Snarky Puppy + Metropole Orkest: Geometría variable del insomnio

El pasado sábado 7 de febrero, la Sala Sinfónica del Auditorio de Tenerife tenía esa electricidad singular de las noches señaladas. No era un concierto más dentro del Festival de Música de Canarias. Formaba parte del programa paralelo del Festival más importante de música de Canarias, el FIMC 2026, y ponía la guinda a un cónclave de estrellas del orbe clásico como Arkadi Volodos o la Orquesta de Montecarlo. La idea no era desabellada: hacer partícipe al público tinerfeño del experimento largamente asentado —11 años— del rejunte de la Metropole Orkest con la banda jazzística de los cinco premios Grammy, Snarky Puppy.

Texto: Ezequiel Paz

Se notaba en el ambiente: músicos entrando y saliendo entre atriles, público que miraba el escenario como quien observa una maquinaria de complejos engranajes antes de ponerse en marcha, esa mezcla de curiosidad y respeto que generan los proyectos grandes. El escenario impresionaba incluso antes de la primera nota. Una semicircunferencia de cuerdas, los metales preparados al fondo, maderas alineadas, percusiones esperando su turno, un arpa imponente y delante, la banda, con esa disposición aparentemente informal que en realidad es pura estrategia. Esta vez la orquesta no era la formación completa, pero rondaba los cincuenta músicos. Y aunque el disco Somni – sucesor de Sylva de 2015 y acreedor a un Grammy, que iba a sonar en vivo- se grabó con cuatro baterías, aquí fueron dos. Más que suficiente para que el suelo vibrara en determinados momentos.

Por fin todos y todas en su sitio. El compositor del proyecto, Michael League en el flanco derecho con su bajo eléctrico liderando a los suyos, el director del proyecto y conductor en esta gira con la Metropole, Jules Buckley y el resto de músicos aprontados. La fiesta arrancó con Waves Upon Waves y el título se volvió literal. Las cuerdas comenzaron a levantar capas como mareas sucesivas, sin premura. La entrada del bajo de Michael League fue casi imperceptible, sosteniendo todo desde abajo con esa solidez serena que atesora. No hay gesto grandilocuente. Dirige desde el sonido sin necesidad de aspavientos. La banda se fue sumando sin romper la textura orquestal, y cuando el groove terminó de asentarse, la sala ya estaba enchufada. No hubo aplauso intermedio, solo atención absoluta.

As You Are But Not As You Were se siente como algo hipnótico. Las dos marimbas de Mason Davis y Keita Ogawa dibujan ese patrón circular que parece sencillo hasta que te detienes a contarlo. Un compás de 4/4 que juega al despiste cuya polirritmia y cambio de acentuaciones lo hacen parecer algo completamente distinto.  La melodía cambia de instrumento, mutando, como si realmente jugara con esa idea de identidad alterada que propone el título. Mirabas a la izquierda y la llevaban las maderas; en el siguiente pasaje, eran los metales quienes la reformulaban. La orquesta no era un adorno: era un personaje más, dialogando constantemente con la banda.

Chimera se sintió como el primer punch contundente de la noche. Un arranque seco, casi abrupto, que rompió la calma anterior. Los contrastes estaban medidos al milímetro: momentos de fragilidad en la flauta seguidos por explosiones rítmicas donde guitarras y teclados empujaban hacia territorios más densos. El Hammond de Bobby Spark II rugió con intención, y en el centro de todo, el intercambio entre las dos baterías de Larnell Lewis y Jason “JT” Thomas no era exhibición técnica, aunque técnica había de sobra. Eran arquitectura y prosodia baterística. En algunos compases la sensación fue de balanceo constante, una especie de trance que se iba tensando hasta volverse casi físico. Se notaba en los cuerpos del público que comenzaban a moverse imperceptiblemente.

Between Worlds trajo uno de los momentos más bellos de la noche. Hubo un silencio real, no forzado. El saxo soprano de Bob Reynolds dibujaba líneas largas, suspendidas, mientras la orquesta tejía un fondo cinematográfico. Era música que no pedía aplausos sino escucha activa. Por un instante la sala entera parecía respirar al mismo tiempo. Ese fue uno de los puntos donde el concepto onírico de Somni abandonó las partituras de los atriles para encarnarse en un cuerpo palpable.

Y entonces llegó Recurrent. Probablemente el punto más explosivo del concierto: un patrón rítmico insistente, casi obsesivo, creciendo por capas. Metales entrando como una ola compacta, percusión empujando desde atrás, el bajo marcando el tempo. Aquí la banda mostró esa faceta de jam-band que tantos periodistas intentamos etiquetar. Pero en directo no suena a etiqueta. Suena a libertad controlada. El diálogo de baterías durante los breaks fue apabullante. Se pasaban el pulso como si compartieran el mismo sistema nervioso de un organismo pluricelular. La tensión acumulada terminó restallando en uno de los aplausos más largos de la noche.

Drift funcionó como deriva consciente. Piano delicado de Bill Lawrence, saxofón con un sonido casi sedoso de Chris Bullock, la orquesta sosteniendo sin invadir. Una inhalación largamente contenida. Había algo nocturno en esa pieza, algo de pensamiento que se desliza en duermevela. El público volvió a bajar el volumen interior.

Pero Snarky Puppy no se queda demasiado tiempo en la contemplación. Only Here and Nowhere Else devolvió el riff reconocible, ese ADN melódico que hace que, incluso rodeados de una masa sinfónica, sigan sonando a banda. Las cuerdas acompañaban con elegancia, dejando espacio para que las guitarras de Mark Lettieri y Bob Lanzetti  respiraran. La complicidad entre los músicos era patente: pequeñas miradas cuando un acento salía perfecto, sonrisas discretas.

El cierre con It Stays With You fue tan contundente como emotivo. Rítmico, expansivo, casi ritual en su construcción. La orquesta y la banda avanzan juntas hacia un clímax inevitable. El solo final de guitarra cayó como una rúbrica translúcida al final de una carta larga. Y cuando terminó, hubo un segundo de silencio antes de que explotara el aplauso. Ese segundo lo dijo todo.

Lo que quedó al salir del auditorio no fue solo la impresión de haber escuchado un proyecto ambicioso. Fue la sensación de haber asistido a una obra viva, respirada, que no se siente fragmentada aunque esté compuesta por ocho piezas. Once años después de aquella primera colaboración que les dio un Grammy, Sylva, esta alianza suena menos a experimento y más a lenguaje compartido. En la acústica impecable del Auditorio de Tenerife, con el público canario siendo el primero en escuchar Somni en directo durante esta gira, hubo algo de privilegio silencioso.

No fue un concierto de fuegos artificiales. Fue un viaje largo, con momentos de vértigo y otros de suspensión absoluta. Y sí, el título no engaña: como los sueños que importan, se quedó con nosotros mucho tiempo después de salir a la noche húmeda de Santa Cruz.

Y ahora se entiende el título

Al día siguiente seguía recordando fragmentos rítmicos, pequeñas frases melódicas que se cuelan sin avisar. No es música que se consuma y se archive. Es música que trabaja por dentro. Quizás ahí esté la clave de Somni: no pretende impresionar por acumulación, sino quedarse flotando en algún lugar entre la cabeza y el cuerpo. Y eso, en estos tiempos, ya es mucho decir.

Snarky Puppy

  • Bajo y dirección: Michael League.
  • Teclados: Bill Laurance, Bobby Sparks II, Justin Stanton (también trompeta).
  • Guitarras: , Chris McQueen.
  • Batería: Larnell Lewis, Jason «JT» Thomas, Jamison Ross, y se ha integrado Nikki Glaspie.
  • Metales: Jay Jennings (trompeta), Mike «Maz» Maher (trompeta), Chris Bullock (saxo/flauta), Bob Reynolds (saxo).
  • Percusión: Nate Werth, Keita Ogawa, Marcelo Woloski.
  • Cuerdas: Zach Brock (violín).

 Metropole Orkest

Con sede en los Países Bajos y fundada en 1945 por Dolf van der Linden, es una orquesta de jazz y pop de renombre internacional. Está compuesta por 50 músicos que incluyen una orquesta de cuerdas, big band, vientos madera, percusión y arpa. Se destaca por incorporar saxofones, batería, guitarra eléctrica, bajo y teclados en sus filas, combinando jazz, pop y música de cine. Director Principal: Jules Buckley

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