Andrea Motis estrena su último trabajo discográfico en el Auditorio Nacional de Madrid

Texto: María Pérez / Fotografías: Elvira Megías (CNDM)

Una voz anuncia por megafonía: “Se ruega apaguen sus teléfonos móviles y disfruten del espectáculo”. Las luces del patio de butacas de la sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid comienzan a disminuir. El barullo del público causado por la emoción del espectáculo comienza a desvanecerse dejando en la sala un silencio impecable. La atención de los asistentes se focaliza en el centro de la sala. Ahí en medio, se encuentra el escenario, iluminado por unos potentes focos que dejan ver lo que hay en él. De izquierda a derecha se pueden apreciar: dos teclados, un violín, una mandolina, un bajo (afinado minutos antes por el propio bajista, a la vista de todos, mientras los espectadores se acomodaban en sus asientos) y una batería completa. Al frente de todo ello, tres micrófonos. Toda la sala está expectante de que comience el espectáculo.

Al cabo de unos instantes, las luces del patio de butacas se apagan por completo. Por la puerta situada a la derecha del escenario aparecen los músicos: primero, Christoph Mallinger (violín, guitarra y mandolina), le sigue Arecio Smith (teclados), acompañado de Steph Kondert (bajo eléctrico) y Juan Rodríguez Berbín (batería). Suben al escenario, saludan, se colocan y empiezan a tocar. Pero… Falta la gran protagonista. Acto seguido, aparece Andrea Motis, trompeta dorada en mano y vestida con un deslumbrante mono negro con brillantes plateados. La artista es recibida por el público con un caluroso aplauso. Cuando este cesa, deja la sordina en el suelo a su lado y comienza a cantar. En ningún momento se separa de su trompeta, siempre la lleva colgada del brazo para poder alternar entre la voz y el instrumento al interpretar los temas. Se puede apreciar que lo vive, disfruta encima del escenario, con sus compañeros, haciendo música y sorprendiendo al público con ella. Baila y se ríe. Justo antes de empezar a tocar un nuevo tema suena un teléfono en la sala. La artista deja escapar una risa tímida y se puede apreciar en su rostro un gesto de alivio, por haber sonado antes de empezar a tocar y no en medio del tema, con pequeñas pinceladas de disgusto. El gesto se podría interpretar como si quisiera decir “bueno es lo que hay, no pasa nada”.

A lo largo de la actuación interpretan los temas correspondientes a su último álbum Loopholes, “una combinación de ritmos latinos, mucho brío eléctrico, funky y neosoul que dejan ver la nueva estética dominante de la artista, una Andrea más cosmopolita”. Así lo describe el programa del espectáculo con gran acierto. Focos azules y blancos alumbran el escenario para crear el característico ambiente romántico y sensual del jazz, además de dar protagonismo a la trompeta que destaca brillando sobre el escenario gracias a la iluminación. Para los temas más movidos, los focos alternan una amplia gama de colores y se mueven en el escenario como los focos de una discoteca. Dentro del repertorio se incluye una versión de la cumbia El Pescador del maestro del folclore colombiano José Barrios. En esta pieza, Motis y sus acompañantes solicitan la ayuda del público. Los asistentes deben cantar “el pescador” cada vez que el grupo lo indica. También se incluye dentro del repertorio una versión del conocidísimo Is this love de Bob Marley. Para finalizar, el grupo se despide interpretando Adéu, un tema compuesto por el violinista, guitarrista y mandolinista Christoph Mallinger y por la propia Motis.

Al finalizar el concierto, la artista recibe en el vestíbulo del auditorio a los numerosos admiradores que se amontonan haciendo cola para que les firme un disco y poder intercambiar un par de palabras con ella. Motis contesta sin ningún reparo y con gran sinceridad y cercanía a las preguntas de sus seguidores. Una joven le pregunta acerca de sus sensaciones sobre el concierto que acaba de ofrecer, a lo que la trompetista contesta entusiasmada: “Ha sido bastante impactante para mí porque es el segundo concierto con esta banda y en un escenario mucho más grande comparado con el de la sala Apolo donde lo estrenamos en Barcelona. He sentido nervios y he tenido que adaptarme a un medio como el de las salas de clásico. No ha sido ese calor de club. Creo que tengo que aprender de este concierto”. También le preguntan por su manera de manejar los nervios: “Los llevo bien, sé cómo relajarme. El problema es que a veces, en días como hoy, hay que encontrar el equilibrio entre estar nervioso y relajado. A veces estar completamente relajado tampoco es bueno. Me gusta pensar dónde está ese punto, qué es lo que la gente pide, lo que le pueda gustar en este espacio y ver las caras. Ver si están como bailando, si están atentos y ver qué es lo que viene bien”, comenta la artista gesticulando las emociones a las que se refiere. La joven cantante, a un día de cumplir sus 27 años, cierra las preguntas con un consejo para las personas que quieran dedicarse a la música: “Un consejo que daría es escuchar la música que quieras tocar y perfeccionar. Es independiente lo que escuchas para disfrutar de lo que estás trabajando. Entonces, creo que en un momento dado se tienen que fusionar para poder disfrutar de lo que estás haciendo y de lo que quieres”.

 

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