Entrevista con R de Rumba: El hijo secreto del funk

R de Rumba (Rubén Cuevas), productor de Violadores del Verso, presenta Funk Experience, el proyecto que comparte con Carlos Porcel y que explora las conexiones entre funk, soul, jazz y hip hop. El domingo 11 de octubre lo presentó por primera vez en Zaragoza, dentro de las Fiestas del Pilar. Un directo que llevará próximamente a escenarios de Madrid, Barcelona y Alicante.

Texto: Adrián Besada

@besagartha

El sampleo ha sido una de las grandes aportaciones del hip hop a la historia de la música popular: una forma de composición que convierte la escucha en búsqueda y el archivo discográfico en instrumento. En manos de R de Rumba, esa práctica ha sido mucho más que una solución para construir bases. Su trabajo con Violadores del Verso contribuyó a definir el sonido de uno de los grupos fundamentales del rap español, pero también dejó patente una cultura musical que no terminaba en el hip hop y que encontraba en el funk, el soul y el jazz una fuente inagotable de recursos.

Con Funk Experience, el productor, que había sido bautizado en aquella «Intro 97» como el «científico del ruido», lleva esa relación a otro terreno. El proyecto que comparte con Carlos Porcel, multiinstrumentista alicantino, se articula alrededor de canciones en las que los samples conviven con arreglos e interpretaciones instrumentales. Placeres, su segundo álbum, apuesta por una producción más depurada, con espacio para las armonías, los solos y los detalles. La experiencia acumulada tras décadas trabajando con discos ajenos no desaparece: cambia de escala y se integra en una propuesta colectiva.

Hay, además, una cuestión que atraviesa el trabajo de R de Rumba y que va más allá de las decisiones estrictamente musicales. En un momento en que los catálogos discográficos se concentran en manos de grandes compañías y las herramientas digitales permiten identificar fragmentos con facilidad, el acceso a determinadas grabaciones plantea nuevos límites para una práctica históricamente ligada a la apropiación y la transformación. Frente a ello, el productor sigue defendiendo la búsqueda en las cubetas, la escucha y la creatividad como parte esencial del oficio.

Con motivo de la presentación de Funk Experience en Zaragoza, hablamos con R de Rumba sobre la construcción de Placeres, el trabajo con Carlos Porcel y las decisiones que implica producir un disco con numerosos músicos. La conversación se extiende también a la evolución del rap español, las diferencias entre generaciones y una industria cada vez más condicionada por la exposición pública. Desde una trayectoria que conecta la cultura del hip hop con una tradición musical mucho más amplia, R de Rumba reivindica algo tan sencillo —y tan poco habitual en el ritmo actual de consumo— como dedicar tiempo a escuchar.

Cuéntanos, ¿qué es Funk Experience? Este ya es el segundo álbum bajo esta denominación. ¿Qué hay detrás de este proyecto?

Es un homenaje a la música que tanto me ha dado. Me refiero a que, a pesar de que mi carrera ha sido sobre todo a través del rap, yo trabajo con el sampleo y el funk ha sido la música de la que me he nutrido para esto.

Creo que el género además va muy bien con lo que intento transmitir. El funk es algo positivo que se baila, que disfrutamos. Funk Experience es eso: vivir el funk, nosotros haciéndolo y la gente escuchándolo, que se establezca esa sinergia; esa es la idea y de ahí surgió el nombre.

Sí, ya desde la época de Doble V había muchas incisiones en el funk, pero también en el soul, en el jazz, en la música disco… ¿De dónde viene ese interés?

Como te decía, yo vengo del rap, que no deja de ser música negra. Al final llegas a todo eso y vas aprendiendo y diferenciando. Al final llegas a los grandes discos y sabes lo que te gusta, sabes que si vas a Miles o a Ron Carter vas a tener un buen material para samplear, igual que con The Crusaders o The Meters, acabas investigando sobre todo esto.

Lo que me gusta es la música y muchas veces te ves absorbido por una cosa u otra. Lo que me pasó hace unos años es que me vi capacitado para meterme en proyectos como este. Conocí a Carlos Porcel cuando me cambié de ciudad, cuando me vine a vivir a Alicante, y me abrió la mente. Él toca muchos instrumentos y esto da muchas posibilidades; además, tenemos mucha afinidad musical. Vi que era capaz y viable hacer un proyecto y nos pusimos a editar demos. Se las enseñé a colegas que saben de esto, de soul, de funk, de blues, y me dijeron que le veían potencial, así que me tiré a hacerlo. En realidad no fue nada premeditado. Se puede decir que fue algo que pasó con el propio tiempo, como una evolución natural.

Sí, vi que es un proyecto en coautoría con Carlos. ¿Cómo se concibe un proyecto así musicalmente?

Trabajamos desde diferentes puntos, dependiendo de lo que busquemos. A veces queremos algo más bailable y no tan jazzy, o a veces partimos de una armonía o directamente de un sample. Una vez que tenemos la idea principal, comenzamos a bajar o subir el tempo, a probar vinilos, simples, platos, etc. vemos por dónde podemos tirar. Una vez tenemos una infraestructura para trabajar, empezamos a ver dónde puede cuadrar una melodía, una trompeta, un fliscorno, y así… En realidad, yo grabo miles de cosas; luego vamos al estudio y nos pasamos allí semanas metidos seleccionando, haciendo. Pruebo a darle la vuelta a las cosas, a meter o sacar elementos, pruebo scratches, son muchas historias, pero lo que cuenta es que funcionamos.

Realmente hacéis de todo. Cuando hablamos de ser productor en un proyecto como este, ¿a qué nos estamos refiriendo?

Para empezar, se podría decir que el productor es el que ordena un poco el ambiente. En este disco participan muchos músicos y se trata de entenderlos, de saber qué aportan, qué hacen. Además, el productor es el que decide un poco sobre la estructura del tema, tiene una visión global, decide dónde va un estribillo, si se quita algo, si se pone un puente. Es el que piensa en la canción como tal.

Pasa que cuando entras al estudio es difícil dejar el ego en la puerta, y es lo que hay que hacer. Me refiero a que es fácil pensar que quieres meter algo, en mi caso, un scratch o un sample, no quieres dejarlos atrás, pero quizás no es lo que mejor funciona en la canción. El productor es el que ve eso, porque cuando hay mucha gente metida tiene que haber alguien que tome decisiones. Contar con un productor se trata también de una cuestión de confianza. Él decide también el tipo de sonido, estructuras, cómo grabar, etc. Es increíble cómo cambia el sonido de una batería, por ejemplo, si la grabas con cuatro o con dieciséis micrófonos. Eso tiene que ver con decisiones de producción.

También suele ser el que se preocupa de las fechas de entrega, de las portadas y demás. En este caso, me ha tocado a mí ejercer este rol de productor ejecutivo también. En ese sentido, tiene que ver también con temas de pasta y demás. Al final es quien da la cara muchas veces, porque sacar un disco conlleva estar en veinte fregaos.

Has hablado mucho del sampling, pero puede que haya gente que no sepa lo que es, ¿podrías dar unas nociones sobre el concepto? ¿Cómo trabajas el digging o la búsqueda de material?

Yo sampleo desde siempre y lo hago con todo tipo de vinilos: nuevos, viejos, reeditados, etc. Suelen ser vinilos de segunda mano, pero intento buscarlos en tiendas boutique, vinilos que están limpios, si no es muy difícil. Aunque también trabajo con vinilos de 1 euro reventados. Me centro mucho en buscar música negra. A veces busco años o músicos concretos. Depende de si necesito un bajo, una armonía o lo que sea. Al final conoces el sonido de cada músico y lo que funciona. Por ejemplo, rara vez sampleo con discos de antes de finales de los sesenta, suelen ser grabaciones muy sucias. Se nota mucho el salto de calidad desde que entraron los multipistas de cuatro u ocho. Entonces, me empiezan a interesar los discos de esos años, desde principios de los setenta.

Luego es buscar: los discos de los ochenta suenan a cajas de ritmos. Se fliparon. Ahí hay de todo, y no suena igual una caja de Marvin Gaye que una de Midnight Star. Compara cómo está grabado un disco de George Clinton y uno de Barry White. En uno hay agudos excitados, en otro bajos profundos… Hay mucho tomate por ahí. Todo tiene su miga. Pero sí, son años y años de escuchar vinilos como un puto loco.

Aunque ahora estás con este tipo de proyectos, tú vienes del hip hop; hablemos de eso. ¿Cómo ves la escena actual y cómo te ves tú en ella? ¿Estás dentro o fuera?

Estoy dentrísimo. Que alguien me diga a la cara si estoy fuera. Hago otras cosas que no son rap, pero estoy sacando discos de rap todo el rato. Lo que pasa es que los proyectos como este que estoy haciendo ahora son muy divertidos, tío.

Llevo haciendo rap desde que tengo quince años, desde que me metí con mis colegas a samplear. Esto es otra cosa, trabajar con músicos, ir de gira, compartir el escenario con teclados, con cantantes, con Porcel, con una guitarra, una trompeta… Es algo que da mucho curro. Igualmente, el hip hop está ahí siempre. Igual que cuando coges un disco de D’Angelo, por darte un ejemplo. Es hip hop, pero es jazz, es soul, es R&B y es funk.

Me gusta pensar en todo esto desde el funk, porque aunque la gente piense que es siempre rápido, no es así; absorbe un poco todo.

En realidad son estilos y géneros que han influenciado a las nuevas generaciones de raperos. Desde Jazz Magnetism ha habido muchos proyectos de rap con banda. Si tuvieses que hacer una valoración de la situación del rap en España, ¿cuál sería? ¿Cómo ha evolucionado desde que comenzasteis con Violadores del Verso en los noventa?

No había nada; estaba todo en pañales. Respecto a lo que dices de las bandas, creo que no ha pasado tanto. Cuando pasó lo del proyecto de Javi, lo vi como una isla en el desierto, como un oasis. Al menos llevar el rap a una onda tan jazzy en directo.

Los chavales ahora están haciendo cosas muy guapas; hay mucho rap. También hay mucha música urbana, que le llaman, porque creo que lo separan bastante del rap; es otra película. A mí me mola mucho el rap de ahora, hay gente haciendo cosas duras que siguen ahí, con un rollo contestatario muy potente.

Hay mucha tontería también, muchas cosas desagradables de escuchar.

¿Crees que hay una buena relación entre la vieja y la nueva escuela del rap en España?

Nos llevamos bien con los chavales de ahora. Lo que pasa es que es gente que ha crecido de una manera totalmente diferente, especialmente con el concepto de las redes sociales. Esto hace que la escena musical sea otra película, otro planeta. Para ellos nosotros somos dinosaurios, y es que es verdad que llevamos treinta años, pero somos rapers, no salimos de esto, nosotros nunca hemos renegado de la escena. Si no se hace una vida más de unión, no creo que sea por nosotros; creo que es una cosa generacional.

Sí, yo llegué a la misma conclusión hablando con un amigo el otro día.

Claro, en los noventa y en los dos mil se hablaba de otras cosas. Nosotros hablábamos de nuestra realidad. Nosotros hablábamos de lo que nos rodeaba, del ambiente de las drogas, del alcohol sobre todo. Era otro rollo.

Igualmente, siento que seguimos formando parte y que la gente lo sabe. Son muchos los chavales que se paran a hablar conmigo y me dicen: “Oye, Rumba, un honor”. Yo no quiero que nadie me venga con eso, entiéndeme, a mí eso me la suda por completo, pero digo que  al final conectamos con la gente de ahora, muchas veces porque lo ven desde niños, porque sus padres les ponían Violadores del Verso. Mucha gente entró al rap por Doble V.

Lo dicho, que hay gente haciendo cosas muy buenas, muy guapas, que no reniega de nada, pero que simplemente ha nacido en otra época. Ahora hay de todo y cuando nosotros empezamos no había nada, ni medios, ni salas, ni técnicos, ni festivales.

Está claro. Pero igualmente me da la sensación de que el rap ha perdido algo que antes tenía, algo de contestatario e irreverente; era más que música. Ya lo decía Lírico: “El rap es el más fiable telediario”.

Eso es así. Y eso nosotros lo hemos tenido, claro. Nosotros vivimos de la época de Public Enemy, de la época en la que con quince años lo último que te imaginabas era que ibas a vivir de la música. No hacías un EP para eso. Ahora, cuando empiezan, con el tema de las redes, se hace música pensando en vivir de ella, para ganar dinero, para hacer su oficio. El planteamiento es muy diferente. Antes simplemente decías lo que pensabas y ahora la gente se lo piensa dos veces por si le perjudica; le da miedo decir lo que piensa.

Claro que me gustaría oír más reivindicaciones, pero bueno, te lo está diciendo un pavo que acaba de sacar un disco que es todo contrario. Quiero positividad, porque me da tanto asco cómo está todo que no he querido meter el politiqueo en el disco. He querido hacer algo fresco y libre de comidas de olla.

¿Cómo ves el papel de la música y del músico frente a los conflictos, las crisis o los problemas de la actualidad?

A mí lo que me jode un poco es el hecho de que se exija constantemente confesarse, que haya que hacerlo todo el rato. Claro que me jode la injusticia, claro que me jode que echen a la gente de sus casas, pero no tengo que estar poniéndolo en todos lados todo el rato. Yo me he posicionado, lo he hecho con Gaza y he subido muchas cosas, pero es que me ha pasado hasta con colegas: “oye, di tú algo que tienes…”. Me jode sentirme obligado a tener que justificarme todo el rato. La gente sabe mi posición y sabe que utilizo mi altavoz, que tampoco es tan grande para estas cosas. Pero joder, para eso están las letras. El tema aquí son las redes sociales, que son una puta locura. Menos mal que venimos de un mundo sin eso.

Tú has visto todo el tránsito respecto a la industria en este país, con Doble V crecisteis sin todas esas herramientas, sin la presión de las redes o la sobreexposición, ¿cómo ves ese cambio respecto a hoy día?

Yo creo que era una época en la que lo importante era la canción. Punto. No sabías cómo era el artista. Lo importante era la canción. La imagen era secundaria, podías hacer un video, pero ¿Tú sabes cuánto costaba un videoclip? Porque muchas veces ni te lo planteabas. Al final, lo que importaba era lo que decían las canciones, tus letras y tu música.

Ahora acabas pasando a veces por el aro, pero me da asco; yo lo que quiero es que la gente escuche la música, que se la ponga en casa, para hacer de porte, para viajar. Eso es lo que me interesa, que la disfruten y las vivan, ¿Qué les importa mi puta cara? Yo me expreso con la música y quiero que eso sea lo que cuente.

Y respecto a este proyecto, al de Funk Experience, ¿qué te depara? ¿Gira? ¿Conciertos en salas? ¿Festivales?

En España hay pocos festivales que pongan el foco en este royo, pero algo hay. Pero bueno, voy a hacerme cuatro conciertitos de presentación, en Zaragoza, en Madrid, en Barcelona y en Alicante. Luego intentaré moverlo como pueda, cogeré salas y haré más cosas. Estoy también en otros proyectos con los que tengo alguna gira, entonces le dedicaré el tiempo que pueda, pero le meteré.

Y ya para terminar, aunque creo que es una cosa que ya te habrán preguntado diez millones de veces, ¿va a volver Violadores del Verso?

A ver, pues es que nunca nos hemos ido. Es que esa es una manía que tenéis. ¿Que si volveremos a hacer una gira? Seguro que sí. En un par de años hablamos.

¡Comparte tus comentarios!

Deja un comentario