue “Beat Salad”, un juego instrumental, crudo como una buena ensalada y en el que muestra con su banda el abanico tan amplio de géneros y estilos por los que transita la música de Fantastic Negrito. Durante todo el concierto, mención de honor a Bryan C. Simmons porque sin su colchón en el órgano Hammond todo hubiera sido un poco peor. El momento álgido para muchos de los presentes creo que fue cuando empezó a sonar algo que reconocieron y pudieron cantar, “In the Pines”. Se trata de una canción folk recopilada a finales del siglo XIX en las regiones mineras de los Montes Apalaches y que en la década de 1920 fue dando el salto a la música grabada con King Oliver’s Creole Jazz Band. Su historia de trenes, asesinatos, celos y decapitaciones pasó por Bill Monroe y The Louvin Brothers muy muy dulcificada. Pero fue gracias a Lead Belly y Mark Lanegan como llegó la canción a Nirvana y ellos la hicieron global en al cantarla en 1993. La Plaza Mayor de Gijón coreó como en ninguna otra canción de Fantastic Negrito los versos «My girl, my girl, don’t lie to me, tell me where did you sleep last night? In the pines, in the pines…». Vinilo en mano, promocionó en varias ocasiones sobre el escenario Son of a Broken Man (20224), pero si quieres hacerte una idea de lo que se vivió en Gijón es mejor que escuches el álbum que lanzó al mercado en julio, titulado Alive! (2026), grabaciones en directo en Inglaterra, Suiza e Italia.

El sábado 8 de agosto llegó el turno de The Harlem Gospel Travelers. Ni la lluvia frenó a los asistentes. Lo bueno es que llegó cuando el trío neoyorquino nos tenía ya enganchados y nadie abandonó la Plaza Mayor. THGT es uno de los grupos de música góspel que actualmente más están sonando fuera de la industria del género. Fueron nominados a un premio Grammy con su último álbum y han pisado España en múltiples ocasiones. A veces se les resume a un “grupo queer de góspel”, pero tanto en estudio como en directo son una de las apuestas más potentes que hay ahora mismo siguiendo la tradición de los cuartetos góspel tradicionales. Si no sabes mucho sobre ellos, quizá te interese leer la entrevista que les hice hace un tiempo.

Entrevista con The Harlem Gospel Travelers

Antes de llegar a Gijón habían pasado por Mallorca y Santander. Venían acompañados por Trevor Brown (bajo), Andrés Chapapote (órgano), Pablo Pérez (guitarra) y Rober García (batería). Ifedayo venía con un problema de menisco importante y aun así estuvo, como siempre, dándolo todo. Sí que noté respecto a otras ocasiones que los otros dos integrantes, Dennis y George, esta vez tenían más peso durante el concierto. En el caso especialmente de Dennis he notado en los últimos tres años un crecimiento vocal destacable. En su repertorio hay que destacar “Get Involved” (2004) con su rap, lo explosivo de “Fight On!” (2020), “Somebody’s Watching You” (2024) o “How Can I Lose” (2024), y la versión que hacen de “God’s Love” (2024) de The Spiritual Harmonizers con George haciendo brillar las partes agudas de su voz. Dennis rezuma hip-hop. Ifedayo logra predicar en cualquier lugar y hacer que alguna gente termine tocada. No pudo resistirse y terminó bajando al foso para cerrar el concierto con “God’s Been Good To Me” (2023). Nunca les había escuchado hacer en directo “This Little Light of Mine”. Podría haber sonado a canción cristiana escolar, pero su reelaboración es de las pocas — junto a la de Sister Rosetta Tharpe y The Edwin Hawkins Singers— que no suenan a canción facilona para rellenar repertorio. Las caras de sorpresa con cada agudo, los bailes, curiosos con móviles corriendo para grabar de cerca y la mera presencia bajo la lluvia de un número grande de gente fueron pruebas del éxito de The Harlem Gospel Travelers. Confío en que la próxima vez que paseen por escenarios españoles traerán música nueva.

Y para finalizar la semana, el domingo a las 21:00 la Plaza Mayor gijonesa estaba más llena que ningún otro día. Rebosaba literalmente por sus arcos y el público llegaba casi hasta la carretera. Era el turno de Buena Vista All Stars. El buen tiempo y la atracción de una de las marcas más importantes de la música latina hicieron efecto. Las etiquetas “jazz latino”, “jazz afrocubano” o “música cubana” se quedan muy pequeñas para ellos cuando empiezan a sonar boleros, son cubanos, pop o salsa que van desde el Caribe y México a Estados Unidos o España. Los “all stars” surgieron para mantener vivo el legado de Buena Vista Social Club cuando en 2015 dijeron adiós. El Buena Vista original nació en 1996 en La Habana y colaboró con iconos como Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Eliades Ochoa y Omara Portuondo. Realmente, fue el documental que grabó en 1999 Wim Wenders lo que los convirtió en inmortales. Uno de los integrantes originales, el laudista Barbarito Torres, es el enlace directo con la formación que pisó suelo gijonés. Una docena de músicos y cantantes más un par de bailarines, hicieron las delicias del público. Caderas que se movían mejor que ninguna otra noche, grupos contoneándose alrededor de algunas botellas, parejas bailando bien pegadas. Sobre el escenario estaban músicos de renombre en las músicas latinas como Barbarito, Demetrio Muñiz (director y arreglista), Manuel Machado (trompeta) y Julián Garvayo (trombón), pero esta vez tengo que destacar especialmente la maestría al piano de Luis Guerra.

Hace pocos meses han sacado el disco Una noche en La Habana (2026) y el concierto gira alrededor de las canciones que incluyen en este proyecto. La apertura con “La música cubana” es una declaración de intenciones cuando Ángel Aguiar canta «hay muchos que se las dan de ser hoy los verdaderos y sin embargo se olvidan de aquel que llegó primero». El cancionero hispanoamericano estuvo bien representado: “Bésame mucho” de la mexicana Consuelo Velázquez, y mucha Cuba con “Qué manera de quererte” de Emilio Ríos, “Quizás, quizás, quizás” de Osvaldo Farrés, “Bemba colorá” de José Claro Fumero y “Lágrimas negras” de Miguel Matamoros. Sonó “El Cuarto de Tula” del coruñés Sergio Siaba, asentado de niño en Cuba y que terminó sus días cantando en el Parque Lenin de La Habana. Y no podía faltar la canción insignia de todo lo relacionado con Buena Vista Social Club, “Chan chan” de Compay Segundo. Seguro que la nómina de maestros detrás de este repertorio estaría orgullosa de cómo sonó la banda en Gijón, pero yo destacaría el “Machado blues”. Desde la primera nota que soltó Manuel Machado, era otro nivel. Fue una pequeña jam session dentro del concierto. Si pasáramos una votación a mano alzada entre los asistentes o contáramos el número de caderas moviéndose y bocas tarareando, ganarían seguramente la versión que hicieron de “Clocks” de Coldplay, sacada de un proyecto solidario de Buena Vista Social Club en 2006, y la “Guantanamera” que se guardaron hasta el final.

La música ha sido una de las protagonistas de la Semana Grande gijonesa, en cada rincón y a todas horas. En los carteles que inundaban la ciudad anunciando a los artistas de la Semana Grande se podía ver en letras grandes a Ana Torroja, Omar Montes, La Casa Azul o Amaia. Debo confesar que me arrastraron al concierto de la última y además disfruté muchísimo cada vez que se sentaba al piano, se abrazaba al arpa o tocaba con unas cucharas. Demostró que uno puede usar la música sobre un escenario ante miles y miles de personas de manera talentosa poniendo en el mismo lugar influencias de la bossa nova y Los Planetas, improvisar un villancico de Víctor Manuel sin renunciar a Isaac Albéniz o García Lorca y saltar a la música disco-pop con total naturalidad. La apuesta en la “letra pequeña” de la cartelera por artistas internacionales ha sido una grata novedad este año, un paso más para terminar de situar Gijón en la ruta de algunos artistas durante el verano.

¡Comparte tus comentarios!

Deja un comentario