Baldo Martínez – Cuarteto Europa

(Karonte 2018)

Por Miguel Valenciano.

La escena gallega de jazz es una de las más interesantes y prolíferas de nuestro país, y uno de sus más reconocidos exponentes es el contrabajista Baldo Martínez. Su último disco Cuarteto Europa, publicado en 2018 por Karonte, es una propuesta arriesgada, cercana al free jazz pero más allá de este. La tripulación de este Cuarteto Europa la completan Samuel Blaser (trombón), Dominique Pifarély (violín) y el reputado baterista Ramón López, a menudo vinculado a los géneros más libres dentro del jazz.

El álbum comienza como el oleaje de un mar embravecido desmenuzándose contra las rocas de una Isla de Piedra, título del primer corte. Reminiscencias de Charles Mingus asoman en esa manera de ir “ordenando” los instrumentos, hasta agarrarse al groove de un contrabajo nítido y sólido, que funciona como un maestro de ceremonias en torno al cual el resto de músicos van desplegando su discurso.

El disco continúa con La Travesía, muy oportuno nombre para la propuesta dirigida por Martínez. Como el propio libreto expone, en palabras de Rui Eduardo Paes, no podríamos llamar estrictamente free jazz a la música de este Cuarteto Europa, ya que incorpora elementos lo suficientemente ajenos, como la música clásica y de cámara, como para hacer una escucha desprejuiciada. Las estructuras existen, como contexto y marco de una serie de improvisaciones en las que el trombonista suizo Samuel Blaser, y el violinista francés Dominique Pifarély asumen la mayor parte del protagonismo. El particular combo que forman el violín y el trombón, tan poco habitual, ya despierta en sí mismo la curiosidad por verles relacionarse. Ésta no hace más que crecer a medida que avanzan los cortes del disco, ya que cada nueva propuesta se convierte en un impredecible camino a explorar. Los diferentes puntos de partida que proponen los temas generan una expectativa y una atención activa que no deja de verse sorprendida, y superada, una y otra vez. De esta manera, el disco es proclive a las escuchas sucesivas, derivando en experiencias diferentes en cada una de ellas.

En lo cercano al free jazz siempre hay cierta aridez, una complejidad y variedad de recursos melódicos y armónicos, salpicados por la omnipresente improvisación, que el oyente acostumbrado a la accesibilidad de otros subgéneros puede encontrar inabarcable.  El oído se acomoda a lo que ya conoce, por lo que la incursión en trabajos como este de Baldo Martínez es un reto, muy sugerente y desafiante, eso sí. Por esa misma razón, cuando uno termina por zambullirse en lo que estos cuatro músicos le proponen, se descubre a sí mismo explorando en su propia sensibilidad, ampliando fronteras, derribando prejuicios y, por fin, renunciando a la seguridad de lo ya conocido para dejarse arrastrar por la marea.

Desde los acantilados musicales coloreados bajo la batuta del contrabajista gallego descubriremos el vértigo, pero también paisajes salvajes y maravillosos cuyos perfiles sólo queda admirar.

 

¡Comparte tus comentarios!

Deja un comentario