La ciudad, con su mezcla de patrimonio histórico y vida cultural en constante movimiento, se convierte en el epicentro sonoro de Extremadura, reuniendo a artistas consagrados, jóvenes promesas y amantes del género en un festival que promete marcar la agenda cultural de la región.
Texto y fotos: Álvaro de la Rosa
En las plazas, teatros y rincones más inesperados de Badajoz, las melodías jazzísticas se mezclan con el murmullo de la ciudad. Vecinos y visitantes perciben esa extraña emoción que solo el jazz, con su libertad indomable, sabe provocar y que, durante cinco días, ha hecho latir sus calles a ritmo de improvisación y síncopas.
Y es que el Festival Internacional de Jazz de Badajoz, que ha celebrado este año su XXXVIII edición, se ha convertido en el más importante de la comunidad extremeña de la mano de la Asociación Badejazz, que lleva más de dos décadas al frente del mismo, en su dirección, organización y producción.
Los músicos Pablo Romero y Javier Alcántara son el alma de esta Asociación, cuyo principal objetivo es dar visibilidad al trabajo de los músicos de jazz en Extremadura, crear nuevos proyectos y fomentar así el crecimiento del género dentro y fuera de la región. A ambos les estoy muy agradecido por la acogida que tuve en el Festival donde me sentí un pacense más disfrutando del mejor jazz.
La edición de este año, que se celebró del 5 al 8 de noviembre, comenzó un miércoles ambicioso con la actuación del pianista y compositor Marc Copland. El músico de Filadelfia, con más de cuarenta discos grabados, nos presentó un concierto en el auditorio de la Fundación CB de Badajoz. Según la crítica internacional, Marc Copland es uno de los mejores pianistas de la historia del jazz, el mejor poeta desde Bill Evans.
Un solo pianista frente a un público expectante con su actuación, donde consiguió conquistar gracias a la capacidad para alcanzar, en lo más profundo, a quien lo escucha. Para ello, interpretó temas de su repertorio personal, destacando personalmente el famosísimo tema My Funny Valentine. Ocultándose tras una profunda soledad, su interpretación está marcada por un estilo de impecable serenidad.
Aunque este músico estadounidense se inició en el jazz en Filadelfia en los años 60 como saxofonista, en la década de 1970, mientras perseguía su propio concepto armónico, se sintió insatisfecho con lo que consideraba limitaciones inherentes al saxofón y se mudó a Washington, D.C., donde permaneció durante una década para reciclarse como pianista de jazz. Un pianista que no solo abrió el festival, sino que lo inauguró como se abren las buenas historias, dejando la sensación de que lo mejor está por venir.
Del teatro a la calle.
Al día siguiente continúa el jazz en el local El Espantaperros. Conforme me adentraba en la calle del casco antiguo de Badajoz en la que está situado este emblemático bar, aun con el suelo brillante por la reciente lluvia, el murmullo se iba diluyendo en el sonido de un contrabajo, un piano y un saxo, como si la música hubiera abierto la puerta antes que uno mismo.
Durante el Festival, se han disfrutado de varias tardes de jazz en este mítico local con las interpretaciones de estándares de jazz, interpretados con una sensibilidad joven y majestuosa por músicos locales como Nacho Jiménez Trio, con Nacho Jiménez al saxofón, Diego Hilario en el piano y Mario Márquez al contrabajo. Además de: Andrés Martín Trío. Fernando Barrios con el saxo, Andrés Martín al piano y Keke Martín con el contrabajo.
Este local resulta un espacio muy acogedor, de distribución íntima y en el que se prioriza la proximidad del público con los músicos, lo cual la hace que la experiencia musical resulte más interesante. Aquí se respira jazz nada más entrar, gracias a un decorado acorde con los locales míticos jazzísticos. Faltaría el olor a tabaco para asemejarse a años ancestrales. (Hemos mejorado en eso).
El mismo jueves por la noche se estrena el Festival en el Teatro López de Ayala, inaugurado en 1886. Ha sido un notable y referente lugar cultural de la ciudad del cine, teatro y por supuesto música, donde han actuado célebres artistas nacionales e internacionales como: Tete Montoliú, Francisco Rabal, Juan Luis Galiardo, Concha Velasco, María Dolores Pradera, Chavela Vargas, Bebo Valdés, Chucho Valdés o Pablo Milanés y otros tantos artistas.
Da inicio a la actuación de la jovencísima JAZZMEIA HORN, acompañada de Santiago Vasquez Viñas al piano, Ameen Saleem con el contrabajo y Enrico Morello a la batería.
Cantante y compositora de jazz estadounidense, de ascendencia africana y nominada al Grammy, es una de las voces más vibrantes y comprometidas del jazz contemporáneo. Nacida en Dallas (Texas) y formada en la prestigiosa Booker T. Washington High School for the Performing and Visual Arts, Horn se consolidó como artista tras ganar el Sarah Vaughan International Jazz Vocal Competition en 2012 y el primer premio en el Thelonious Monk Institute International Jazz Competition en 2015.
En el caso de Horn, no se trata solo de cantar; se trata de emocionar, de sentir cada canción. Por encima de su innegable talento escénico y su sensibilidad, interpreta el fraseo, un vibrato, un control de manera personal. En cada uno refleja su estilo único cargado de emociones, aunque a ratos se vuelva estridente, sin dejar de ser su voz , magia convertida en jazz.
Al terminar la actuación, nos subimos al “Cafetín” del mismo teatro. Un lugar acogedor donde el jazz discurre más distendido entre consumiciones y charlas informales, para disfrutar del carisma, la espontaneidad y el buen humor elegante de Aurora Samino Quartet. Aurora Samino a la voz, acompañada de Pedro Calero al piano, Luis Sanz con el contrabajo y Pepín Muñoz a la batería. Versionando los estándares del jazz: On the Sunny Side of the Street, Chega de Saudade, Beautiful Love, You’d Be So Nice to Come Home to, Night and Day, Every Day I Have the Blues, y un solo interpretado por Aurora Sabino: Sonhos.
El fin de semana suena a jazz.
El viernes jazzístico continúa en el Teatro López de Ayala con ARIEL BRÍNGUEZ QUINTET. Con el saxo tenor y soprano y con su elegante y personalísima vestimenta colorida, empieza su actuación con mucho ritmo y con su “tripulación galáctica”, como él mismo la define. En la composición del quinteto se encuentra a Iñigo Ruiz al piano, el extremeño Javier Sánchez con la guitarra, al contrabajo el argentino, Demian Cabaud y desde Portugal Marcos Cavaleiroa a la batería.
Ariel no pierde esa pureza mágica que tiene en el escenario, donde surge una nueva dimensión en cada una de sus interpretaciones. En la historia del jazz ha habido tantos saxofonistas como estrellas en el firmamento, pero el cubano sabe llevarnos a su mundo emocional, sin llegar a caer en el sentimentalismo, con su álbum Latidos, gran nombre que tanto le representa, como un acto de renacer, con esa Cuba latente que transmite en un legado universal.
Su actuación resultó un diálogo constante entre improvisación y estructura de los temas, y estuvo acompañada, para dar un sentido visual al espectáculo, de la proyección de imágenes que evocaban otra dimensión en consonancia con la interpretación, porque Ariel con su quinteto es un estallido rítmico que agudiza cualquier sentido.
Para concluir la magnífica actuación, con ayuda del público entregado y los que pedían más, entonaron algunos ritmos al son de la melodía de Ariel Brinquez.
Esa misma noche, envueltos aún en la emocionante actuación del Teatro, nos volvimos a subir al “Cafetín”, donde nos esperaba la actuación de Julia Peña Quartet + Jam Session. Julia Peña a la voz, acompañada de Pedro Fernández al piano, Rodrigo Pérez al contrabajo y Tacho Sánchez a la batería. Interpretando estándares del jazz como: Bye Bye Blackbird, You Don’t Know What Love Is, Samba Em Prelúdio, West Coast Blues… Y las interpretaciones de Nunca vas a comprender y de Silver Lining de la joven cantante Laufey. 
Ritmos con sabor a vermú.
El Festival va “in crescendo”, tanto en lo artístico como en lo emocional, conforme avanza el fin de semana y se respira en las calles la energía de la ciudad despierta al ritmo del jazz.
La última jornada del jazz pacense continúa a mediodía disfrutando de La Hora del Vermú + Lola Santiago Quartet.
La Cata de vermús de La Bodega de Santa Marina se hace aún más sabrosa acompañada de la voz de Lola Santiago junto a Pedro Calero al piano, Keke Martín con el contrabajo y Pepín Muñoz a la batería. Juntos interpretan algunos estándares del género como: Like someone in love, You’d be so nice, Mi amor fugaz, o Bewitched. Adaptaciones de Solo le pido a Dios y una adaptación de la mítica y popular canción Gracias a la vida como cierre.
La voz de Lola Santiago transmite una apacible atmósfera mientras se disfruta del vermú. Una voz joven y fresca, con un timbre cálido que acaricia cada nota y un fraseo natural que respira sensibilidad.
Esa misma tarde continuamos con “BadeJazz en la Calle”. Concierto de Combos del Curso de Jazz del Conservatorio Profesional «Juan Vázquez» de la Diputación de Badajoz.
Encontramos, así, la ciudad abierta de par en par dejando que el jazz camine libremente y que sus gentes lo sigan, lo respiren y lo hagan suyo. Un disfrute visual y sensorial ver a la gente en la misma calle, sentada en la puerta del Teatro disfrutando del emergente elenco musical.
El magistral Teatro López de Ayala suma otro artista internacional: Jacky Terrasson, pianista y compositor de jazz franco-estadounidense, acompañado de Géraud Portal en el contrabajo y Marc Miralta a la batería. The Angeles Times señaló a Terrasson como «un pianista con una brillante imaginación improvisadora».
El concierto se desarrolla como en un espectáculo de miradas entre los tres componentes y su complicidad va surgiendo al mismo ritmo que la música. Hablando, componiendo, interpretando melodías rítmicas que se suavizan y se disparan con facilidad y emergen sonidos jazzísticos. El ritmo es uno de los elementos más distintivos de la actuación: flexible, vivo, lleno de matices y, sobre todo, utilizando el “comping” que fomenta una interacción conversacional entre el piano, la batería y el contrabajo.
La batería enérgica, frenética, sostenida con el pulso del contrabajo e interpolando una melodía del piano, para dar paso al más puro free jazz, se hace presente. Utiliza los silencios rítmicos sensitivos, en los que el público contenía el aplauso, continuando con la interpretación cargada de intención, tensión emocional y control escénico. Del silencio nace un compás, del compás una melodía y de la melodía una explosión de jazz que lo envuelve todo.
Me sorprendió gratamente el uso de sonidos de animales silvestres mezclados con la ejecución, al igual que el uso del sonido rítmico que marcaba el pianista utilizando la caja interior del piano, para dar comienzo a la interpretación.
Y para el término del magnífico Festival que este año hemos disfrutado, nos volvemos a subir al “Cafetín” con Combos avanzados del Curso de Jazz del Conservatorio Profesional ”Juan Vázquez» de la Diputación de Badajoz + Jam Session.
En el recuerdo resuenan los ecos de una ciudad rodeada de músicos, sitiada por la espontaneidad del saxo o el piano, y por una sensación agradable que flota en el ambiente a la espera de la próxima explosión jazzística que volverá a conquistar Badajoz en la próxima edición.
