El pianista gallego Xan Campos presenta Amorodios, un nuevo trabajo que verá la luz el próximo 10 de abril y que supone un giro significativo en su trayectoria, incorporando por primera vez la voz y la canción a su universo creativo. Acompañado por Faia Díaz, Virxilio da Silva y Iago Fernández, Campos construye un disco de fuerte carga conceptual en el que confluyen jazz, tradición gallega y nuevas formas de entender la composición. Hablamos con él sobre este proyecto, que presentará en directo en distintas ciudades gallegas durante abril.
Fotos: Eutropio Rodríguez
Hay discos que nacen como una colección de temas y otros que, desde el primer momento, se piensan como un universo propio. Amorodios, el nuevo trabajo del pianista gallego Xan Campos, pertenece claramente a esta segunda categoría. Con una estética cuidada al detalle y una fuerte carga conceptual, el álbum marca un punto de inflexión en la trayectoria de uno de los músicos más inquietos del jazz hecho en Galicia. Lejos del formato clásico de trío con el que se dio a conocer, Campos se adentra aquí en un territorio donde la canción, la palabra y la tradición dialogan de forma natural con la improvisación.

El disco verá la luz el próximo 10 de abril, fecha a partir de la cual comenzará un recorrido que tendrá paradas destacadas en Galicia, incluyendo una presentación en Santiago de Compostela y una celebración muy especial en Cangas coincidiendo con el Día Internacional del Jazz. Hablamos con Xan Campos sobre este nuevo proyecto, su proceso creativo y los caminos que se abren a partir de un trabajo tan personal como ambicioso.
El disco tiene un concepto e imagen muy cuidados, ¿con quién editas?
Es una autoedición, aunque posiblemente se convierta en un primer disco de una discográfica llamada Simalbeira, un nuevo proyecto.
¿Es un proyecto tuyo?
Mío y de ella [María], que está ahora llevando Free Code, que se quedó un poco en un limbo, aunque todavía continúa y lleva un montón de años, desde los noventa.
La idea que tenemos es hacer alguna producción, comunicación, aprovechar la experiencia con Canjazz, etc. No lo hacemos con ninguna pretensión, no es una cuestión económica, simplemente empezar a definir un proyecto, trabajar con cosas que nos parezcan interesantes
¿Tienes algo pensado de cara a la presentación?
Sí, quiero hacer algo en Cangas y aquí en Santiago. La idea es hacer una jam-foliada. El disco sale oficialmente el 10 de abril, pero vamos a hacer un preestreno en Gijón y luego vendremos al Teatro Principal de Santiago el 22 de abril; por último, estaremos en el Filloa en formato club el 29 y en Cangas el 30, que coincide con el día internacional del jazz.

A diferencia de muchos discos, en los que se graba primero y luego se presenta, nosotros ya tocamos en directo, no el disco, pero sí con la formación, e incluso le dimos forma a algunos temas en el escenario. Aquí hubo ese trabajo previo, la primera vez que hicimos algo juntos en directo fue hace ya dos años, en la Borriquita de Belem, con Virxilio y Faia, en aquel momento no tocó Iago, pero la idea era la de este álbum.
La música cambió mucho desde que empezamos a trabajar; fue un proceso largo y flexible donde hubo muchos dilemas existenciales y con la propia música. Para mí fue una nueva experiencia introducir la voz, las letras, darle un encaje y una personalidad.
Hay ciertas cosas que están en el disco que no se pueden hacer tal cual en el directo, como por ejemplo las cuerdas del tema “A Vella”; hay momentos también en los que intervienen varias panderetas que igual resultan algo más complicadas. Al escucharlo atentamente da la sensación de que hay muchos elementos, pero, en realidad, muchas de esas cosas se pueden llevar a cabo en cuarteto, aunque haya que simplificar un poco.
Tu trabajo anterior es más de “club”, en trío, con una formación más clásica. Aquí das un giro hacia la canción, hacia la melodía y la letra, incluso se puede decir que hay un aire pop, cosas que se pueden escapar un poco del ámbito jazzístico, ¿por qué?
Totalmente, la verdad es que nunca había hecho música con voz, al menos no compuesta por mí. Fue un reto, pero es algo que tenía muchas ganas de hacer, pero que no pude porque no me veo capacitado para cantar a un buen nivel. Cuando descubrí a Faia Díaz, fue cuando me lo planteé y dije: “Quiero que esta sea mi voz”. A partir de ahí fue un proceso de ir descubriendo cómo conectar esa voz que yo sentía y quería que me representase, conectaba con la identidad también de mi música.
El hecho de hacer “canciones”, muchas veces con estructuras “pop”, como dices, es una cosa que hablamos durante mucho tiempo con Hevi [Malandrómeda], que fue el que tuvo ese rol de productor, y con los músicos. Al venir de un mundo musical completamente diferente, me ayudó mucho a darme cuenta de cosas que se me escapan o no veo tan claras respecto al lenguaje, las estructuras, etc.

Claro, el disco en su conjunto se ve como una unidad, hay un trabajo de concepto y forma detrás, te refieres a eso, ¿no?
Sí, de hecho se habló mucho de esto de si era pop o no. La letra tiene mucho protagonismo aquí, no podemos desconectar la voz de repente durante quince minutos para un solo, entonces estructuramos todo un poco en torno a esta.
Es un condicionamiento que no tiene por qué ser negativo, al final, poner ciertos límites hace que puedas explorar otras cosas. Sí, al final es un disco de jazz, hay improvisación y el enfoque es muy espontáneo. Lo que queríamos es que fuera algo coherente a nivel estético y de estructura. No hay duda de que hay aspectos que no son típicos o convencionales.
Es cierto que hay un lenguaje diferente, sobre todo si lo comparas con tus discos anteriores, donde trabajabas mucho con ostinatos, loops, etc. Iago y Horacio tenían unos papeles marcados en cuanto a sus sonidos que daban al trío una fuerza y un sonido únicos. A lo que voy es a que tu música resultaba “brillante” en términos de timbre y color, y este disco tiene un punto melancólico, por decirlo de alguna forma. No sé si es algo intrínseco a la lengua, al gallego. Entonces se encuentra ese impulso y fuerza que ya había en tu música, la melancolía y la voz.
Siempre me gustó combinar los elementos rítmicos con cuestiones más líricas. En este caso no sé si es más melancólico. Creo que se puede enlazar con el propio título del disco. Hay una parte claramente existencial, pero también hay positivismo, hay partes bailables o más alegres y desenfadadas.

¿Quién compone las letras y las melodías?
Las letras son mías. Esto fue otro reto bastante grande, estuve mucho tiempo trabajando en las letras y era algo que no había hecho antes. Las melodías son lo mismo. Fue un aprendizaje y algo muy interesante de hacer. Para las letras me inspiré mucho en las métricas de la canción tradicional gallega, así como en las estructuras de los versos, de las estrofas, etc. Es un poco mi interpretación de eso, porque al final tampoco soy un especialista.
Hablo un poco de ese amor-odio. Un poco por la vida que tenemos hoy en día, tenemos de todo, acceso a toda la información, a nivel material, etc., pero a nivel emocional es una época de sufrimiento también, de incertidumbre. La propia música sufre de esa incerteza; tenemos acceso a más música que nunca, pero la forma de consumirla no profundiza en ella. Eso es lo que más me inquietaba cuando componía esto.
En general estoy muy satisfecho con el resultado y con el proceso de aprendizaje.
Al hacerlo en gallego, ¿estás buscando acercarte más al público de la comunidad? ¿Crees que puede ser una barrera a la hora de querer tocar fuera?
La verdad es que no pensé en eso a la hora de hacerlo. Creo que estamos en un momento en el que se valora bastante la diversidad, y creo que hay una revalorización de los folklores en general, propios y ajenos. Me parece que es una música con mucho potencial, entiendas o no la letra. Además, tiene cabida dentro del mundo del jazz y de la música tradicional, precisamente porque no estás forzando ninguno de los dos lenguajes, sino que estás haciendo un todo homogéneo.
Siguió una dinámica muy natural. En este caso, al contar con Faia, con una personalidad en la voz tan fuerte ligada a ese mundo de lo tradicional, hizo que fuese algo versátil. Tuvimos que hacer un proceso de adaptación por las dos partes, una búsqueda y exploración.
Realmente es difícil escapar de las raíces, ya en mis primeros discos había pequeños elementos de música gallega, pero no los había desarrollado o manifestado. Me gustaría que esto fuese una base para el futuro, que el disco cree su propio recorrido. Cuando el disco salga a la luz, se irá desarrollando por sí mismo.
¿Hay algo que nos estemos dejando atrás?
Bueno, respecto a la formación, Virxilio [da Silva] y Iago [Fernández] son dos pilares del disco. Son parte de mi carrera musical, además de amigos desde que éramos pequeños. Yo quería compartir esto con ellos. Siempre intento que los músicos que participan tengan su espacio para ser ellos mismos. Me gusta definir ciertas cosas, tener estructuras claras, pero también que en los ensayos haya espacio y cabida para todo; es la forma de que surjan cosas, cambios, es una cuestión de confianza. Esa es la riqueza de la música. ¿Qué más puedo pedir que tener unos musicazos así, a los que admiro?