Miguel García Urbani: Escritos que suenan a Tango y Jazz

Texto & entrevista: Jaime Bajo / Ilustraciones: Luis Scafati

Escogemos, para nuestro particular itinerario por el jazz argentino, a un tipo que, por su experiencia y conocimiento en la materia (su trayectoria de tres décadas le avala), reúne todos los requisitos que pedimos para semejante encargo. Don de palabra (como buen mendocino nacido en Panquehua), entendimiento del jazz como lenguaje que dialoga con las culturas autóctonas y un gusto exquisito para presentar sus escritos con el incomparable aderezo visual que aportan las ilustraciones de Luis Scafati. Su libro “Calle 52, historias y jazz” (Círculo Rojo, 2019) da buena muestra de ello.

Para ti, que llevas más de 30 años radiando tango, folclore argentino y jazz en las ondas hertzianas, ¿qué diferencias encuentras entra la forma en que el jazz, o la música en general, es percibido en Argentina y el modo en que lo hacemos en España?

Puedo decir que en todos estos años no me ha dejado de sorprender el modo tan persistente y virtuoso que el jazz tiene para intervenir las músicas locales, o acaso la atracción hacia el jazz de algunos ritmos muy característicos de Argentina. Músicas de origen negro, con fuertes raíces africanas, como es el caso de muchos estilos del Río de la Plata y de las provincias del Noroeste; y otras donde el componente afro no es tan evidente, como el tango, pero que, sin embargo, ha creado magníficos ingredientes para el jazz actual en nuestro país. Por lo demás, no creo que el jazz se haga de modo diferente en España o en Argentina, sencillamente varían los acentos, las texturas y colores, como si del lenguaje hablado se tratara. Es, afortunadamente, inevitable que los paisajes humanos, urbanos, se cuelen en la música de jazz.

¿Qué espacios, artistas y festivales de jazz actuales podrías recomendarnos en un repaso a vuelapluma para no iniciados en la escena argentina?

En ese sentido, Argentina tuvo y tiene grandes exponentes, como el pianista Ernesto Jodos, Hernán Jacinto, también al piano; Bernardo Monk, un saxofonista notabilísimo y lleno de libertad creativa, siempre entre el tango y el jazz. El baterista Oscar Giunta, uno de los más inspirados del mundo que resuelve con una personalidad sofisticada cada desafío dentro del universo jazz. Personalidades de la música local que ya han trascendido las fronteras del gusto local y se ubican en las principales carteleras. Respecto de los festivales, Argentina no es tan pródiga como España en ese aspecto. Se hacen festivales anuales en casi todas las provincias, con gran esfuerzo y a escala de aventura personal, algunos con interesante apertura y notables invitados, otros centrados en los talentos locales; pero, sin dudas, destaca, como es de esperar, el Festival de Jazz de Buenos Aires, un encuentro anual al que acuden músicos renombrados de todo el mundo. Sin embargo, la gran reserva del jazz en Argentina sigue estado en las amanecidas epopeyas de los músicos, que siguen mimando a la bestia en grandes escenarios, cuando la escasa oportunidad se presenta, o en oscuros y bendecidos sótanos, en la mayoría de las oportunidades. La historia del jazz en Argentina es realmente numerosa y virtuosa desde los orígenes. Por nombrar solo algunos, y cayendo en la injusticia con otros cientos, diré que es indispensable mentar a un personaje destacado y fundador como el guitarrista Oscar Alemán, el pianista Mono Villegas, único y reconocible al primer acorde, pasando, más cerca en el tiempo, por el trompetista Roberto Fats Fernández y el mítico saxofonista Gato Barbieri, entre muchísimos otros que verdaderamente le dieron gran proyección y personalidad a nuestro jazz.

Tras “Tangos y falsas promesas” (2017) y “Plateados por la luna, textos para el reencuentro entre Carlos Gardel y Federico García Lorca” (2018), “Calle 52, historias y jazz” (2019) es tu primer libro dedicado al jazz. ¿Cuáles han sido los motivos que te han impulsado a lanzarlo tras tantos años dedicados a este género?

Sí, realmente luego de muchos años escribiendo solo para radio, periódicos o poniendo mis textos en antologías, decidí volcar mis textos en libro con firma propia para trabajar esta materia estética de un modo diferente, pensando en los lectores, con un estilo claro y un objetivo definido: ir más allá del presente continuo de la radio. Del tango al jazz solo media un proceso emocional que quise elaborar en mis escritos, valiéndome del recurso del cuento, la poesía y el ensayo; mezclando ficción, realidad e íntimas pulsiones que me hacen viajar desde la música a la literatura. Digamos que me he tomado algunas décadas para empezar a hacer conocer mi trabajo literario de manera formal, con el convencimiento de que he logrado un producto distinto, luego de pulir, rescatar y descartar miles de escritos elaborados a lo largo de los años. Necesitaba, como buen aficionado a la música, oír que lo escrito sonaba y tenía el peso preciso para estar en movimiento. Ser finalmente una voz más allá de mi voz física, la música de las palabras, el valor del acento de un lugar en el mundo.

¿Tienes previsto seguir esta proyección que te has marcado de publicar un libro al año?

La proyección es seguir publicando un libro al año. De hecho, en agosto de 2020 apareció por la editorial Golondrina, de Alicante, la reedición, corregida y (muy) aumentada de “Plateados por la luna”, esta vez con un largo ensayo sobre la estadía de Federico García Lorca en Buenos Aires entre octubre de 1933 y marzo de 1934. Además de una investigación sobre el impacto literario que tuvo en el Río de la Plata la noticia del asesinato de Federico. Un trabajo que me demandó meses de investigación y de recopilación de antiguos libros, revistas y manuscritos, que fueron dándome la historia que buscaba y que aún no se había contado. El jazz estará siempre en mi trabajo literario, está cada día, simplemente porque es la cadencia y la sincopa con la que intento escribir. Seguramente habrá un segundo volumen pronto de “Calle 52” y una nueva gira por España junto a los músicos que me acompañan en mis presentaciones, en esa mezcla de literatura y música que sostiene el clima de lo que hago. Pero creo que aún la primera entrega de “Calle 52” tiene mucho por dar. El combo musical y literario también se llama “Calle 52”, y está integrado por Mauro Bianchinelli en saxos; Agustín Leal, guitarra; Fernando Moncada, batería, y Félix Barbosa, contrabajo. Todos músicos jóvenes de Mendoza, a los que me sumo con los textos del libro.

Una de las ideas más novedosas e interesantes es que has decidido complementar el libro con un código QR que deriva hacia un listado de canciones de los artistas tratados en el libro. ¿De dónde nace esta idea y por qué decides llevar a término?

Fue una idea espontánea, hija de mi trabajo en la radio. Necesitaba que los lectores entraran en contacto de inmediato con los temas de jazz y otros estilos que voy mencionando sucesivamente en los textos. Así surgió la idea, y así se plasmó en el libro. Me parece que es una buena puerta de entrada al jazz para el lector oyente no iniciado. Al mismo tiempo es una manera de invitarlos a participar de mi mundo íntimo, de mis gustos, y de los temas que inspiraron cada uno de los textos.

¿Cuál ha sido el criterio para la elección del repertorio?

Como habrás notado, la música, la “playlist”, está en el mismo orden en el que aparecen los temas página tras página en el libro, de modo que también hay algo de la esencia de la radio allí. Creo que mi búsqueda principal en el libro es establecer un puente concreto y múltiple entre la literatura y el jazz. Un modo fluido de salir del claustro de la erudición y entrar en un universo de sugerencias, imágenes y habitaciones inexploradas al que nos conducen las palabras cuando están al servicio de la libertad creativa.

Otro hecho destacable me parece el buen gusto con que el dibujante Luis Scafati ilustra, a veces con trazos o manchas y otras con retratos más definidos y realistas, cada una de las historias que se narran en el libro. ¿Cómo lo haces llegar la propuesta a Luis y qué pautas le marcas para realizar las imágenes?

Luis Scafati es uno de los artistas plásticos más talentosos y reconocidos de Argentina, alguien a quien admiro profundamente y a quien dediqué el libro desde la primera a la última palabra. Afortunadamente, Luis es oyente de mis envíos radiales desde hace años y gusta especialmente del jazz. Su amistad me honra y no recuerdo si por un descaro de mi parte o por un arrebato de generosidad de la suya, nos encontramos trabajando juntos en el proyecto. Fue una aventura de unos pocos meses, pero que parecía estar preparándose en nosotros desde hacía años. Le gustaron los textos y los fue ilustrando a su magistral modo en la medida que se los hacía llegar. Fue una de las emociones más grandes de mi vida profesional cuando pude ver todo ese cúmulo de maravillosas ilustraciones trazadas en torno de lo que alguna vez imaginé y fui poniendo en palabras. No se trata únicamente de dibujos, sino también de manchas, líneas, viñetas de todo tipo que le dan al libro un dinamismo en el que Scafati es magistral. Me sentí halagado y con una gran responsabilidad, porque Luis ha ilustrado grandes obras de Kafka, Poe, Melville, más de sesenta libros para notables editoriales internacionales… Y, de pronto, se suma a este proyecto independiente por amor al jazz y por el placer que le causaron mis textos. Es un regalo que no terminaré de agradecer nunca. Lo había soñado desde siempre, y un día allí estaban esas obras junto a mis palabras. Fue genial. El testimonio se disfruta en el libro y le da al conjunto lo que solo un gran artista como él puede lograr.

El libro transmite la impresión de ser una recopilación de relatos muy libres cuyo hilo conductor es, obviamente, el jazz. ¿Cada uno de ellos parte de la escucha de canciones o discos en concreto que te han servido de inspiración, los compones a partir de un estudio de la trayectoria de los músicos o tomas como referencia historias extraídas de los libros citados en la bibliografía a las que dotas de tu propia interpretación?

La conexión que existe es un clima humano expresivo que se llama jazz, que no solo es música, sino también literatura; es un modo de escribir y de organizar el discurso narrativo y poético en cada uno de los textos. No hay azar ni improvisación en el orden ni en la dinámica de sucesión de los escritos. Quiero que allí se vea el trabajo de alguien que hace 30 años trabaja con el jazz, pero que trata de rescatarlo del altar sabelotodo del especialista en jazz, lugar del que huyo fervorosamente y a toda prisa. Creo que el mundo cerrado de fechas, sellos, tomas alternativas e informaciones para participar en concursos de preguntas y respuestas, convierten al jazz en algo muy aburrido, superfluo, solo para especialistas. Todo eso va en sentido contrario del espíritu del jazz. Allí está mi desafío: crear una dinámica poética, humana, donde por lo general hay un estereotipo poco atractivo. Por eso no temo inventar historias en mitad de anécdotas reales, crear personajes, recaer en anacronismos sagrados y poner a Lester Young, por ejemplo, en mitad de la Patagonia argentina.

¿Existe alguna otra conexión entre los relatos que no sea la musical?

El personaje que guía los textos en el libro, el que entra y sale en cada página de “Calle 52, historias y jazz”, es Lómax, un tipo desagradable como el que muchos aspiramos ser.

“Calle 52, historias y jazz” defiende al músico de jazz como un orador que irrumpe en escena para narrar historias desde la perspectiva que le otorga su instrumento. ¿En qué medida determina cada instrumento la forma en que se desarrolla y expone la narración?

Sí, el ejecutante de jazz tiene mucho de orador místico, así lo siento. Va más allá de ese alguien que exhibe su entrenamiento haciendo escalas a la hora del solo. Es un ser humano, un artista en pleno vuelo que nos habla con un lenguaje que tal vez ni él mismo entiende del todo, pero que dice las cosas esenciales con claridad. Los que no conocemos la teoría musical debemos crear códigos íntimos para comunicarnos con el músico, inventar la rueda cada mañana para seguir en la caravana. Lo que para el músico puede ser un camino de notas ascendentes, para nosotros, para mí, de este lado del sonido, es una historia bien contada, o parte de algo que ya sospechábamos antes de oír lo que el músico nos está confirmando con solo decir lo que ni palabras tiene, pero que nos hace tan poéticamente felices.

¿Cuáles han sido los narradores que más te han sorprendido o impactado en su puesta en escena y por qué?

No creo que haya instrumentos más narrativos que otros, simplemente hay mejores o peores contadores de historias detrás de cada instrumento. En mi caso, me conmueven los cuentos que me cuenta Thelonious Monk; las anécdotas detalladas de Bill Evans, los haikus que suele soltar Miles Davis o la larga prosa poética del bandoneón de Astor Piazzolla. Pude ver en escena, en vivo, a muchos músicos geniales, acaso no a los que acabo de mencionar, pero sí recuerdo una noche en Mendoza en la que el piano de Horacio Salgán me dijo en versos claros que entre el jazz y el tango la literatura aún tiene mucho para decir.

Para conseguir tu copia de “Calle 52, historias y jazz” ponte en contacto con la distribuidora:

Editorial Golondrina – Calle Mayor, 5 – 03559 Alacant / Alicante

Teléfono: +34 656187505 / [email protected]

¡Comparte tus comentarios!

6 comentarios en «Miguel García Urbani: Escritos que suenan a Tango y Jazz»

  1. Muy buena la nota. Aún no he tenido la suerte de acceder al libro Calle 54. No obstante, luego de haber sido seguidor por mucho tiempo del programa radial, no dudo que es nada menos que causa y consecuencia.

    Responder
  2. Hola Miguel. considero tu intervención en este reportaje de Excel ente.
    Imagino la sorpresa de la gente de España al escucharlo o leerlo , y reconocer a un argentino verdadero erudito en la materia.
    FELICITACIONES .
    QUE TU VIDA SIGA PLENA DE ÉXITOS.

    Responder
  3. ¡Excelente nota señor Jaime! El libro es una puerta siempre abierta al arte, una síntesis de las experiencias del autor. Las historias, ilustraciones y música que conviven en calle 54 me trasladan a paisaje y escenas de ensueños. Gran placer tener este libro que me llego de la mano del querido Miguel García Urbani

    Saludos desde Mendoza! que placer conocer esta revista MásJazz!

    Responder
  4. He tenido el privilegio de poder verlos en la gira que hicieron en España en octubre de 2019. Grandes músicos y acompañados por los textos y la voz de Miguel, simplemente espectacular.
    El libro está lleno de historias que te introducen en la música del jazz, totalmente recomendable para los recién iniciados porque les enganchará. Un diez para la selección que se puede escuchar como acompañamiento de la lectura y que se puede obtener a partir del código QR.
    Esta es una de esas obras desconocidas para el gran público pero sin lugar a dudas, exquisita.
    ¡Enhorabuena!

    Responder
  5. Hola! Gracias a los amigos y amigas de España y Argentina que han comentado generosamente la entrevista que me realizó Jaime para MÁS JAZZ. Es muy especial está publicación porque el último texto, el que cierra el volumen, está inspirado en una noche de charla con Fernando, director de esta revista, en el Café Central de Madrid, a los postres de un hermoso concierto y con varias cervezas de por medio. Seguramente Fernando no recuerda aquel evento, pero notará algunas pistas en ese escrito que despide a los lectores del libro hasta la próxima. Gracias nuevamente! Miguel

    Responder
    • Querido Miguel, no solo lo recuerdo, pero cuando leí ese ultimo capitulo de tu libro, me recordó ese día… Tal vez no tomé tantas cervezas como pensabas para que acabara ahogado en el olvido de la resaca jajajaja

      Responder

Deja un comentario