Entrevista con Miguel Ramírez, director de Canarias Jazz y Más: “El jazz no es un estilo de música, es un universo”

A sus 35 años de historia, Canarias Jazz & Más ha dejado de ser únicamente un festival para convertirse en un proyecto cultural de largo recorrido. Su director artístico, Miguel Ramírez, repasa los desafíos de una programación cada vez más diversa, el crecimiento del certamen y la necesidad de que el jazz siga conquistando nuevos espacios y públicos.

Texto: Adrián Besada

@besagartha

Pocas citas pueden presumir de haber acompañado durante tres décadas la evolución del jazz en España sin perder de vista su vocación original. Canarias Jazz & Más ha crecido desde un festival itinerante pensado para acercar esta música a las islas hasta convertirse en una referencia internacional capaz de reunir a figuras como Jacob Collier, José James o Marco Mezquida junto a proyectos canarios y producciones sinfónicas de gran formato. Detrás de ese recorrido está Miguel Ramírez, músico y director artístico del festival desde sus comienzos, convencido de que el jazz no debe entenderse como un género cerrado, sino como un espacio donde la improvisación, el riesgo y la creatividad encuentran su razón de ser. En esta conversación habla del presente de la 35ª edición, de la complejidad de sostener un proyecto de estas dimensiones y de un futuro que, más que crecer en tamaño, aspira a ampliar el impacto social de la música.

Sitúanos, háblanos un poco del proceso, de la producción, ¿qué destacarías de lo que va de la edición de este año?

En realidad no hay nada que destacar respecto a otros años, simplemente se han cumplido las expectativas. El arranque fue maravilloso; los artistas estuvieron geniales y el público disfrutó y acudió a la llamada.

Después de tantos años, un poco lo que pretendemos es que no pasen cosas raras, que se cumplan las expectativas respecto a los artistas, que es lo que hace que las noches sean más o menos mágicas. Es un festival muy largo y solo podemos esperar que esto se mantenga así

Sí, es un festival largo y ecléctico: Jacob Collier, Marco Mezquida, José James, etc. ¿A qué se debe esta diversidad en la programación? ¿Es una cuestión de gusto, mercado…?

Definitivamente no es en función de mis gustos, aunque procuro que me guste todo. Esto parte de una visión amplia de lo que significa el jazz. Digamos que el secreto no está tanto en el jazz desde lo más puro, lo más clásico, sino más en el lenguaje de la improvisación,

Procuramos traer propuestas que sean atractivas desde todos los puntos, desde la creación, desde la interpretación, desde la innovación, pero también desde el desarrollo de la improvisación. La cosa es que tú vayas a un concierto, entres de una forma y salgas de otra. El jazz no es un estilo de música, es un universo donde digamos que la improvisación es el gran catalizador.

Quizás una de las propuestas más curiosas es la de Jacob Collier con la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. ¿Cómo se coordina un espectáculo así?

A ver, nosotros llevamos luchando muchos años por romper esos muros respecto a los géneros. Hace muchos años antes mucha gente que pensaba que la “música” era solamente la música clásica, la música popular no les interesaba nada. Nosotros hemos ido conquistando espacios y lo hemos hecho con propuestas como esta. Hemos llegado a los auditorios más importantes de las islas y hemos conseguido la participación en el festival de esta orquesta. Es algo necesario porque ya hay muchos creadores de música “moderna” componiendo para este tipo de formaciones.

Ya hicimos algo similar en enero de este año con el Festival de Música de Canarias, trajimos a la Orquesta Metropol con Snarky Puppy; eso fue una auténtica gozada, fueron dos conciertos inolvidables. El año pasado tuvimos a Take 6 con la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, que la dirigió, de hecho, la madre de Collier. Y hace poco también tuvimos a Avishai Cohen con la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Y ahora tenemos a Jacob Collier, que la primera vez que lo trajimos vino él solo. Con este proyecto no solo tocan la partitura, sino que improvisan en directo, con la orquesta y con el público. Y yo creo que eso va a ser una experiencia única.

También me fijé en que hay más artistas españoles que otros años: Moisés P. Sánchez, Lucía Rey, Marco Mezquida, Powafunk, etc. También varios nombres canarios.

Bueno, yo también soy músico y tengo perspectiva de lo que eso significa, por eso siempre ha habido una plaza para nuestra gente, para nuestros creadores y músicos. No se trata de cupos o límites, pero sí de hacer una mirada sobre lo que llega y lo que hay. No hay cuotas, pero siempre se tiene en cuenta la participación de mujeres, de músicos canarios, etc. Cada año se crea un puzzle diferente.

Respecto a la participación de mujeres, hay un proyecto curioso, el de Mujeres Canarias del Jazz. ¿Qué es exactamente?

Es un tributo y un reconocimiento a mujeres cantantes de aquí, que hay muchas y que lo hacen muy bien. Lo van a hacer con las bandas municipales, que también me gusta mucho que colaboren con el festival. En este caso estuvimos hablando, nos pusimos de acuerdo para hacer este proyecto. Elegimos un repertorio y elegimos a unos cantantes

El festival ha contribuido también un poco a eso. Tengo recuerdos de niños que venían con sus padres, que después decidieron estudiar música, porque alucinaron con lo que vivieron, y que luego acabaron presentando sus discos en el festival. Entonces, eso es muy bonito, ¿no? Y eso tiene que seguir así.

Llevamos muchos años trabajando y tenemos que seguir en esa línea de no decepcionar al público que sigue esta música y que es incondicional al festival, de traer lo mejor que podamos. No siempre conseguimos todo lo que queremos, pero sí queremos todo lo que conseguimos. Y entonces, nuestra gente acude y está súper feliz.

También cabe decir que cada vez va apareciendo un público también más internacional que acude a Canarias a disfrutar de sus bondades y también a disfrutar de la música que aquí les podemos dar.

¿Hay mucha gente que viene a propósito al festival?

Cada vez hay más gente, sí. Cada vez hay más gente que viene a disfrutar de unas vacaciones coincidiendo con el festival. Nos parece que es algo que tenía que suceder. Se complementa perfectamente la oferta cultural con la oferta de sol y playa. Y los alojamientos que tenemos aquí, la gastronomía, el clima, la forma de ser de los canarios. Hay de todo, gente de fuera que viene a propósito y otros muchos extranjeros que residen y también acuden, por supuesto. Pero el festival, desde el principio, se creó para nuestra gente.

Habrá muchos que llegan de casualidad, ¿no? Tenéis una oferta muy grande de conciertos gratuitos que debe ser muy atractiva para la gente que está de paso.

El grueso del público es canario; canario o nacional. Gente que vive aquí. Luego, bueno, pues el turismo. Cada vez se ve más, cosa que está súper bien. Yo me alegro muchísimo. Y claro, porque la oferta, lo que dices tú, muchas veces el público es la gente que le coge el festival así un poco de casualidad. Los conciertos gratuitos facilitan la entrada y el acceso. Para esta gente suele ser como una actividad complementaria, que yo creo que es estupenda.

Se podría llegar a pensar que el hecho de hacer un festival en una isla puede ser una limitación, pero este no ha parado de crecer. ¿Alguna vez te ha dado la sensación de que se te “iba de las manos”?

Piensas que son 35 años. Yo, cuando empecé el festival, la idea, primero, es lo que te comenté antes, conquistar a nuestra gente. El festival era muy itinerante. Íbamos a muchos pueblos, a muchos municipios de las islas.

Con el tiempo, mantenemos la itinerancia, pero es la gente la que viene de los pueblos a los núcleos del festival. También fuimos conquistando los teatros y los auditorios, aparte de los espacios públicos abiertos. Siempre buscamos traer las mejores propuestas posibles.

Después de muchos años, cuando ya el festival era una realidad, entonces empezamos a poner una mirada hacia afuera. Hemos ido creciendo poco a poco. Esto no fue de un día para otro, ni a base de talonarios. El presupuesto del festival es de muchísimas entidades. Muchas de ellas públicas, obviamente ayuntamientos y cabildos, el Gobierno de Canarias, turismo, cultura, pero también empresas privadas, también teatros, auditorios, también vendemos cerveza, merchandising, etc.  La financiación es compleja. Que todos digan que el festival es suyo es algo maravilloso; al final, todos sabemos que el festival es nuestro, es de todos. Cada concierto, cada pueblo, tiene sus características; son plazas emblemáticas, sitios bonitos para visitar, y a mí me encanta que ellos estén felices y que nos sigan apoyando.

Cada año revisamos lo que hacemos, intentamos mejorar y corregir lo que a lo mejor no ha funcionado como esperábamos; en fin, hay que estar siempre, todo el año, al pie del cañón. Yo soy miembro de la plataforma Jazz España, soy el vicepresidente, estoy en la red europea, estoy muy conectado con todas las agencias de todo el mundo, y procuro ir a muchos mercados, a muchas ferias, para ver en directo todo lo que pueda y traer, no solo en el festival, sino durante todo el año.

Ahora estoy pensando en el próximo año empezar ya a ser más inclusivos, hacer conciertos en centros de mayores, hacer conciertos en centros de mujeres, en centros de inmigrantes, etc. Hacer que estas músicas tengan un rol más importante en la parte social, no solo en la parte lúdica.

Claro, crecer es también lo que estás diciendo tú, llevar la música a otros lugares. A lo mejor son cosas menos visibles o con menos potencial económico, pero con mucho valor social, lo cual me parece muy interesante y yo creo que es una propuesta de crecimiento muy positiva.

Sí, crecer no hacia arriba, sino expandirse. Efectivamente. Una de las cosas que más me planteo es cómo atrapar a la gente más joven. Entonces, me planteé, aparte de los conciertos didácticos, la posibilidad de hacer dentro del festival un fin de semana con una programación muy de gente joven, con músicas más cercanas a ellos, hip hop y esta onda. En el festival tenemos los grandes auditorios, que son de 1.500 personas, tenemos las plazas grandes que llenan, pueden rondar entre 3.000 y 3.000 y pico personas. Después tenemos muchos espacios medianos y pequeños.

La idea ya no es crecer más, es cuidar lo que tenemos, que no baje la calidad, que no baje el nivel de servicio, mejorar en la medida de lo posible la comunicación, el servicio, la información. Después, al público, habrá propuestas que les guste más, propuestas que les gusten menos. Pero no nos podemos permitir el lujo de que digan que la propuesta era mala. La propuesta nunca puede ser mala. Hay un principio de calidad que es inamovible.

Igual nos dejamos algo en el tintero, ¿alguna cosa que se nos haya pasado por alto?

Ahora durante el año tenemos el Rincón del Jazz, tenemos programación de jazz en distintas salas y teatros que comienzan a tener jazz de forma habitual en sus programaciones. Entonces, esto ha sido un trabajo magnífico. Y yo estoy súper feliz de haber tenido esta oportunidad en mi vida, pero ya voy cumpliendo una edad y entonces llevo unos años pensando en el relevo. Lo ideal es que el festival siga muchos años y ya hemos dado pasos, hay gente que lleva muchos años colaborando conmigo y ya se van haciendo cargo del festival.

Lo que más feliz me hace es saber que el festival ya tiene 35 años, pero estoy segurísimo de que va a seguir muchos años más, porque está en muy buenas manos. Hay muchísimos festivales de jazz; muchos pequeños, muchos medianos, pero son miles y, al final, son miles de cosas que están pasando permanentemente con estas músicas y yo estoy súper feliz de ser un actor de todo esto.

Muchas gracias por tu tiempo, Miguel. Que el festival siga por muchos años.

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