Josemi Garzón Quartet lanza “Aborigen”

Texto: Escarlata Fernández / Fotografía: Noah Shaye

El contrabajista Josemi Garzón presenta “Aborigen”, un disco íntegramente personal en el que se desdibujan los límites entre el flamenco y el jazz.

 

Cuando el acompañamiento toma la batuta

Que un buen acompañamiento marca la diferencia lo sabemos todos, pero que el acompañamiento es, en realidad, una dirección velada sólo lo advierten unos pocos. El contrabajista Josemi Garzón es uno de ellos y con “Aborigen” (Autoproducción, 2020), su primer disco, demuestra que el protagonismo de un buen instrumentista no implica tener el foco central siempre encima.

En este ocasión, y para romper con lo escrito, es el contrabajo el que en gran parte se deja acompañar en “Aborigen”. Y lo hace con un elenco a la altura: Germán Kucich al piano, Juanma Barroso a la percusión y Enriquito a la trompeta y fliscorno. 

“ABORIGEN” DEL MUNDO

Con este cuarteto Josemi Garzón demuestra que no sólo ha transitado por las músicas del mundo: las ha habitado. En “Aborigen” se amalgama el fruto de una andadura que comprende desde Enrique Morente a Kevin Mahogany pasando por la Filarmónica de Madrid. Tamaño viaje encuentra su culmen en un proyecto con una sonoridad única, imposible de encasillar en un estilo. 

Los temas de “Aborigen” —todos ellos firmados por el propio Garzón a excepción de las tres versiones: “Lo bueno y lo malo”, “Recuerdo a Mingus” y “Blackbird”— hacen un recorrido por patrones rítmicos propiamente flamencos sin dejar de lado esa flexibilidad interpretativa tan característica al jazz.

FLAMENCO Y JAZZ, JAZZ Y FLAMENCO

Probablemente este disco entrevere jazz y flamenco de la mejor manera posible, si acaso la única: sin marcar distinciones, sin anteponer el uno al otro, sin crear abismos entre estos dos idiomas. Y es que Josemi Garzón cuenta con la soltura de quien controla sendos lenguajes a la perfección. Es él quien dirige el concepto del álbum, sin que se le escape un compás y meciéndonos de un ritmo a otro. 

El disco apunta ya desde inicio a la mescolanza que espera en cada corte: abre con una flamante versión de “Lo bueno y lo malo” del gran Ray Heredia —ya de por sí artista adelantado y original— que el cuarteto se lleva a su terreno con un gusto excepcional. Los arreglos de Josemi Garzón consiguen un nuevo sonido sin apartarse del arraigo a un tema épico.

Le sigue a esta pieza una seguiriya, “Maleante”, marcada de entrada por el contrabajo con la facilidad propia de quien no teme perderse en ningún palo flamenco. Con “Tres soles” el cuarteto se adentra en un jazz evocador, con un piano que resuelve extraordinariamente una melodía emotiva y un contrabajo que completa e hila haciendo sonar al silencio. Sorprende de nuevo, en “Sacopatas”, la facilidad con que Josemi Garzón es capaz de introducir construcciones flamencas sin apenas esfuerzo. Estos tanguillos “felinos” cuentan con un motivo al piano acechante y elegante, como todo gato que se precie.

Con “Carminin” Josemi Garzón se luce, sin ambages. Los ecos del este que se desprenden de su maestría con el arco introducen sin prisas una cadencia solemne, grave y, ante todo, flamenca. A esta pieza, con reminiscencias de soleá de Alcalá, no le faltan ni el rasgueo ni el cierre propio a este palo.

LA LIBERTAD DE ROMPER NORMAS

A los lectores de másJazz les sonará, por lo menos un poquito, la trompeta de Enriquito. Lo que puede que les sorprenda más es ver —o, vamos a decir, escuchar— cómo luce cuando le acompañan de la manera en que lo hace Josemi Garzón. En el tema titulado “Ojalá” la percusión de Juanma Barroso nos introduce a un tiempo agradecido, imposible de no sentir. Es natural que contrabajo, piano y, en especial, el fliscornio de Enriquito se encuentren a gusto por bulerías. Que baje un purista y lo vea.

En su homenaje a Charles Mingus, “Recuerdo a Mingus”, el cuarteto camina. La competencia de cada uno de estos instrumentistas queda subrayada en esta pieza: todos ellos se desenvuelven con soltura y dan un color especial con su interpretación. A caballo entre el tanguillo y el bebop, la fina línea entre el duende y el swing (a lo mejor ya de por sí mera cábala lingüística) termina de desdibujarse. “Manolita” es una preciosa composición que abre y se recoge por alegrías, sin terminar nunca de perder de vista este palo. Con unos cambios de ambiente que te mantienen siempre enganchado, el piano de Germán Kucich solea resuelto sobre un acompañamiento que amenaza de la manera más amistosa con robar todo el protagonismo.

LA SINGURALIDAD DE LO PERSONAL

Aborigen” cierra de la mejor manera posible: dejando con ganas de más. Josemi Garzón se despide en los últimos minutos del disco con una versión del “Blackbird” de los Beatles como nunca se ha hecho. Y no se puede decir que se hayan hecho pocas versiones de los de Liverpool. Si el pie de Paul McCartney —ese que se escucha en la grabación original y que tantas veces se ha confundido con un metrónomo— hubiese sido más flamenco, su “Blackbird” habría ido también por tangos.

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Desde másJazz quedamos a la espera de la presentación en directo de “Aborigen” que tristemente, y como tantos otros asuntos, quedó en stand by debido a estos tiempos tan difíciles que se nos han echado encima. Mientras tanto, el Josemi Garzón Quartet nos hace la espera más dulce con un disco imposible de escuchar una sola vez.

Josemi Garzón -Fotografía Noah Shaye
Josemi Garzón -Fotografía Noah Shaye

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