Creo que cuando me llegó el álbum tuve que acudir al diccionario para rastrear el término “Disciplinantes”. Por el sonido misterioso de la palabra y su morfología apuntaban a que se me escapaba algo. Hay pocos sustantivos que deriven de adjetivo a partir de un gerundio que hayan arraigado en el lenguaje coloquial (aspirante, representante).
Salgo de dudas: disciplinantes son aquellos que se flagelan o mortifican en las procesiones, pero también aquello que fija una disciplina.
Con sonidos que dejan un eco no menos misterioso, DjToner, Dani Molina y Raynald Colom hacen homenaje en este proyecto, que viaja desde lo musical a lo audiovisual, a los “disciplinantes” del 1900 (aunque sin duda también resulta más cautivador el número capicúa en cifras romanas, MCM): Isaac Albéniz, Manuel de Falla, Enrique Granados, Erik Satie, Nadia Boulanger, Rosa Gracia Ascot, Gabriel Fauré, Claude Debussy, entre otros; integrantes de la nómina de compositores y músicos homenajeados contribuyeron decisivamente a una reformulación de las estructuras de la música contemporánea. El llamado modernismo o impresionismo musical supo aunar la tradición decimonónica y su evolución hacia una armonía cada vez más difusa del cromatismo al atonalismo, empleando muchas veces patrones musicales y leitmotivs de repetición herederos del pensamiento oriental, así como una orquestación tendente al minimalismo que dejó huella en nuestra cultura.

La base electrónica de lo-fi jazz es el paraguas que cubre y protege esta fusión minimalista y delicada, tanto como el piano de Manuel de Falla, cedido para la grabación por la fundación que custodia el legado del compositor, o el timbre de la trompeta de Colom, uno de los trompetistas más dinámicos y versátiles del panorama musical actual, que en estas piezas destaca por una fragilidad y parquedad conmovedoras.
La inteligencia musical de Antonio Herrera / DjToner y Dani Molina ha sabido extraer de aquella generación de principios de siglo XX aquellos principios musicales que llevan explorando en sus últimas colaboraciones, de las que podemos reseñar que han visto crecer y madurar el talento de Molina, responsable de teclados, guitarra y looping, hasta ponerle aquí en pie de igualdad con las bases de DjToner, beatmaker y scratch (no me resisto a contar que Herrera me había advertido del talento de su colega ya hace años) y la trompeta de Colom.
Por otra parte, DjToner, como Ray Colom, son consecuentes en su homenaje y en ese rescate de la esencia de Falla o Granados, en la medida en que sienten la necesidad de aunar su propio estilo, que en cierto modo les convierte en músicos pioneros como los Debussy, Falla o Satie, con el de la tradición. No en vano, se han acercado siempre a otras figuras señeras de la hibridación y revolucionarias de los géneros como Paco de Lucía, Enrique Morente o Jorge Pardo.
El valor del disco estriba, por tanto, en su testimonio de la evolución y consolidación del proyecto personal de los músicos, en su calidad de investigadores (a nivel institucional han contado con el apoyo del Centro de Documentación Musical de Andalucía y la Universidad de Granada, además de la citada Fundación Manuel de Falla), pero sin olvidar que es una investigación viva, artística.
Para definir esta segunda faceta, han acuñado el término “sampleología” y parece más que acertado en vista del resultado. Con ese sentido plástico que da la referencia impresionista, con ese afán de llegar al oyente por la vía de la conmoción en el silencio (alguno de los temas tiene resonancias que acercan el proyecto a las tendencias neomísticas de las músicas populares actuales) y de lo audiovisual, DjToner, Molina y Colom se elevan sobre su estatus y se convierten en “artistas”, interviniendo el sonido con un sentido verdaderamente contemporáneo, como si de una performance se tratara, en la que manipularan un objeto inerte al que tuvieran que dar forma. De ahí que no podamos banalizar el que sea una obra “viva”: es que de hecho está concebida para su exhibición en público, para su exposición, si se quiere, en espacios museísticos, para su disfrute en salas de conciertos y clubes, donde mejor se perciben los matices de los loops, los ecos, los quiebros de Colom.

El despliegue de los temas tiene una forma perfectamente equilibrada, como una especie de guiño renacentista (Sfogava), como un rito, como un circuito de agua o un paseo circular por la Granada que ha visto nacer el proyecto (Noches de cielo bajo, Casa roja, Serenata), un rasgado de guitarra que cruza con el “rasgado” de la trompeta y los beats (Por la bateau), con espacio también para temas con marcado tinte jazzístico en las bases electrónicas (La Seance). Incluso en los temas más oscuros (Miedo a la prosperidad podría, por su título, augurar algo así) hay, fuera de la repetición de las bases, un brillo particular en los sonidos que van introduciéndose desde teclados, guitarra y trompeta.
Siempre se ha hablado de cómo Pedro Iturralde o Miles Davis tradujeron la voz de los cantaores al lenguaje jazzístico en obras de referencia como Jazz Flamenco o Sketches of Spain. Este disco demuestra (así lo vienen reivindicando los miembros del trío en distintos álbumes de sus carreras), que es hora de integrar la música electrónica en el canon y en el circuito jazzísticos y de la alta cultura. Y lo hace con una propuesta que debe servir para estimular sensorialmente al oyente y abrir boca para conciertos y representaciones en directo, porque, si algo han aprendido de sus maestros “disciplinantes”, es que la música bebe de la vida y le devuelve a ésta su reflejo en sus retazos más bellos y profundos.
La música de este trío, más potente (y más pura)- insistimos- en el directo que en la grabación, se presentó, después de los obligados conciertos inaugurales en territorio andaluz, el 24 de mayo en el club El Internacional de Madrid.