John Legend y el arte de cantar historias

El miércoles 22 de julio John Legend se subió al escenario de Las Noches del Botánico. Un hombre pegado a un piano desplegando sus historias y canciones, nada más, ante el público madrileño. En uno de los parones, algunos se preguntaban si iba a salir una banda de músicos. Algo tan íntimo y tan narrativo en un contexto festivalero podría terminar siendo un fracaso. No lo fue. Una buena peripecia vital en la voz y las manos de un creador como John Legend es difícil que no te haga sentir algo.

Texto: David Álvarez

@daviz.alvarez

Fotos: Chema Muñoz

@chema_munoz_rosa

No seré cruel con los lectores que no hayan estado en sus conciertos y no destriparé de manera pormenorizada la vida y obra que el artista nos fue relatando durante algo más de hora y media. Dejaré parte en el tintero para que te pillen desprevenido si algún día vas a un directo de Legend. Debo decir que, aun conociendo su biografía bien, hubo cosas que me sorprendieron. Anecdotas personales y profesionales, fotos y vídeos familiares, penas y alegrías que se fueron ambientando con canciones. John Legend habló constantemente, pero también tocó y cantó mucho. Su catálogo de éxitos estuvo presente con “Stay With You” (2004) —escrita once años antes de su álbum debut mientras viajaba en el metro de Nueva York—, “Save Room” (2006), “Ordinary People” (2004) —nacida en unas sesiones de grabación para Black Eyed Peas—, “Tonight (Best You Ever Had)” (2012) y la más esperada para ser apaleada vocalmente por parte del público que no es capaz de callar y escuchar, “All of Me” (2013). Las colaboraciones de Legend con artistas como Meghan Trainor, Common o Gary Clark Jr. también tuvieron su momento. Se colaron brevemente esas canciones que le hicieron famoso como pianista y compositor en la industria del R&B y el hip-hop antes de que la mayoría supiéramos quién era John R. Stephens: “Everything Is Everything” (1998) de Lauryn Hill, “You Don’t Know My Name” (2003) de Alicia Keys, “Jesus Walks” (2004) de Kanye West o “American Boy” (2008) del mismo rapero junto a Estelle. Contó cómo pasó de tocar el piano en el mítico álbum The Miseducation of Lauryn Hill por estar casualmente en el lugar correcto hasta participar de lleno en la creación de The College Dropout de West. No faltaron sus referentes musicales: su abuela suena en él y su piano góspel siempre, “Ribbon In The Sky” de Stevie Wonder, “Bridge Over Troubled Water” de Simon & Garfunkel, “Here Comes the Sun” de The Beatles, “Redemption Song” de Bob Marley y “God Only Knows” de The Beach Boys.

La historia que cantó estuvo dividida en un preludio y seis actos que recorren desde que nació en Springfield, Ohio, en 1978 y creció espiritual y musicalmente en la música góspel hasta llegar al éxito internacional y formar una familia idílica. Por el camino hay pérdidas, dramas sociales, momentos en los que estuvo a punto de dejar la música, luchas con la industria musical y mucho más. No es el único concierto al que asisto últimamente en el que se explota esta idea autobiográfica, un músico que viaja por el repertorio construyendo su propia “leyenda”. Hace algunas semanas en Madrid, tanto la estrella de Broadway Patti LuPone como Ryan Tedder de One Republic hicieron lo mismo y también lograron conectar con el público. John Legend consiguió que cada canción resonara sentimentalmente, que entre una y otra el público soltara un “oh” sorpresivo o se escapara una lágrima. Todos hemos echado de menos a una abuela, nos hemos decepcionado en un proyecto profesional o incluso hemos encontrado el amor, así que era fácil identificarse con él. Siempre hay alguien que por barrera lingüística o porque le interesan más las copas que ponen a la fresca del Real Jardín Botánico Alfonso XIII, no empatiza con lo que está ocurriendo en el escenario. Por suerte, creo que eran pocos estos casos.

La narración de Legend no solamente habla de sí mismo, sino que se enclava en el contexto de su comunidad, un hombre negro estadounidense de clase media con una clara vocación de reivindicación, un continuador de la lucha por los Derechos Civiles. Especialmente en el Acto V, John Legend hace un “ensayo” sociopolítico en defensa de la igualdad y las libertades. Cuestiones como la masificación de las cárceles estadounidenses y las condiciones de los presos le tocan de cerca. Si vas a un concierto suyo o indagas sobre su vida, entenderás la razón. En su infancia solía ir a la biblioteca pública a leer sobre temas políticos y en la universidad estudió literatura. Y aunque no lo contó durante el concierto, la influencia literaria de dos de sus escritores favoritos, Toni Morrison y James Baldwin, se nota en su arte para narrar. Rompió con la línea cronológica simple. Por ejemplo, desde la infancia en que escuchaba a Stevie Wonder saltó a ese sueño cumplido cuando su ídolo cantó en su boda o en ese fragmento más activista mostró cómo las acciones que hoy está llevando a cabo estaban en su mente ya en la adolescencia cuando ganó un concurso regional que buscaba ideas para mejorar la vida de las comunidades negras.

Claramente, Legend abogó por la simplicidad y la conexión directa con el público. A excepción de “Wonder Woman” (2022), que cantó sentado escuchando el instrumental en un tocadiscos, todo transcurrió con él y su piano únicamente. Pero esa apariencia simple encierra una gran riqueza de matices, de ideas. Lo mismo pasa con su música. Seguro que has escuchado alguna vez “All of Me” —entró en las listas de venta españolas, sonó mucho en las radios y cuenta con más de 3.000 millones de reproducciones en Spotify—. Una balada romántica con cuatro acordes y una letra no muy rebuscada. Pero con ese poco de material, paseando entre mayor y menor, invirtiendo acordes y poco más, logra expandirlos hasta más de una docena de sonoridades. Esa “compleja simplicidad” me recordó a Marvin Gaye, al jazz próximo a la Ivy League, al pop de cámara de la década de 1960. Tras disfrutar a John Legend en directo, me creí eso que canta en “I Know Better” (2016): “Me ves a mí y nada más. Canto lo que sé. Sé más que eso. «Leyenda» es solo un nombre, sé que no debo ser tan soberbio. No me embriagaré con toda esta fama, recibiré más amor del que me corresponde. No tendré que romper con mis orígenes, mi historia me ha traído hasta aquí…”.

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