A sus 82 años, Chucho Valdés continúa ampliando las fronteras del jazz afrocubano con la energía de un creador que jamás se detiene.
En plena gira por España, con paradas en Valencia, Zaragoza y Melilla, el pianista celebra el éxito de Cuba & Beyond, álbum que acaba de ganar un nuevo Grammy y que se suma a una trayectoria marcada por 14 premios y reconocimientos tan prestigiosos como el NEA Jazz Masters y el Leonard Bernstein Award.
En esta conversación, Valdés revisita el origen de su identidad musical, desde aquel Mambo influenciado que compuso con 22 años hasta las fusiones contemporáneas que integran Mozart, danzón, blues y ritmos afrocubanos. Habla también de la disciplina creativa, de la inspiración como motor esencial y del papel transformador de la transcripción para los jóvenes músicos.
El maestro adelanta, además, detalles de dos proyectos que lo entusiasman: un ambicioso programa sinfónico basado en obras afrocubanas y Toma 1, su nuevo disco de piano solo grabado completamente en primeras tomas, influido por Bartók, Stravinsky y Duke Ellington.
Humilde y lúcido, Valdés deja una reflexión que atraviesa toda su obra: “Esto no tiene fin. El día que un artista cree que ya lo sabe todo, nada funciona”. Una entrevista imprescindible para comprender la evolución de un creador que sigue reinventándose sin mirar atrás.
Másjazz: Chucho, gracias por atendernos. Sabemos que el tiempo apremia: estás de gira, seguro que cansado, pero a la vez con energía por todo lo que estás haciendo. Todavía queda recorrido: Valencia, Zaragoza, Melilla… aún queda territorio por explorar.
Quería empezar comentando algo que leí en entrevistas anteriores y que me impresionó. Hablabas de una composición que hiciste con 22 años, “Mambo influenciado”, que marcó el inicio de tu identidad musical. ¿Podrías contar un poco esa historia?
Chucho Valdés: Es simple. Tomé elementos del son y los armonicé con acordes del blues, pero manteniendo el ritmo del son cubano. Era como un blues cubano. Esa fue la fórmula más sencilla que encontré en ese momento para definir mi estilo musical.
Másjazz: Y del Chucho Valdés de aquella época al de ahora, ¿qué se conserva y qué ha cambiado? ¿Cómo ves esa evolución?
Chucho Valdés: Ha sido una evolución muy larga, gracias a Dios. He aprendido mucho, me he informado muchísimo y he acumulado experiencia para enriquecer aquel concepto inicial.
Después de Mambo influenciado, que no era aún una obra madura, empecé a añadir más elementos: música cubana, música africana, ritmos diversos, jazz —especialmente bebop— e incluso elementos del funk de los 60, con la rítmica de batería mezclada con tambores. Fui haciendo fusiones. «Mambo influenciado» fue el comienzo de una evolución.
Másjazz: Tienes fama de ser un músico muy disciplinado. Al componer, ¿qué viene primero: melodía, imagen, emoción?
Chucho Valdés: Nunca es igual. A veces viene una melodía; la toco como llega y luego la enriquezco melódica, armónica y rítmicamente. Otras veces aparece primero un ritmo, lo musicalizo y digo: “oye, esto puede funcionar aquí”. Pero nunca es mecánico: todo nace de la inspiración.
Másjazz: Tu último trabajo, “Cuba & Beyond”, acaba de recibir el Grammy a mejor grabación musical, el pasado sábado. Ya sumas 14 Grammys. Además, este año recibiste el NEA Jazz Masters, uno de los reconocimientos más importantes en Estados Unidos.
¿Cómo llevas esos reconocimientos, especialmente siendo un gran defensor de la música cubana?
Chucho Valdés: Creo que los especialistas y analistas ven que hay novedades, un desarrollo. De ahí vienen premios como el Leonard Bernstein, que también gané este año y que para mí es enorme. Yo hago mi trabajo, y los especialistas lo aprueban o no. Si a mí me gusta, siento que tiene valores. Hasta ahora, por suerte, las innovaciones han sido bien recibidas. Y sigo en eso.

Másjazz: En Cuba & Beyond aparece el concepto de “beyond”, “más allá”. ¿A qué te refieres? ¿Qué ritmos o ideas incluye ese “más allá”?
Chucho Valdés: Por ejemplo, hay un tema que se llama “Mozart a la cubana”. Mozart no es caribeño ni africano, pero yo toqué Mozart desde niño.
Se me ocurrió llevar temas de Mozart al ritmo del danzón, que es el baile nacional cubano. La pieza abre con la introducción de una sonata de Mozart y luego entra el danzón. Ha tenido una repercusión tremenda.
También está “Conga Blues”, que es una conga con armonías de blues, pero más avanzadas. La fórmula es parecida.
Másjazz: Para este proyecto estás girando tanto en piano solo como con cuarteto. ¿Puedes hablarnos de los músicos que te acompañan?
Chucho Valdés: Somos cuatro generaciones distintas. Y es hermoso ver cómo todas comparten un mismo punto de partida: la raíz. Ellos se enriquecen con mis experiencias, y yo me nutro de sus ideas nuevas. Todo culmina en una obra con sentido y trayectoria.
Roberto Vizcaíno —para mí, ahora mismo, el más brillante percusionista— domina todo: tambores batá, xilófono, timbal, composición, escritura…
Horacio “El Negro” Hernández es una leyenda; completa el concepto.
y Armandito Bola viene de una tradición musical impresionante.
El cuarteto está en su mejor momento.
Másjazz: La última pregunta antes de dejarte libre. Muchos jóvenes jazzistas están buscando hacerse un hueco y encontrar su propia voz. ¿Tienes algún consejo?
Chucho Valdés: Primero: hay que tomárselo muy en serio. Esto no es un juego; mi padre me lo decía. Esto no tiene fin. El día que alguien dice “ya lo sé todo”, ese día nada funciona. No hay final. También está el sacrificio —dulce sacrificio— de trabajar constantemente, buscar información, escuchar discos, asistir a conciertos de quienes te interesan.
Y recomiendo muchísimo la transcripción. A mí me ayudó más que ninguna otra cosa: desarrolla el oído, la escritura y la memoria musical.
Másjazz: Solo para terminar: sé que pronto volverás a tocar en Madrid, y he escuchado que tienes un proyecto sinfónico en desarrollo. ¿Puedes contarnos algo?
Chucho Valdés: Ya está escrito. Son obras afro-cubanas y música tradicional cubana llevadas al plano sinfónico. La primera etapa la hice con una sinfónica americana, luego la llevé al Teatro Colón en Buenos Aires, y después trabajé con la Sinfónica de Cuba junto a Lang Lang, un pianista chino. Ahora el proyecto está mucho más maduro. Tengo todas las partituras y lo presentaré el año que viene, con un par de obras adicionales.
También acabo de grabar un disco de piano solo. Se llama Toma 1, porque no hay repeticiones ni ediciones: todo quedó en primera toma. Estoy muy metido en un mundo influido por Bartók, Stravinsky y Duke Ellington. Incluso tengo un son en 7/4, Pon de la Clave, con compases 7, 9 y 11. Más complejo. Grabé en un Steinway fantástico, con un sonido que me encanta. Estoy muy complacido.
Másjazz: Pues nada, muchísimas gracias por tu tiempo. Me quedaría toda la tarde hablando contigo, pero sé que tienes que preparar la masterclass.
Chucho Valdés: Cuando hablamos el mismo lenguaje, el tiempo no pasa.
Gracias por todo.
Másjazz:
Gracias a ti, maestro.