El artista electrónico Matthew Herbert y la cantante y batería Momoko Gill presentaron “Clay” (Strut Records, 2025) en CAN REON Festival, una colaboración soul y electrónica con la que encandilaron al público derrochando creatividad, elegancia y una compenetración musical perfecta
Fotos: Dani Vilaró

Los dos artistas -ambos vestidos de blanco para dar protagonismo únicamente a la música- presentaron “Clay”, álbum colaborativo creativo e intimista de gran belleza, que encima del escenario se transformó en un trabajo distinto -igual de bello, pero con mucho más carácter y una dosis importante de improvisación y set orgánico. Así, lo que empezó con el público sentado, se convirtió a partir de la mitad del concierto en una pista de baile bajo la luna, previa retirada por parte de la organización de las sillas colocadas ante el escenario.
Una jam muy experimental
Las canciones que en el disco suenan suaves y delicadas, con la sugerente voz de Gil como hilo conductor, se transforman en directo en una experiencia mucho más electrónica, experimental y bailable, que hacia el final adquirió tintes de jam jazzística. Herbert, camaleón polifacético convertido, según la ocasión, en Doctor Rockit, Radio Boy, Mr. Vertigo o Tranformer, es conocido por utilizar objetos cotidianos para hacer música. Estos sonidos hechos con “cosas” están presentes en el disco, pero se convierte en una experiencia sobrecogedora y de gran belleza observar cómo se fabrican en directo: Momoko Gil botando balones de baloncesto para marcar el beat, Herbert haciéndose una ecografía del corazón en directo y utilizando el latido como sampler… Todo ello grabado y reproducido por un looper que repetía los sonidos -notas excelsas- en un bucle expansivo e hipnótico. Fue un espectáculo musical y visual impresionante que sin duda abre nuevos caminos en lo musical y que muy probablemente quedará en la mente de los espectadores como un hito en su lista de conciertos.
Los dos músicos -multiinstrumentistas y compenetrados a la perfección- también se alternaron al keytar -teclado de tamaño reducido y colgable como si fuera una guitarra-, mientras que Gill reinó en la batería, que toca con la misma elegancia con la que canta. Al final, después de una hora buena de concierto, se despidieron con el público rendido a sus pies. Frase tópica, pero real, en la noche del sábado en Can Reón.
CAN REON Festival: una joya a descubrir (o, mejor, no)

En Tiana descubrimos un festival que es una joya escondida -que se quede así, por favor-, sin aglomeraciones, pues acoge un máximo de 400 personas. Fue sold out. Actuaciones e instalaciones artísticas se desarrollan en un entorno natural de gran belleza, rodeado de bosque y viñedos, en el que puedes consumir comida sabrosa y un vino excepcional de las viñas de la misma finca. El fin de semana contará con una segunda parte: el CAN REON Jazz Festival, con una programación dedicada enteramente al jazz.