La voz de Irati Bilbao florece con una naturalidad que desarma. Su segundo disco, Bloom, no solo confirma su crecimiento artístico, sino que la sitúa como una de las figuras emergentes más interesantes del jazz estatal. En plena gira de presentación, la cantante recala en Madrid el próximo 25 de abril para seguir defendiendo un proyecto donde la improvisación, el riesgo y la sensibilidad conviven sin artificio.
Fotos: Pablo Bueno
Han pasado varios años desde que Irati Bilbao debutó discográficamente, pero el tiempo ha jugado a su favor. Bloom, editado tras ese primer impulso inicial, es el resultado de un proceso de maduración artística y vital marcado por cambios profundos en su entorno musical y en su propia concepción del jazz.
El álbum, construido sobre un equilibrio entre composiciones originales y revisiones del repertorio clásico, muestra una identidad más definida y valiente. En él conviven el lenguaje del jazz tradicional con influencias modernas, el trabajo colectivo de su banda y una apuesta decidida por la improvisación vocal, donde el scat adquiere un protagonismo central.
Ahora, en directo, ese universo cobra una nueva dimensión. Su próximo concierto en Sala Babylon será una oportunidad para escuchar cómo ese equilibrio entre pasado y presente se transforma sobre el escenario, en un formato que mantiene la esencia del cuarteto base y que, en ocasiones, se expande con una sección de vientos que amplía el espectro sonoro del proyecto.
Una cosa que me sorprendió es que no hayas presentado este álbum en Madrid antes, ya que vio la luz en 2024.
El disco se presentó aquel año en el Festival de Jazz de Córdoba. También hemos tocado aquí en Vizcaya, bueno, en Euskadi en general, y hemos tocado en Cantabria, además de Andalucía, pero no hemos tocado en ningún otro sitio este disco. Entonces, sí, se podría decir que lo estamos presentando.

Sí, tanto Madrid como Barcelona.
Claro, son los grandes epicentros del jazz nacional, aunque hay otros como Sevilla, Valencia, o Donosti, aunque cada vez parece que está más de capa caída.
Sí, más bien es una tarea pendiente. Lo que pasó es que el primer disco salió en 2020, entonces sí que fue un disco un poco raro en ese sentido, porque costó mucho que salieran los conciertos aquel año, se tocó poquísimo. En 2021 también se tocó poco, y, al final, como ya tenía tres años o así, fue cuando tocamos mucho y fuimos a Madrid, a Andalucía, a Galicia, a Barcelona, fuimos así un poco a muchos sitios. Al dilatar tanto la presentación de ese primer disco, se solapó con el segundo. Al terminar una gira no puedes comenzar inmediatamente otra: los mismos clubs, los mismos festivales, etc. es difícil que te programen.
Sacar un disco siempre es complicado; me refiero al proceso, no es nada sencillo. Ya no es una cuestión de los mismos lugares, aunque la programación dentro del jazz es siempre limitada.
Sí, eso pasa. Es un proceso: cuando no tienes nada publicado hay como concursos, u opciones para grupos locales, así que tiene como ciertas oportunidades. Sí que es cierto que luego los conciertos un poco más grandes son de gente internacional. Hay como una necesidad de llenar un auditorio, o mil sillas. Entonces, hay un limbo que creo que también a veces se descuida un poco en los grandes festivales, de proyectos y públicos intermedios.
A la hora de llevar el directo, ¿el formato habitual es de sexteto o el cuarteto?
La mayoría de veces que hemos tocado he sido en cuarteto. Aunque grabé en el estudio en sexteto, los vientos participan solamente en algunos temas. También tengo claro que es complicado mover un sexteto, sobre todo cuando sales un poco de tu comunidad autónoma. Por eso lo planteé un poco para que funcionara de las dos formas. Últimamente sigo intentando pulsar un poco el sexteto, porque me apetece más ese formato, y el disco también se pensó en ese formato.
Me llamó la atención una canción, una letra que tomaste de un poema de la que haces una especie de bolero, ¿de dónde sale?
Ah, sí. Ese es un bolero de Marta Valdés, que realmente lo conocí cuando yo estaba estudiando en Musikene. Un bajista que era amigo mío me pidió cantarla con él, y la verdad es que nunca había cantado boleros, por eso es el mejor bolero de mi vida. Me gustó mucho, y sí que antes de grabar el disco ya lo había cantado en directo, pero me apetecía grabarlo.
Me dio mucha curiosidad por qué habías incluido ese tema, sobre todo por esa unión de lo poético y lo visual, porque también el aparato de fotos, el librillo, hace mucho sentido con la música; la presentación está muy cuidada, ¿cuál es la narrativa o el concepto que hay detrás de Bloom?
La verdad es que es un disco que nace un poco después de terminar el conservatorio. El primero lo compuse poco antes, como un proyecto personal, con mis compañeros, sin demasiada expectativa. Finalmente salió bien pero con la cuestión de la pandemia todo se rompió de forma abrupta y un poco traumática. Me di cuenta de que no podía seguir con lo mismo y entonces, en cierto modo, decidí romper y volver a florecer, eso es Bloom: querer renacer, el darte un tiempo a veces para parar y repensar las cosas.
Me gusta mucho la poesía, me gustan mucho las artes visuales y me interesa mucho el concepto general de todo lo que tiene que ver con la creatividad.
Se ve que tiene un trasfondo, lo que te decía, narrativo, conceptual, aunque también se ve el tópico típico de las canciones de amor y desamor, o quizás sean simplemente cosas que pasan.
Sí, es algo que me gusta mucho, que es verdad que es muy tópico. Coger canciones de amor, ya sean estándares o composiciones propias, de muchos tipos de amor, no tiene por qué ser un amor romántico, pueden ser otro tipo de sensaciones. Me gusta mucho hacer esas lecturas, sobre todo con estándares, de decir: “esto no tiene por qué estar dirigido específicamente a un amor romántico”. En general son cosas que pueden dar mucha más interpretación, puede ser a la vida, a uno mismo,
Y bueno, ahora estabas hablando del estándar, claro, hay ciertas influencias que se ven claramente, sobre todo en técnicas, como puede ser con Ella Fitzgerald; pero prefiero que me cuentes tú, ¿cuáles son tus referencias en el jazz?
No es algo en lo que pienso mucho. A ver, es verdad que evidentemente Ella Fitzgerald es alguien que siempre ha sido muy referente para mí, sobre todo cuando estudiaba, con ella descubrí la improvisación, casi descubrí el jazz prácticamente. Pero luego, compositivamente, si te digo la verdad, no lo pienso mucho. Escucho cosas que me gustan y que pueden inspirarme, y muchas de ellas no son de canto.
En el disco juntas hasta tres lenguas, el euskera, el español y el inglés. Entiendo que no hay una idea de folclorizar o popularizar en el sentido más identitario tu música, pero, ¿tú te ves haciendo eso?, ¿lo ves importante en el sentido de llevar las formas más tradicionales al lenguaje del jazz?
No es exactamente mi camino, la verdad. No soy muy “fusionera” en mi concepto. Sé que es algo que se hace mucho y que últimamente está muy en boga. Me parece interesante, me parece muchas veces necesario, al igual que explorar estas fusiones de estilos o de lenguajes, pero en general no es el camino por el que más tiro yo.
Grabé esa canción porque yo, cuando era pequeña , en mi casa no se ha escuchado jazz. En mi casa se han escuchado cantautores, en particular el cantautor que popularizó esta canción, que se llama Immanuel Arzabal, pues es alguien muy querido de mi familia y es una canción como muy especial. Sentí un poco la necesidad de cantar algo en mi idioma materno, simplemente me apetecía hacerlo.
No me refería únicamente a introducir el folclore vasco, sino a hacer letras en euskera, que puede ser interesante.
La verdad es que hasta ahora no he sentido esa necesidad, al menos en este proyecto, pero yo a lo largo de los años he participado en otros grupos donde yo he cantado en euskera, he escrito en euskera, y quizás ese lado, esa necesidad, la tenía igual cubierta en otros proyectos.
Ahora que estás planteando esta gira, estos conciertos fuera de Euskal Herria ¿ A dónde estás viendo de aquí a medio plazo?
A mí me gustaría que, aparte de que vaya bien en Madrid, de que a la gente le guste, de que a la gente le llegue, que no se estanque, mantener un nivel de conciertos, salidas, y tener la oportunidad de tocar más y en mejores condiciones. Supongo que el sueño de todos es vivir de lo que hacemos, vivir de la música, aunque es algo muy remoto y muy difícil de conseguir.
El trabajo da sus frutos, y muchas veces es cuestión de insistir, o no desistir, pero sí, obviamente es un mundo difícil, por competitivo sobre todo. Supongo que tendrás en mente cosas nuevas para seguir en los próximos años.
Pues a ver, sí que escribo cosas y me apetece como empezar a probar cosas nuevas con el grupo y todo eso, pero la verdad es que ahora mismo estoy inmersa en estos próximos conciertos.
Ahora mismo me quiero enfocar en este año en tocar con el sexteto. Ya de cara al año que viene o el siguiente, pues sí que me gustaría seguir por aquí y poder sacar un tercero.
Yo creo que Madrid va a tener buena acogida este proyecto, además es un sitio para explorar, donde hay un buen público, un público bastante interesado también. El hecho de hacer un disco es algo que quizás necesita su espacio, su propio tiempo y, además, cuando tenga que ser, será, como se suele decir.
Exacto, mi editor suele decir que los grupos buenos sacan un disco cada cuatro años, entonces todavía estoy transitando esto. Hay margen.