A principios de septiembre, en Lo Quarter de Alghero, Enzo Favata presentó en directo Ritornare (ECM,2026) que tiene prevista su salida al público el próximo 18 de septiembre de este año.
Fotos: Attila Kleb
Este es el primer álbum de Atlantico en casi dos décadas. La formación original reunió a Favata con Daniele Di Bonaventura, Marcello Peghin, Salvatore Maltana y U.T. Gandhi a finales de los noventa, cuando Mediterráneo, América Latina, jazz y literatura alimentaban un lenguaje abierto y difícil de clasificar. Ritornare recupera algunas piezas de aquella etapa y las pone junto a composiciones nuevas. El resultado no suena a reunión nostálgica. Suena a músicos que han vivido bastante música desde entonces.
“Tukuman” establece el tono desde el comienzo. La guitarra de diez cuerdas de Peghin aporta resonancia y profundidad armónica, mientras el soprano de Favata dibuja líneas melódicas que pueden abrirse hacia la improvisación sin perder dirección. Di Bonaventura, Peghin, Maltana y Gandhi trabajan alrededor de esas líneas con una precisión que evita la saturación. Hay espacio, pero no vacío. La música respira porque los músicos saben cuándo intervenir.
Ese control define buena parte del álbum. Favata cambia entre soprano, clarinete y clarinete bajo con una voz instrumental inmediatamente reconocible. Puede ser lírico sin volverse complaciente y áspero sin perder claridad. El bandoneón de Di Bonaventura aporta color y tensión, pero nunca queda reducido a una función tanguera. Peghin explota las posibilidades de sus diez cuerdas tanto en el terreno armónico como en el tímbrico. Maltana mantiene el pulso flexible y Gandhi escucha cada desplazamiento antes de decidir si debe reforzarlo. El quinteto no necesita subrayar su interacción: se percibe en la música.

Ahí es donde Ritornare encuentra su mejor argumento. Las piezas antiguas han sobrevivido porque los músicos han cambiado. Las nuevas no intentan disimular su procedencia. “Sine nomine”, de Di Bonaventura, se extiende durante casi nueve minutos sin necesidad de construir un clímax convencional. El bandoneón alterna melodía y textura y el resto del grupo trabaja sobre pequeñas variaciones de densidad y dinámica. La tensión llega por acumulación, no por efecto.
Gandhi resulta decisivo en ese equilibrio. Su batería rara vez reclama protagonismo, pero modifica constantemente la perspectiva de la música. Un acento, una suspensión o un cambio de intensidad pueden alterar una frase entera. Ritornare adquiere hoy una dimensión adicional porque Gandhi falleció en agosto, apenas unas semanas después de la grabación de Múnich. Es su última participación con Atlantico. La circunstancia inevitablemente condiciona la escucha, pero su interpretación no parece una despedida. Lo que queda registrado es, sencillamente, un músico todavía completamente dentro de la conversación.
En Alghero, Alessandro Cau ocupó su lugar detrás de la batería. No intentó reproducir a Gandhi y tampoco convirtió su presencia en un recordatorio permanente de la ausencia. Se concentró en tocar. Al finalizar, Favata explicó que, si Gandhi hubiera podido escucharlo, «le habría puesto las manos encima», una expresión que provocó más de una sonrisa y que, en el contexto de la noche, equivalía a una aprobación entusiasta.
Entre el público estaba Manfred Eicher, productor del álbum. La relación con ECM se percibe sobre todo en el tratamiento del espacio. Los instrumentos están claramente definidos, pero nunca aislados. La guitarra de Peghin puede dejar una resonancia suspendida mientras el bandoneón ocupa otro plano y Favata se mueve entre ambos. La grabación concede a cada sonido suficiente aire para revelar sus detalles. Eicher no domestica el carácter de Atlantico; lo registra con una claridad que le permite manifestarse.
Ritornare no pretende demostrar que Atlantico siga siendo el mismo grupo de finales de los noventa. Su interés está precisamente en lo contrario. La formación conserva unas coordenadas reconocibles, pero las cinco trayectorias que confluyen aquí han ampliado considerablemente ese territorio. El Mediterráneo y América Latina permanecen, aunque ya no necesitan ser presentados como conceptos. Están en el fraseo, en los timbres y en la manera de construir las piezas.
No todo alcanza el mismo grado de riesgo. En algunos momentos, la contención del grupo puede resultar demasiado calculada y ciertas piezas parecen confiar más en la solidez del lenguaje que en la posibilidad de llevarlo a un lugar inesperado. Pero cuando Atlantico encuentra esa zona de equilibrio entre melodía, improvisación y textura, Ritornare resulta especialmente convincente. No por la espectacularidad de sus recursos, sino por la inteligencia con la que los administra.
El título termina adquiriendo un significado más amplio de lo que probablemente pretendía. Atlantico regresa después de casi veinte años, pero el regreso ya no puede separarse de la pérdida. Cuando entraron en el estudio de Múnich, Gandhi seguía formando parte del grupo. Cuando Favata presentó el álbum en Alghero, ya no estaba. Ritornare queda entre ambos momentos: como regreso, como registro de una formación excepcional y, de manera inesperada, como último testimonio de uno de sus miembros fundamentales. El tiempo no aparece aquí como nostalgia. Se escucha en la propia evolución de la música.