Sonny murió días atrás, justo cuando comenzaban los festejos por el centenario de Miles. Ambos músicos compartieron estudio y escenario a principios de la década del 50. Más aún, el trompetista pensó en Sonny Rollins para integrar su primer gran quinteto, aunque finalmente reclutó a Coltrane. ¿Qué hubiera ocurrido si la sociedad entre ellos se hubiera mantenido en el tiempo?
Cuando el 26 de mayo pasado el mundo del jazz se desperezaba con la promesa de fiesta por el centenario de Miles Davis, irrumpió la noticia de la muerte de Sonny Rollins y trastocó eventos, celebraciones y comentarios. Es cierto que Sonny, de 95 años, hacía tiempo que no tocaba ni grababa por razones de salud. Es decir, se había erigido en un faro, en un referente ineludible al ser una de las pocas leyendas del jazz que quedaban en este mundo.
Como si fuera una travesura del destino, Sonny volvió a cruzar caminos con Miles Davis a la hora de su muerte. Ya al despuntar la década del 50, ambos colosos se habían encontrado y habían comprobado que estaban destinados a admirarse. Más aún: Miles Davis quiso a Sonny en su primer gran quinteto antes de decidirse por Coltrane. No pudo llevarse a Sonny, que a pesar de que era unos cinco años menor que Coltrane, se recortaba en la escena del jazz como la gran revelación del saxo tenor.
¿Qué hubiera pasado en la historia del jazz si finalmente Miles hubiera podido contar con Sonny para su primer gran quinteto? Es una pregunta contrafáctica pero que invita a la fantasía. Imposible saber qué hubiera ocurrido, pero sí que lo que fuera a suceder hubiera sido notablemente diferente.
Miles conoció a Rollins en los entreveros musicales de Harlem y de la Calle 52 de Nueva York. El saxofonista no llegaba a los 20 años y ya llamaba la atención en la escena post-bop. Por eso ambos no tardarían en cruzarse en un estudio de grabación. Parte del mérito le corresponde al sello Prestige, porque su fundador, Bob Weinstock, solía organizar sesiones espontáneas con músicos ya instalados o que mostraban un futuro prometedor. Allí estaba Miles, siempre inclinado a rodearse de artistas jóvenes que pudieran contribuir con su individualidad a la búsqueda de un lenguaje que rompiera el molde.
La primera sesión que compartieron tuvo lugar el 17 de enero de 1951, y parte del material que allí sonó fue publicada luego en el disco originalmente llamado Dig y posteriormente reeditado como Diggin’ with the Miles Davis Sextet. Completaban el grupo Jackie McLean en saxo alto, Walter Bishop Jr. en piano, Tommy Potter en bajo y Art Blakey en batería. El contenido de ese álbum tomó forma en octubre de aquel año y el estilo que se refleja allí evidencia la intención de Miles de alejarse del sonido “cool” y acercarse de alguna manera al hard bop, para lo cual la aportación de Sonny cerraba de maravillas, porque desde muy temprano su sostén rítmico y su enfoque libre sobre las armonías preanunciaban el estilo que desarrollaría posteriormente.

Miles quedó encantado con el sonido de Sonny y lo convocó, siempre en la era pre-Coltrane, para una nueva sesión en 1954, que derivó en el disco Bags Groove. El título está tomado de un tema compuesto por el vibrafonista Milt Jackson, cuyo apodo era justamente Bags. Hay dos tomas de esa pieza en el primer lado del LP editado un par de años después, en las que no participa Sonny, quien sí lo hace en los temas del lado dos, de los cuales tres fueron compuestos por él y terminaron convirtiéndose en standards: «Oleo», «Airegin» y «Doxy». Allí, Miles y Sonny están acompañados por Horace Silver en el piano, Percy Heath en bajo y Kenny Clarke en batería. Con esa formación Prestige editó también a mediados de los 50 otro disco titulado Miles Davis with Sonny Rollins.
Hubo más grabaciones, pero con la incorporación de Coltrane al quinteto de Miles en 1955, éste y Sonny tomaron caminos diferentes y habilitaron el recorrido histórico del jazz tal cual se lo conoce. Pero la admiración mutua, a pesar de la distancia, nunca estuvo comprometida. Miles siempre consideró a Sonny como el tenor más original después de Charlie Parker. En su autobiografía lo rescata como uno de los tres grandes portentos del instrumento, junto a Coltrane y a Wayne Shorter, que fue parte de su segundo gran quinteto.
Pero Sonny tenía una personalidad de líder y un estilo expansivo, por momentos juguetón, que no se correspondía con la búsqueda del lenguaje modal y atmosférico que por entonces encaraba Miles. Además, difícilmente —habrá pensado Miles— Sonny pudiera encajar como sideman en un grupo comandado por él. Sí lo pudo hacer Coltrane porque por entonces atravesaba años de exploración, que estallarían tras abandonar a Miles en 1960.
Pero más allá de los matices sonoros, es cierto que si Sonny hubiera estado al alcance de la mano hacia 1955, Miles lo hubiera incorporado a su grupo. Pero Rollins era afecto a retirarse por etapas, tanto para curar adicciones como para mejorar su técnica y para darse espacios de introspección. Es decir, no estaba en condiciones de presentar disponibilidad permanente.
De todos modos, Miles volvió a insistir con Sonny cuando en 1957 despidió brevemente a Coltrane de su grupo por las inconstancias derivadas de sus conocidas adicciones. Apenas resultó un acercamiento, porque enseguida Sonny le dejó el lugar a Bobby Jaspar. Cuatro años más tarde, ya sin Coltrane, Miles no terminaba de convencerse del sonido de Hank Mobley, su saxofonista de entonces. “Sonny puede aparecer cuando quiera; le doy el puesto de inmediato”, dijo en aquel momento el trompetista. Lo tendría brevemente en 1962, en un sexteto con el trombonista J.J. Johnson. Luego sus recorridos estilísticos navegarían por canales diferentes.
Pero también habría otra historia por contar. En 1956 Sonny convocó a los miembros del quinteto de Miles Davis para grabar el disco Tenor Madness, editado también por Prestige. La particularidad de ese álbum es que en el tema que da título al disco —y sólo allí— se encontraron Sonny y Coltrane para grabar por única vez; al menos hasta hoy no apareció otro registro. Esa pieza de poco más de 12 minutos, compuesta por Rollins (o por Kenny Clarke según algunos), abrió la puerta a todo tipo de comentarios y análisis. Uno de los más repetidos se refiere a una suerte de registro “sobrador” por parte de Sonny respecto de Coltrane. En un momento Trane despliega un fraseo y de inmediato Sonny repite ese fraseo pero al revés. ¿Le estaba tomando el pelo o se sentía superior y quería dejarlo en evidencia? En 2020 el New York Times se lo preguntó a Sonny. Coltrane, como se sabe, había muerto en 1967. Rollins dijo entonces: “Cuando toqué con Coltrane tuve la impresión -y en ese entonces era verdad- de que yo era mucho más popular que él. Me acuerdo de lo que me dijo Kamasi Washington sobre Tenor Madness. ¡Sonny, ni siquiera estabas tocando! Coltrane estaba tocando, yo sólo estaba tocando a medias, porque pensé que yo era el tipo y que Coltrane era ese joven bocazas. Era mi modo de pensar entonces, pero fui un inmaduro”.

Más allá de esas pulseadas, lo cierto es que Sonny y Coltrane siempre mantuvieron una relación cercana, casi de amistad. Coltrane expuso ese vínculo en su composición titulada Like Sonny, un homenaje a Rollins, que grabó inicialmente en las sesiones de Giant Steps, aunque luego volvió a registrarla para el disco Coltrane Jazz. Sonny le devolvió gentilezas: a menudo tocaba en vivo el clásico tema de Coltrane Naima.
En el documental titulado justamente Like Sonny, de Bret Primack, Rollins habla de esa relación. “Siempre tuvimos una amistad tanto personal como musical, y una auténtica admiración mutua. Hemos seguido siendo amigos. Monk y Coltrane fueron las personas con las que me sentí más cómodo. Con ellos, pasara lo que pasara, nunca había nada superficial: era la vida verdadera”, sentenció.
El derrotero musical de ambos fue bien diferente. Sonny hizo de la libertad improvisatoria una declaración de principios, pero es cierto que no dejó una escuela de saxofonistas devotos —tal vez David S. Ware o James Carter— como sí lo hizo Coltrane, que al independizarse de Miles generó una revolución sonora que convocó a una legión de adoradores.
¿Hubo algún encuentro entre estos tres titanes sobre un escenario? El saxofonista Paul Jeffrey siempre recordó haber visto y escuchado juntos a Rollins y Coltrane en la formación de Miles en octubre de 1956, en el Café Bohemia. No hay hasta el momento registro de ese hipotético encuentro. Tal vez el azar haga lo suyo y aparezca esa presunta joya oculta en un año muy particular: mientras se llora a Sonny, se celebra el centenario de Miles y también de Coltrane.