Joss Stone de nuevo en Madrid

Ha vuelto a Madrid una de las estrellas internacionales del neo-soul, Joss Stone. ¿O del blue-eyed soul?, ¿o del soul a secas? Hace dieciséis, en febrero de 2010, presentó su álbum Colour Me Free (2009) en la Sala Heineken. Recuerdo presenciar todo desde arriba. Alfombras, una taza de té y pies descalzos. Un ambiente invernal y acogedor. El 26 de junio cantó en un ambiente mucho más veraniego en la Sala La Riviera, dentro de la programación de Villanos del Jazz.

Texto: David Álvarez

@daviz.alvarez

Fotos: Valentina Zamora

@vaalen_zamora

Una de las cosas que no ha cambiado nada en todo este tiempo es lo apabullante de su voz. Pocas pegas puedo poner a como sigue cantando. Fue su materia prima vocal de alta calidad la que le dio carácter desde sus inicios discográficos mano a mano con Betty Wright, Angie Stone, Questlove y Benny Latimore. Todos ellos trabajaron en la producción y grabación de las sesiones de su debut en 2003. La persona crucial para que aquello ocurriese fue el productor estadounidense Steve Greenberg, el mismo que pocos años antes había encontrado a Hanson y quien después terminó dando el puntapié inicial a los Jonas Brothers. Lo más fascinante es que Joss —nacida Joscelyn Eve Stoker— tenía solamente dieciséis años cuando salió al mercado su primer proyecto. Todo empezó cuando era una niña en un pueblo inglés de menos de trescientos habitantes y vio en televisión un disco de grandes éxitos de Aretha Franklin. Ese álbum terminó siendo su regalo de Navidad. El siguiente paso fue escuchar, cantar y repetir hasta la saciedad.

El concierto en La Riviera comenzó después de cinco minutos de cortesía. Salieron a escena la banda —teclista, saxo-flauta, trompeta, batería, guitarra y bajo— y tres coristas. La sonorización, mejorable, pero no se pueden hacer maravillas en ese espacio. Melena larga rubia y vestido indio saltó al escenario para dar comienzo a un medley que encadenó “Bad Girls” de Donna Summers, “Everybody Dance” de Chic, “Fight The Power” de The Isley Brothers y “Got To Be Real” de Cheryl Lynn, entre otras. Entre canción y canción se colaron algún solo del bajista y una de las coristas. Detrás vinieron dos canciones que terminaron siendo coreadas por todos los presentes: “Super Duper Love (Are You Diggin’ on Me)” (2003) y “Fell In Love With A Boy” (2003). La primera es una versión de una canción de Sugar Billy de 1974 y que en la voz de Stone gozó de gran popularidad gracias a ser incluida en la banda sonora de la segunda parte de las aventuras de Bridget Jones en 2004. La segunda canción fue su carta de presentación para muchos. Se trata de una reelaboración de “Fell In Love With A Girl” (2001) de The White Stripes. Menos guitarrera que la original, pero manteniendo el hook que se queda en la cabeza y muy apto para vocearlo en masa durante los conciertos. Ya nos tenía en el bote. Se notaba que tenía una parte de público fiel que acude a sus conciertos desde la primera vez que pasó por Madrid en 2005.

Llegó la primera sorpresa de la noche: “Stoned out of My Mind” (2012), una rareza que grabó hace unos años versionando a The Chi-Lites (1973). Justo después vino otra canción del mismo proyecto, “Teardrops” (2012) de Womack & Womack (1988). Yo me quedo con esta Joss Stone más que con la que hace revueltos de música disco o vuelve a cantar otra vez sus exitazos, pero no sé si todo el público tenía la misma opinión porque durante toda esta parte el volumen de las conversaciones subió notablemente.

Faltaba por salir a escena un atributo icónico de Joss Stone: la taza con té caliente. Y pese a ser un caluroso mes de junio, la taza caliente llegó a sus manos. En alguna ocasión ha comentado que dentro mezcla té con jengibre, cayena, limón y miel. Daba comienzo un bloque de canciones en el que, además de intérprete, Stone ha participado en la composición: “Jet Lag” (2004), “No Thankyou” (2025) y “Mr. Wankerman” (2009). En la última de las canciones preguntó al público por una traducción de “wankerman” y tras una lección acelerada de dicción terminó cantando en el estribillo “míster gil**o**asman”. Se hacía raro escucharlo en español, pero seguro que caló más que la sarta de tacos en inglés que dice en “No Thankyou”. Con sus más y sus menos, el cierre de “Mr. Wankerman” fue uno de los momentos álgidos del concierto para mí, todos pusieron toda la energía que tenían.

Tras un rato cantando despechada, anunció que en octubre grabará nuevo material en estudio y entre las canciones elegidas estará otra composición propia, “This Too Shall Pass”. Invitó al público a que abandonase la negatividad, dejara de mirar la pantalla del móvil y empezase a mirar más a menudo a la cara de sus seres queridos. Aún así, las retransmisiones para redes sociales y vídeos de los teléfonos móviles, continuaron sin inmutarse. Sonaba “Tell Me ‘Bout It” (2007) y el retorno a las canciones más conocidas parecía anunciar que quedaba poco. Esta canción pertenece a su tercer álbum, Introducing Joss Stone (2007), co-creada por Raphael Saadiq. Gana bastante en la grabación con unos coros más definidos y un sonido algo más cuidado. Volvía otro medley de música disco en el que se explayaron las coristas. Viendo el nivel de lo que últimamente se escucha en Madrid, no estuvieron mal, pero tampoco algo excepcional. “Put Your Hands on Me” (2007) enlazó con “Son of a Preacher Man” y “Piece of My Heart” —no olvidemos aquella actuación de esta canción que hizo en los Grammys de 2005 junto a Melissa Etheridge—. En los dos casos son canciones con una larga historia de trasvase entre cantantes negras y blancas. La primera pasó de Dusty Springfield a Aretha Franklin. La segunda de manos de Erma Franklin a Janis Joplin. De todas ellas algo se palpa en Joss Stone.

Salieron de escena y retornaron a los pocos minutos con “Some Kind of Wonderful” (2003) de Soul Brothers Six (1967). Quedaba por celebrarse otro de los ritos de Stone, como la taza, no puede faltar el momento de dar las gracias al público lanzando girasoles. Va lanzar muchas flores todavía en el verano porque le quedan por delante más de una docena de fechas por toda Europa —acompañada por su equipo y por parte de su familia, incluyendo varios bebés—.

¿Qué no ha cambiado en década y media sin verla en directo? Pues, como decía antes, el buen estado y buen uso de su voz. Tampoco ha cambiado mucho el repertorio, sigue teniendo ese punto de banda tributo a la música soul clásica. ¿Qué ha cambiado? Pues esencialmente la escena madrileña. Hace unos años por aquí no pasaban tantas grandes figuras del soul y el R&B como están desfilando en los últimos tiempos. Joss Stone explota poco su propio repertorio. Eché en falta “Right to Be Wrong”, “Spoiled” o “Free Me”. Pero viendo a unos cuantos “bailongos” que se movían al modo de una rave hasta en las baladas, entiendo que decida meter tanta paja de medleys en algunos de sus conciertos. Quiero aquí a la Joss Stone que hace unos meses en su gira por California se sentaba durante un rato en una butaca a cantar con unos coristas de diez y compartía sus canciones más personales. Para otra ocasión me comprometo a abrir el debate sobre el hecho de que sea una inglesa blanca un icono del soul, del neo-soul, del blue-eyed soul o de cualquier otra etiqueta que le queramos poner.

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